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La renuncia de tres diputados y de dos altos cargos abre una crisis a Ayuso

La presidenta lleva a cabo un proceso de remodelación de la consejería de Educación tras el fracaso de su diálogo con los rectores de las universidades públicas. Afecta a dos directores generales

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, junto al exconsejero de Educación, Ciencia y Universidades, Emilio Viciana Duro, en un centro de FO el pasado septiembre.Alejandro Martínez Vélez (Europa Press)

La remodelación en la educación madrileña está siendo profunda y de calibre grueso. El portavoz del PP encargado de esa cartera en la Asamblea de Madrid, el diputado Pablo Posse, ha anunciado su dimisión este martes. También abandonan el puesto de diputadas, tras el cese este lunes del consejero Emilio Viciana, Mónica Lavin y Carlota Pasaron, portavoz de Juventud, supuestamente por decisión propia. Además abandonan sus puestos en la Consejería de Educación, los directores generales de Universidades, Nicolás Casas y la de Secundaria, María Luz Rodríguez Lera, y el director general de Universidades. Tres fuentes aseguran a EL PAÍS que han sido cesados ambos cargos por la nueva consejera Mercedes Zarzalejos.

Todos, salvo Pasarón, un círculo al que en el Gobierno llamaban, con cierta sorna, ‘los pocholos’, por su estética pija y por formar parte de un grupo de teatro que dirigía un gurú que asesora a Ayuso, Antonio Castillo Algarra, una primicia que publicó este periódico y generó un gran revuelo en el mundo universitario. Hay otra política del clan de los pocholos, Laura Castilla, directora general de Juventud de la que no hay noticias.

La presidenta de Madrid había mostrado su disgusto en privado con el trabajo del consejero, al que criticaba por no lograr llegar a acuerdos con los rectores de las universidades públicas. No ha habido manera de sacar adelante con ellos una ley con el nuevo modelo de financiación, un asunto que la presidenta consideraba prioritario. Los rectores no tenían ninguna sintonía con Viciana, el consejero, y esa desconfianza se extendía a parte de su equipo. Una vez fuera de la ecuación Viciana, Posse ha asegurado en corrillos en la Asamblea que se marcha por “coherencia”.

A esta hora, el equipo de Ayuso no tiene constancia de la decisión del diputado. “No sabemos que se haya producido. Habíamos escuchado rumores, pero no más que eso”, dicen en Sol. “Deberá comunicárselo al grupo y presentar su renuncia”, explican. En cualquier caso, la salida de Posse se produce de forma intempestiva.

Posse se ha despedido de manera muy sentida, de hecho se le ha cortado la voz en el momento de anunciarlo. “Nos ha dado las gracias por el trabajo, la actitud que hemos tenido, que ha aprendido mucho, que ha sido un tiempo muy enriquecedor”, cuenta un diputado opositor que ha escuchado las palabras de su colega.

En esa intervención, Posse ha leído una carta de despedida de Nicolás Casas, el encargado de las universidades. Con él ocurre en Sol lo mismo que con el propio Posse: todavía no han recibido ninguna información respecto a su marcha. Fracasado este proyecto a ojos de Ayuso, los ceses y las dimisiones van a caer en cascada.

Al consejero lo reemplaza Mercedes Zarzalejo, del ala dura del PP y la persona que recibió el encargo de Ayuso de investigar a fondo a la esposa de Pedro Sánchez, Begoña Gómez, por el supuesto trato de favor recibido en su relación laboral con la Universidad Complutense (UCM). Zarzalejo ahora tiene una nueva misión, la de dar un giro de timón y liderar un cambio profundo. En Sol creen que la consejera trabajará con un nuevo equipo, de lo que se deduce que muchos de los que rodeaban a Viciana no tienen cabida. Antes de que los echen, algunos ya se lanzan por la borda. Estos cambios se podrán conocer de manera oficial este miércoles, día de Consejo de Gobierno.

El rasputín de Ayuso

Se acaba así el tiempo de los ‘pocholos’, una generación joven que Ayuso cree que no ha estado a la altura de las circunstancias. Rodeaban -rodean- a Antonio Castillo Algarra, un hombre polifacético, misterioso, que se presenta como dramaturgo, actor, traductor, profesor de oposiciones. Y, por si fuera poco, persona en la sombra con una gran capacidad de influencia sobre la presidenta en temas educativos. Sin estar en plantilla, contó EL PAÍS, ha llenado de sesgo ideológico la polémica ley de educación, además de poner y quitar cargos a su antojo. “Es el Rasputín de Ayuso. A la altura de Miguel Ángel Rodríguez”, coincidieron en su día cinco fuentes.

La oposición ve en esta crisis de Gobierno el intento de implementar un proyecto educativo fracasado. “No consigue doblegar a los rectores con su sectaria Ley de Universidades y ahora se suceden los ceses y dimisiones en su gobierno. El PP de Ayuso se desmorona”, ha escrito en redes sociales el ministro y también secretario general del PSOE en Madrid, Óscar López.

El 5 de febrero el grupo Más Madrid presentó una proposición no de ley para parar la ley de educación superior (LESUC), que preparaba Viciana. Y el ponente, Juan Varela-Portas, echó en cara al Gobierno regional de haber dejado la norma en manos de un fanático, Castillo Algarra y un grupo de inexpertos (los pocholos), en vez de técnicos de solvencia acreditada.

El principal escollo ahora mismo es la financiación. Los rectores de las seis universidades públicas madrileñas se quejan que los campus se encuentran en mal estado y hay problemas incluso para pagar las nóminas de los trabajadores. Especialmente difícil es la situación en la Complutense (UCM) y la Rey Juan Carlos (URJC). Ayuso, a finales del año pasado, incrementó en más de un 6% el presupuesto, pero a los rectores les parece insuficiente y creen que no sirve para solucionar los problemas de fondo. La solución, quizá, se encuentra en la ley. Viciana quería aprobarla a comienzos de este año, pero todo intento ha sido un fracaso. Al final, le ha costado la cabeza.

Los máximos responsables de los campus ya anunciaron que no respaldaban el último borrador de la ley de educación superior (Lesuc), fechado en noviembre. Ellos no tienen poder de voto, son minoría en el Consejo de Universidades de Madrid, pero su peso moral es demasiado grande como para que Ayuso apruebe la norma sin su respaldo. Y más después de que la comunidad universitaria mostrara su poder de movilización con una multitudinaria manifestación. Ahora, Ayuso cree que toca barajar de nuevo las cartas y empezar la partida de cero. Necesita otro perfil, gente con más peso político y experiencia, para negociar con gente tan dura como los rectores.

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