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LA INVESTIGACIÓN DE LA DANA

El jefe de bomberos en la dana revela ante la jueza que fue consciente del riesgo cuatro horas antes del envío de la alerta

Basset, que coordinó los efectivos que se retiraron del barranco del Poyo antes de su desbordamiento, ha declarado que a las 16.00 horas del día de la desgracia ya fue consciente de la crisis

El que fuera jefe del Consorcio Provincial de Bomberos de Valencia durante la dana de 2024, José Miguel Basset, el pasado viernes, antes de entrar en el juzgado de Catarroja (Valencia) Mònica Torres

Los gestores de la dana de Valencia conocieron con mucha antelación la dimensión de la tragedia, pese a la cadena de fallos, retrasos y falta de previsión que condujo a la desgracia que dejó 230 muertos el 29 de octubre de 2024. El que fuera jefe del Consorcio Provincial de Bomberos de Valencia durante la riada, José Miguel Basset, ha desvelado este lunes ante la jueza de Catarroja que indaga la gota fría, Nuria Ruiz Tobarra, que fue consciente del riesgo cuatro horas antes de que la Generalitat Valenciana enviara la alerta masiva a móviles. “A las 16.00 horas, ya sabíamos del peligro y las correntías del barranco de Chiva (17.245 habitantes), el parque de bomberos estaba inundado”, ha revelado este responsable, ya jubilado, según indican a EL PAÍS fuentes presentes en su comparecencia como testigo, una condición que le obliga a decir la verdad.

Pese a esta información, el Cecopi, el órgano que coordinó la crisis, no envío la alerta masiva a móviles hasta las 20.11 horas, cuando la mayoría de los desaparecidos ya habían muerto.

Basset ha declarado durante tres horas ante la magistrada por segunda vez. La instructora reservó dos jornadas a su comparecencia por la relevancia del testimonio. Durante su primera intervención, el pasado miércoles, relató que se enteró de la retirada de sus efectivos del barranco del Poyo, epicentro de la catástrofe, “unos días más tarde”. La declaración de Basset resulta clave, ya que los efectivos coordinados por este profesional se marcharon del Poyo el día de la inundación a las 15.00, una hora y media antes de que la infraestructura se desbordara, a la altura de poblaciones como Chiva o Cheste (9.022).

Aunque el testigo ha reconocido que a las 16.00 horas ya conocía el riesgo derivado de la emergencia, ha admitido que no fue consciente de la “magnitud del desastre del barranco del Poyo hasta las 22.00 horas”. En su primera intervención, Basset expuso que se enteró de la existencia del primer fallecido en Utiel en el Cecopi entre las 18.30 y las 19.00 horas de la jornada. El expresident Carlos Mazón aseguró en el Congreso, donde tenía que decir la verdad, que supo que había víctimas mortales el día siguiente de la tragedia.

El testigo ha explicado que, desde que fue reportado del eventual riesgo de la presa de Forata – una infraestructura en Yátova (Valencia) cuya rotura pudo causar 8.000 muertos, según informes de la Generalitat- “no tuvo ninguna información directa del barranco del Poyo”. “De las horas de rotura no sabíamos nada”, ha indicado. Y ha sostenido que Miguel Polo, presidente de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ), un organismo que depende del Ministerio para la Transición Ecológica, nunca habló de “colapso” o “rotura” de la presa de Forata, sino de coronación.

Basset se ha referido a la llegada de Carlos Mazón al Cecopi. El entonces jefe del Consell desembarcó en este dispositivo de crisis a las 20.28 horas, 17 minutos después del envío del Es Alert. “Después de hacerle un resumen, actuó como presidente de la Generalitat. Nadie planteó que había habido un relevo en la reunión entre Salomé Pradas, la exconsejera de Justicia y principal investigada en la causa; y el expresident”, ha señalado.

Sobre la piedra angular de la investigación, el envío del Es Alert, Basset ha explicado que el mensaje final que se remitió “podía haber sido diferente”, en alusión a que la misiva podía haber mencionado la obligación de que los ciudadanos subieran a las primeras plantas para resguardarse. Más de la mitad de los fallecidos el 29 de octubre de 2024 perdieron la vida en plantas bajas y garajes tras el desbordamiento del barranco del Poyo. “Se podía haber dicho lo de los pisos, pero no era mi competencia”, ha zanjado el testigo. En decenas de autos, la jueza ha sostenido la tesis de que si el mensaje se hubiera enviado antes y mejor (con las indicaciones correctas) el número de víctimas mortales se habría reducido.

A la salida del juzgado, tras responder a las acusaciones particulares y las defensas de los dos investigados, la exconsejera Pradas y quien fuera su número dos, el exdirector general de Emergencias, Basset ha reconocido que se encuentra superando “una carga emocional muy fuerte”. “Mis hombres estuvieron en situaciones muy complejas”.

A la pregunta de qué fallo durante la aciaga jornada, el exresponsable de los bomberos ha eludido reconocer la existencia de errores en la gestión de la crisis. “No soy yo quien tiene que juzgarlo”. Y ha zanjado que se enteró de la dimensión real de la riada tras sobrevolar la zona afectada al día siguiente de la tragedia.

La Fiscalía ha informado al juzgado de Catarroja sobre la incorporación de una nueva víctima al cómputo de la tragedia, que dejó 230 muertos y decenas de heridos el 29 de octubre de 2024.

El dilema de la presa de Buseo

Un ingeniero de la presa de Buseo, que depende de la Generalitat Valenciana, reconoció el día de la dana que no sabía cómo se encontraba esta infraestructura radicada en Sot de Chera (Valencia) a última hora de la noche. Así de desprende de la llamada que Alberto Canet, ingeniero de esta instalación que el día de la desgracia alcanzó el 125% de su capacidad, mantuvo a las 23.26 horas con un trabajador del departamento autonómico de Emergencias.

La conversación, a la que ha tenido acceso EL PAÍS, arranca con el reconocimiento de Canet de que no ha podido acceder a la presa. “La lluvia se ha acelerado. La presa debe estar vertiendo. Y no somos capaces de determinar si está vertiendo por coronación. No tenemos comunicación con los compañeros de allí. Si vierte por coronación, la presa tiene una pequeña debilidad en el estribo izquierdo. Este estribo está reconstruido después de la crecida de 1957″, explica.

El ingeniero, prosigue: “A nivel de coronación, puede aliviar 250 metros cúbicos por segundo por parte de derecha, tiene un aliviadero. No sabemos en qué condición puede estar [la presa de Buseo]”. La infraestructura alcanzó esa noche los 8,8 hectómetros cúbicos, cuando su máximo es de 7,05.

Canet detalla después los esfuerzos para acceder a la instalación. “Tengo un compañero que está intentando llegar [a Buseo] desde Teruel. No sé si me puedes decir alguna ruta”, pregunta.

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