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Tribulete 7 rima con artículo 47

La crisis de la vivienda atraviesa y hiere vidas y deja huella en las creaciones culturales

El edificio de la calle de Tribulete 7, en enero de 2025.INMA FLORES

Una vez mandé una foto de Tribulete 7 a alguien que había vivido en Topete 7. Hasta que ocurrió esto no me había dado cuenta de que tenía estas calles mezcladas y son dos, la primera de Lavapiés y la segunda de Tetuán. Está claro que Topete está descolocada, “¿por qué no está junto a Tribulete y Sombrerete?”, pensé fruto de la confusión. El motivo por el cual vivía en ese error era porque había oído muchas aventuritas de Topete 7, de esas que ocurren cuando uno llega a Madrid a estudiar y comparte con tres personas un bajo de dos habitaciones: una con ventana a un pequeñísimo patio interior; la otra, con ventana al salón-comedor-habitación del último en llegar (y no hace falta formar parte de la tripulación de la Artemis 2 para saber que por ahí entran más rayos catódicos que solares). El cuarto de baño y la cocina tampoco podían permitirse el lujo de tener ventana. ¡Ojo!, el salon-comedor-habitación también tenía ventana... al pequeñísimo patio interior. Con esa información, una tarde que pasaba por Tribulete, me fijé en las pancartas y carteles que colgaban de los balcones y ventanas del edificio del número 7. Lo fotografié y se lo envié por WhatsApp al amigo que había vivido en Topete con un mensaje que diría algo así como “pasando por tu antigua casa”. Asocié una casa con dos únicas ventanas a un edificio cuya fachada gritaba sus dificultades para sobrevivir, ya que lo estaban asfixiando y los buitres lo sobrevolaban esperando a que agonizara. No lo veo tan extraño. Los problemas de la vivienda habitan en Tribulete, Sombrerete, Topete, Alpedrete, Brunete, Albacete... De la ciudad manchega no puedo decir nada, pero apostaría a que los dos municipios madrileños sufren los estragos de que la capital sea cada día más inhabitable ―y ahora solo me refiero a los precios de la vivienda―, se huya de ella si no te expulsa antes y tensione los precios de las viviendas de unos alrededores cada vez más extensos, a este paso, llegan a Albacete y más allá.

“El casado casa quiere”, dice un refrán obsoleto. Todo el mundo quiere casa, pero no es una querencia, es un derecho. Últimamente, pocos artículos más repetidos que el 47 de la Constitución: “(...) Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”. Últimamente, pocos artículos más ignorados por los poderes públicos.

La última vez que oí ese dicho anticuado me chocó mucho. Lo pronunció en Soy Tribulete 7 José Santamaría que lleva “toda la vida” ―desde 1981― casado con Blanca Andreu y que llevaba “toda la vida” viviendo en Tribulete 7 y que ahora se ven buscando “un lugar para morir”, dice el matrimonio con realismo y sin ápice drama. El problema de la vivienda ―la falta de ella, los precios por las nubes...― atraviesa a todas las generaciones cual lanza que hiere. Como hirió a José, a Blanca y a su vecinos: Nani, Cris, María Jesús, DJ Jessie, Antonia... protagonistas de Soy Tribulete 7, un documental dirigido por Leah Pattem y Elisa González. Una “novela coral” en palabras de María Jesús González, la “tendera” de la comunidad, como se autodenomina esta vecina, que regentaba la zapatería del bajo. La zapatería y la plaza pública, o sea, el lugar de encuentro.

Pattem y González acompañaron desde marzo de 2024 hasta abril de 2025 a esta comunidad de vecinos y han plasmado en su documental una historia única y a la vez tan común que puede inspirar a muchos. Lo que gritaban las pancartas que colgaban de la fachada el día que la fotografié era que el edificio había sido comprado por Elix Rental Housing, un fondo buitre que utiliza sus garras para destrozar los nidos que cada vecino ha construido. Pero dieron con una comunidad resistente, unida, una aldea gala plantándole cara al imperio. Y ahora, el imperio está a la espera de lo que diga una jueza: por primera vez en España, un tribunal admitió una denuncia por acoso inmobiliario. “Aún quedan torres por caer”, dice la canción Madrid nos pertenece de Biznaga.

Antes, Soy Tribulete 7 refleja cómo han temblado los cimientos y las vidas de este inmueble, que ya tiene 107 años (otro siete). Hay una película española de animación que muestra gráficamente las grietas que se abren cuando el techo peligra; bueno, hay más de una, pero me refiero a Olivia y el terremoto invisible, un filme dirigido por Irene Iborra que aborda el problema de la vivienda desde el punto de vista de una niña a la que todo se le quiebra alrededor.

Atraviesa, hiere, a todas las edades: Olivia, Jose... asfixiados por lo que debería ser su refugio, su hogar. Chavales que crecen en pisos con espacio y que por circunstancias que se les escapan acaban empeorando sus condiciones de vida porque sus padres se tienen que mudar lejos de sus amigos, a casas pequeñas, y aunque adoren a sus hermanos no esperaban compartir cuarto con ellos durante toda la adolescencia. Y, tal y cómo están las cosas, vete a saber hasta cuándo. Y sí, habrá quien diga que esto ha pasado toda la vida, pero consiste en ir a mejor, no en conformarse.

Soy Tribulete 7 documenta, deja constancia y es reflejo de una época; sus habitantes protagonistas podrían ser cualquiera. La crisis de la vivienda no solo hiere y atraviesa vidas, la vida, el mundo, el cine, los libros... El otro día contemplaba algunos de los Poemas económicos de Oriol Vilanova, representante de España en la Bienal de de Venecia, que empieza el 9 de mayo; automáticamente me atravesó un pensamiento: “Podían ser los pisos también económicos”. En mayo, La imprenta publicará Poemas habitables, una antología poética coordinada por Edurne Batanero. El título lo dice: poesía atravesada por la necesidad de vivienda. Como la de Idealista, de la editorial Barrett, el primer libro del catálogo a ciegas de este sello, que para celebrar su primera década durante 2026 va a publicar ocho libros anónimos, estimulante experimento donde lo que priman son las historias. Esta crisis genera ideas y publicaciones ―en los últimos meses también, Antes todo esto era ciudad, de Pedro Bravo, y Generación inquilina, de Javier Gil― y formatos y exposiciones y..., y ... atravesadas, heridas, por la pandemia de esta época, para la que no parece que nadie se ponga en serio a buscar una vacuna.

Artículo 47 y Soy Tribulete 7, riman. A ver si se crea de una vez una coda para impedir la especulación.

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