Isaac, ponte los pantalones
En la guerra de Irán, cada líder representa una de las tres grandes religiones monoteístas, y a ninguno de ellos le importan los muertos
Un cuento de Woody Allen recrea un célebre pasaje de la Biblia, cuando Dios se le aparece a Abraham y le ordena matar a su hijo Isaac. Así que Abraham se levanta y le dice: “Isaac, ponte los pantalones”. Cuando le explica que tiene que matarlo porque se lo ha dicho Dios, el chaval no se cree que su padre le haga caso, así como así, sin decir nada. ...
Un cuento de Woody Allen recrea un célebre pasaje de la Biblia, cuando Dios se le aparece a Abraham y le ordena matar a su hijo Isaac. Así que Abraham se levanta y le dice: “Isaac, ponte los pantalones”. Cuando le explica que tiene que matarlo porque se lo ha dicho Dios, el chaval no se cree que su padre le haga caso, así como así, sin decir nada. Su mujer también le echa la bronca por creerse lo primero que le cuenta uno que pasa por ahí a las dos de la madrugada. Pero cuando Abraham se dispone a sacrificar a su hijo, el Señor interviene para pararlo, le dice que era una broma y le asombra que se lo haya creído. “Nunca sé cuándo hablas en serio”, lamenta el patriarca.
En esta alocada guerra de Irán tenemos a tres tarados visionarios, tres, uno por cada gran religión monoteísta, henchidos todos de retórica religiosa, pero lo único serio son los muertos, que a ellos les traen sin cuidado. Nadie en su sano juicio se cree lo que dicen sobre por qué hacen lo que hacen, si es que ellos mismos lo saben. Una vez que se desata el horror ya sucede de todo, a veces cosas muy raras. Por ejemplo, ante la inminente amenaza nuclear iraní, comandos israelíes aprovecharon el otro día el lío para asaltar de madrugada un cementerio de un pequeño pueblo de Líbano, Nabi Chit, disfrazados de soldados libaneses y con ambulancias de mentira, algo prohibido por las convenciones internacionales. Buscaban el cadáver de un piloto israelí desaparecido en 1986 que creían que estaba allí. Algunos vecinos se despertaron, los israelíes se liaron a tiros y mataron a 41. No sé si se capta bien la paradoja: mataron a 41 personas vivas hoy para rescatar un muerto de hace 40 años. Y encima no lo encontraron, resulta que allí no estaba.
Otra cosa curiosa es que Irán empieza a bombardear los países del Golfo y a los pocos días destruye tres naves industriales que no son militares (dos en Emiratos Árabes y una en Baréin). ¿Y de quién eran? De Amazon. Grandes centrales de datos de inteligencia artificial, el negocio del futuro en el que están invirtiendo miles de millones estos alegres y desenfadados países. En OpenAI, Nvidia, Oracle, Microsoft. Es una montaña de dinero que también llega a los bolsillos de la familia Trump: los fondos soberanos de las monarquías del Golfo han metido cientos de millones en Affinity Partners, el fondo de su yerno, Jared Kushner; Emiratos también ha invertido 500 millones en la plataforma de criptomonedas de Trump y su enviado especial para Oriente Próximo, Steve Witkoff (la llevan los hijos de ambos). Qatar hasta le regaló al líder de la Casa Blanca un Boeing 747 de 400 millones de dólares. Así que ahora estos jeques y emires no deben de entender muy bien qué demonios está haciendo Trump, si le están untando de dinero y él hace que los bombardeen. Quizá se le debió de aparecer en sueños Netanyahu y le dijo que atacar Irán era buena idea (además, los hijos de Trump también tienen una empresa de drones, Powerus).
La historia de Abraham e Isaac también aparece en la primera estrofa de Highway 61 Revisited, de Bob Dylan, grabada en 1965 (la 61 es una de las autopistas que cortan EE UU en dos, de norte a sur): “Dios le dijo a Abraham: ‘Mátame un hijo’. / Abe le responde: ‘Tío, me estás tomando el pelo”. Pero luego le pregunta dónde quiere que lo haga y le dice que en la autopista 61. La canción termina así: “El jugador errante estaba muy aburrido. / Intentaba empezar la próxima guerra mundial. / Encontró a un promotor que casi se cae al suelo. / Dijo: nunca me había visto envuelto en algo así. / Pero sí, creo que se puede hacer. / Simplemente pondremos unas gradas al sol / y lo haremos en la autopista 61”.