La mejor manera de “joder a Sánchez” es Vox
El PP profundiza en el desgaste del PSOE a costa de encumbrar a la extrema derecha
Váyanse acostumbrando: la última novedad de la política española es regalarnos unas elecciones autonómicas por mes. Menos mal que los partidos se dicen muy preocupados por la desafección ciudadana con la política. Las dos primeras citas, antes Extremadura y ...
Váyanse acostumbrando: la última novedad de la política española es regalarnos unas elecciones autonómicas por mes. Menos mal que los partidos se dicen muy preocupados por la desafección ciudadana con la política. Las dos primeras citas, antes Extremadura y ahora en Aragón, han pintado una fotografía similar: sangría continua de la izquierda —que marca su mínimo histórico, por debajo del 38% entre el conjunto de sus fuerzas— y mayoría abrumadora de la derecha, cada vez más escorada a posiciones radicales.
Nadie puede discutir que poco a poco el PP va acercándose a La Moncloa. Como tampoco resulta muy discutible que ese eventual retorno al poder tendría que pasar por el peaje ineludible de unos ultras disparados tanto en apoyo electoral como en la brutalidad de su discurso. Por mucho que la megafonía de Génova y sus vecindades lance salvas por el nuevo batacazo del sanchismo, la operación política de forzar elecciones anticipadas en Extremadura y en Aragón se ha saldado con algo muy parecido al tiro que retorna por la culata.
Los gobiernos populares en Mérida y en Zaragoza disolvieron sus parlamentos para ganar fuerza frente a Vox después de que les bloquease los Presupuestos. El paso por las urnas ha permitido a la extrema derecha duplicar su capacidad de influencia. Los presidentes María Guardiola y Jorge Azcón vuelven a depender de los ultras ya no solo para aprobar las cuentas, sino para formar gobierno. Si en Extremadura el PP se había quedado casi como estaba, en Aragón hasta ha retrocedido. Como para colgarse una medalla.
El cierre de la campaña aragonesa del PP dejó el viernes último un mensaje llamativo. Entre ataques a Vox de los líderes nacional y regional del partido, actuaron como amenizadores del acto dos iconos de la ultraderecha: un agitador de las redes y un dúo de casposas sátiras musicales. Azcón, al que se presumía un verbo comedido, se animó a emular las zafiedades retóricas de los de Abascal: “Si quieres joder a Sánchez, vota al PP”. Fue como si los populares dijesen a los ciudadanos: no hace falta que votes a Vox, porque Vox ya somos nosotros.
Ese “joder a Sánchez” resultaba una síntesis perfecta del discurso casi único de la derecha desde hace tiempo. El PP prácticamente no emite otra cosa. Sus propuestas programáticas ni están ni se las espera. Lo malo para los populares es que, si la cosa se reduce a “joder”, ahí va a ser muy difícil competir con las enormidades que pregonan Abascal y los suyos.
Mientras Feijóo atiza contra la emigración y se hace con los servicios de Vito Quiles, las encuestas y las elecciones reales constatan que el PP está estancado. El antisanchismo pata negra es patrimonio de Vox. Los populares se agarran a que el conjunto de la derecha suma cada vez más. Una manera de verlo, si no fuera porque Vox no solo compite en el campo de la derecha. Su combate se libra a la vez en otro territorio donde el PP no tiene nada que hacer: el de la antipolítica.
En 2007, decenas de miles de italianos ocuparon calles y plazas siguiendo el llamamiento del cómico Beppe Grillo para gritar su protesta en lo que llamaron el Vaffanculo Day (el día de a tomar por el culo). Sobre ese exabrupto elevado a programa político se edificó un movimiento que llegó a ser el más votado del país. Una fuerza similar empuja ahora a Vox. Da igual que sus escasas propuestas oscilen entre lo retrógrado y lo irrealizable, que sus dirigentes se embelesen ante los desmanes de Trump y las carnicerías de Netanyahu, que las purgas y las peleas internas se sucedan, que nadie conozca a sus dirigentes regionales… Nada parece interponerse en la escalada de Vox. Votar a Vox es, por encima de todo, la mejor manera de “joder a Sánchez” y de mandar a todos a tomar por ahí.
El PSOE, mientras, continúa su curioso empeño en invertir el célebre dicho de Groucho Marx y caminar de derrota en derrota hacia la victoria final. Frente a los sinsabores de la realidad, siempre queda la dulzura de los sueños. Muchos socialistas elucubran con que la creciente dependencia del PP respecto a Vox acabe por despertar a su electorado. Y en una formidable inversión de los acontecimientos, la sucesión de descalabros regionales alumbre una recuperación nacional. Ya lo decían los clásicos: soñar es gratis.