Los sótanos oscuros de internet
La muerte de un hombre por sobredosis en un reto ‘online’ es un recordatorio a plataformas e instituciones de que persiste una permisividad inaceptable con el contenido extremo
Entre las últimas horas de 2025 y las primeras de 2026, Sergio Jiménez Ramos se sentó ante una cámara en un piso de Vilanova i la Geltrú (Barcelona) y consumió una gran cantidad de cocaína en poco tiempo. Ese era uno de los retos a los que, a cambio de transferencias de dinero, le sometían sus espectadores conectados en una videollamada privada. Murió de sobredosis. Tenía 37 años. Los Mossos D’Esquadra están investigando el caso.
Este es el primer caso de espectáculo sádico online con resultado de muerte conocido en España. En agosto, el francés Raphaël Graven, un exmilitar de 46 años, falleció durante un vídeo en directo de 289 horas de duración durante el cual fue brutalmente apaleado en varias ocasiones por otros dos participantes, mientras decenas de miles de espectadores jaleaban y financiaban todo el proceso en varias plataformas.
Jiménez había ganado una moderada repercusión en las redes sociales tras aparecer en octubre en el canal de Simón Pérez, un expromotor inmobiliario, también de Vilanova i la Geltrú, que tras hacerse viral un vídeo en el que recomendaba productos hipotecarios bajo efecto de las drogas, decidió reorientar su carrera a someterse a retos autodestructivos ante el público online. Pérez ha sido expulsado de varias plataformas por ello; la última de ellas, TikTok, pero solo tras la muerte de Jiménez.
La existencia de un mercado oscuro que abastece a gente deseosa de presenciar dolor y sufrimiento y dispuesta a pagar por ello es un secreto a voces anterior a internet. Pero el cambio en los hábitos de consumo en internet, alimentado por los algoritmos, está llevando a estas prácticas a salir de las sombras y a instalarse en plataformas de uso general, que, en su ansia por ganar usuarios, están siendo laxas a propósito en la moderación de sus contenidos.
Es siempre difícil y peligroso establecer donde está la línea entre lo aceptable y lo que no en los contenidos que se hacen llegar al público, especialmente cuando estos están generados por particulares. Pero es evidente que ninguna plataforma que desee operar abiertamente puede tolerar la promoción de comportamientos como el de Jiménez, contenido sexual no deseado u otras formas de explotación destructiva, propia o ajena.
A la espera de la investigación sobre este caso, las fuerzas de seguridad y la justicia necesitan todos los instrumentos materiales y legales posibles para vigilar que no ocurran más casos como este. No se puede normalizar que internet es una especie de espacio virtual donde todo es posible y nada es real. La sociedad no puede tolerar que suceda a través de una pantalla lo que no toleraría en la calle.