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Contra el cupo catalán

Este cambio a un sistema que no existe en ningún otro lugar del mundo facilita el fraude y atenta contra la equidad

El presidente de la Generalitat de Cataluña, Salvador Illa, durante la sesión de control, el miércoles en el pleno del Parlament.Enric Fontcuberta (EFE)

Se anuncia que el nuevo modelo de financiación de Cataluña será “singular, federal y generalizable”. Los adjetivos son incompatibles entre sí y falsos por separado: no es singular, puesto que copia el cupo vasco; no es federal sino confederal; no es generalizable porque las comunidades con menos recursos no se lo...

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Se anuncia que el nuevo modelo de financiación de Cataluña será “singular, federal y generalizable”. Los adjetivos son incompatibles entre sí y falsos por separado: no es singular, puesto que copia el cupo vasco; no es federal sino confederal; no es generalizable porque las comunidades con menos recursos no se lo pueden permitir y si lo adoptan las comunidades ricas quiebra el Estado. La mutación obedece a un acuerdo para formar gobierno en una comunidad autónoma, se presenta para sostener un ejecutivo necrosado por escándalos de corrupción y afecta a todo el país.

Francisco de la Torre y Jesús Fernández Villaverde explican en La factura del cupo catalán el complicadísimo y mejorable sistema de la financiación autonómica, la injusticia del cupo vasco y las consecuencias nefastas que supondría extender ese privilegio. Desgranan las falacias que se utilizan para defender el cupo catalán, versiones de las trampas retóricas y contables del nacionalismo: camuflar como déficit fiscal lo que obedece a diferencias de renta y presentar como una anomalía la redistribución entre territorios del Estado (es decir: la existencia del Estado), proclamar que el problema de Cataluña es de ingresos cuando es de gasto, o afirmar que está infrafinanciada cuando los datos no sostienen esa idea. Otros argumentos como que todos saldremos ganando y que servirá para aumentar la solidaridad tienen un interés puramente humorístico. El cambio dejaría al Estado sin más de 35.000 millones de euros y con la obligación de pagar con los ingresos de los demás el déficit de pensiones en Cataluña, superior a 5.000 millones de euros al año, ha escrito el investigador asociado a Fedea Miguel Ángel García. Según él, nos enfrentamos “a un cambio radical del modelo de Estado descentralizado para pasar a uno confederal asimétrico donde tres de los cuatro territorios más ricos se quedan con su dinero (superior al promedio), se les paga el déficit en pensiones (cada vez más alto) y el resto de los territorios se tendrá que buscar la vida para subsistir con servicios públicos de peor calidad”. Es un atentado a la equidad.

Este cambio a un sistema que no existe en ningún otro lugar del mundo facilita el fraude (como advierten los inspectores de Hacienda) y carece de legitimidad democrática. Los diputados y senadores del PSOE y otros partidos representan a ciudadanos que serían perjudicados por esta transformación. Tendrán que explicar a sus representados que prefieren que tengan menos médicos y peores colegios. Y, como ha recordado Josu de Miguel, también pueden votar contra este acuerdo.

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