Irán detiene a políticos reformistas por sus críticas a la represión de las protestas
La República Islámica intensifica el control sobre las corrientes más moderadas del régimen por temor a un colapso como el de Venezuela
El régimen iraní está estrechando aún más el cerco sobre sus propios círculos de confianza tras la detención de varias figuras destacadas del reformismo, en lo que se interpreta como un intento de evitar una deriva política similar a la vivida en Venezuela; es decir, que una parte del sistema político termine colaborando con Estados Unidos en su intento de derrocar a la República Islámica. Esta semana, entre el lunes y el martes, han sido detenidos varios referentes de esta corriente política, casi un mes y medio después del inicio de ...
El régimen iraní está estrechando aún más el cerco sobre sus propios círculos de confianza tras la detención de varias figuras destacadas del reformismo, en lo que se interpreta como un intento de evitar una deriva política similar a la vivida en Venezuela; es decir, que una parte del sistema político termine colaborando con Estados Unidos en su intento de derrocar a la República Islámica. Esta semana, entre el lunes y el martes, han sido detenidos varios referentes de esta corriente política, casi un mes y medio después del inicio de protestas masivas en todo el país, marcadas por la masacre de decenas de miles de manifestantes y una amplia oleada de arrestos.
Estas detenciones de reformistas apuntan a que la represión ya no se limita a la disidencia abierta o a la protesta callejera, sino que alcanza también a sectores históricamente integrados en el sistema, lo que refuerza la percepción de un endurecimiento interno del régimen frente a cualquier cuestionamiento político.
El lunes, las fuerzas de seguridad arrestaron a Azar Mansourí, presidenta del Frente Reformista; a Ebrahim Asgharzadeh, jefe de su comité político; y a Mohsen Aminzadeh, exviceministro de Asuntos Exteriores durante la presidencia de Mohammad Jatamí y también miembro del Frente Reformista. De forma paralela, se difundieron informaciones sobre citaciones judiciales y registros domiciliarios a otros activistas reformistas.
Ese mismo día fue detenido Ali Shakouri-Rad, político reformista y ex secretario general del partido Ettehad-e Mellat. El martes, Mohammad Hossein Karroubi, hijo de Mehdi Karroubi, uno de los líderes del Movimiento Verde, fue igualmente arrestado.
Las detenciones se produjeron tras la difusión de un audio atribuido a Shakouri-Rad, en el que asegura que el estallido de las protestas habría sido organizado por las propias fuerzas de seguridad, aunque “se les fue de las manos”. El político hace esas declaraciones ante miembros del equipo electoral del presidente Masud Pezeshkian, al que el campo reformista apoyó antes de su elección, pero cuyos poderes reales son limitados.
Estas detenciones se produjeron tras la difusión de un audio atribuido a Shakouri-Rad en el que supuestamente asegura, ante miembros del equipo electoral del presidente, Masud Pezeshkian, que el estallido de las protestas había sido organizado por las propias fuerzas de seguridad y que “se les fue de las manos”. Pezeshkian es considerado un moderado dentro del régimen, pero sus atribuciones son limitadas: en última instancia, son el líder supremo, Alí Jameneí, y el aparato de seguridad quienes realmente controlan el poder.
En la grabación afirma: “Reza Pahlaví [el hijo del derrocado shah] apareció de repente y lanzó un llamamiento. No creo que nadie —ni el propio Reza Pahlaví, ni los reformistas, ni los conservadores, ni los aparatos de seguridad— imaginara que tanta gente respondería a su convocatoria".
Shakouri-Rad fue más allá y apuntó directamente a los organismos de seguridad de la República Islámica: “Uno de los métodos para reprimir los disturbios es fabricar muertos entre las propias filas. Esa producción de víctimas es su proyecto para justificar la represión. Tiene que morir un miembro de la milicia Basij, un agente de la policía, incendiarse una mezquita o quemarse un Corán para poder aplastar las protestas. Por eso no creo en absoluto que el Mossad u otros enemigos externos hayan hecho estas cosas“.
Sin embargo, la afirmación que parece haber provocado mayor indignación en la cúpula del poder es otra en la que sostiene que la elección de Pezeshkian fue un plan del propio ayatolá Alí Jameneí y sugiere que “Jameneí debería delegar sus poderes en Pezeshkian para resolver los problemas actuales del país”.
Aunque Mohammad Jatamí y otros dirigentes reformistas han calificado las protestas como una conspiración extranjera, y los comunicados de esa corriente política han evitado señalar a los responsables de las muertes de ciudadanos, el jefe del Poder Judicial, Gholamhossein Mohseni Ejeí, los atacó duramente: “Quienes en su día acompañaron a la revolución y hoy emiten comunicados son personas miserables y desgraciadas… Nuestro camino es el del Líder Supremo; si nos separamos de él, nos convertimos en traidores“. La Fiscalía de Teherán ha presentado cargos contra los detenidos por “organizar actividades estructuradas para alterar la situación política y social del país”.
Esta ola de arrestos ha ido acompañada de un silencio elocuente de amplios sectores de la opinión pública iraní, reflejo de una profunda desesperanza respecto a la sinceridad y eficacia del reformismo. En las elecciones presidenciales de 2024, que llevaron a Pezeshkian al poder, los reformistas lo respaldaron de forma mayoritaria y defendieron sus supuestos programas de “apertura”. En ese contexto, Asgharzadeh había afirmado: “Si se dispara una sola bala más contra el ojo de un joven iraní, Pezeshkian dimitirá”. No solo no ha dimitido, sino que, como presidente del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, ha formado parte del aparato represivo y calificado las protestas de “conspiración de Estados Unidos e Israel”.
Declive
El reformismo atraviesa una fase de declive debido lo que muchos iraníes consideran cálculos oportunistas y desconexión con la voluntad popular. El propio sistema intenta ahora expulsarlo de la escena política acusándolo de “sedición” o “golpe de Estado”, mientras preserva un núcleo reducido de leales que han mostrado estar subordinados al liderazgo supremo.
Con la marginación de los reformistas, se considera que la etapa clásica de la República Islámica ha llegado a su fin y que comienza una fase de “gobierno islámico-securitario”. Bajo la doble presión de la amenaza de guerra y de levantamientos internos, el régimen ha eliminado sus tradicionales válvulas de escape y teme que Estados Unidos, como ocurrió en Venezuela, pueda recurrir en el futuro a reformistas familiarizados con la estructura administrativa del país.
Hasta ahora, los reformistas habían promovido la participación electoral y defendido la preservación del sistema en momentos críticos. Hoy, debido a su potencial capacidad de interlocución con Occidente, se han convertido a ojos de los sectores más radicales cercanos a Jameneí en actores problemáticos que deben ser controlados. En este contexto, son relevantes las declaraciones de Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, quien en enero afirmó ante el Senado: “Nadie sabe qué ocurrirá si el líder de la República Islámica y todo el régimen caen, salvo la esperanza de que quizá dentro de esta misma estructura exista la posibilidad de algún tipo de transición”.
En la misma línea se sitúan las recientes declaraciones de Taghi Rahmani, esposo de Narges Mohammadi —Premio Nobel de la Paz de 2023—, quien ha defendido que Mohammad Javad Zarif y el expresidente Hassan Rohaní lideren un período de transición. Ambas posiciones apuestan por una transición controlada desde el interior del sistema, una premisa que choca con las aspiraciones de amplios sectores de la sociedad iraní, que defienden la tesis de la irreformabilidad de la República Islámica.
Las detenciones se producen cuando el reformismo ha perdido gran parte de su base social. Tras los levantamientos de los últimos años, especialmente después de la muerte de Mahsa Amini y el movimiento Mujer, Vida, Libertad, amplios sectores de la población se han distanciado de esta corriente, convencidos de que los reformistas los traicionaron. Hoy ocupan el espacio opositor más cercano al régimen, lo que explica la profunda desconfianza que generan entre los iraníes que aspiran a un cambio de sistema político.
En estas circunstancias, diversos analistas advierten de que ni siquiera un acuerdo con Estados Unidos sobre el programa nuclear y los misiles balísticos bastaría para devolver estabilidad al sistema. La República Islámica, atrapada entre protestas persistentes y la purga de fuerzas antes leales, ha dado muestras de haberse enrocado hasta perder casi por completo su capacidad de respuesta tanto a las demandas internas como a la necesidad de desescalar su confrontación exterior.