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Opinión

Pérez Llorca: un sofista en el Palau

Cuando se postulaba para presidente de la Generalitat, negando el cambio climático, científicos de prestigio advertían de la influencia de la agricultura y el turismo en la desertificación de la Comunidad Valenciana

Tras un discurso en el que asumió prácticamente todas las exigencias de Vox, con el fin de obtener sus votos para la investidura, Juan Francisco Pérez Llorca pretendió convencernos de que sus propuestas no son “ni de derechas ni de izquierdas”, que no van “de ideologías”, sino de “sentido común”. Del nuevo presidente de la Generalitat habíamos leído que es un hombre conciliador, de buen talante, muy hábil en la negociación y una de esas personas que sabe estar en el lugar preciso en el momento adecuado. Son cualidades que adornan al buen político. Ahora, acabamos de comprobar que es también un sofista. Pero ¿qué político no es algo sofista?

Cuando alguien afirma que sus propuestas, propuestas políticas todas ellas, no son de derechas ni de izquierdas, nos preguntamos de inmediato en qué lugar morará ese ser puro. Pero no hay ser puro en esta ocasión: Pérez Llorca lleva el tiempo suficiente en la alcaldía de Finestrat como para que la cuestión se responda sola. ¿Entonces? Afirmar que unas proposiciones políticas carecen de ideología — y, en su discurso, el nuevo presidente de la Generalitat hizo varias proposiciones de calado— es querer embaucar y confundir a los ciudadanos. Como lo es afirmar que son de sentido común. ¿Qué quiere decir Pérez Llorca al sostener que sus proposiciones son de sentido común? ¿Acaso no hay ideología en el sentido común?

El jueves pasado, a la misma hora en que Pérez Llorca se postulaba para presidente de la Generalitat Valenciana negando de hecho el cambio climático, se presentaba en Alicante el primer Atlas de la Desertificación de España (ADE). La coincidencia de ambos sucesos, completamente aleatoria, dibuja algunos de los principales problemas a los que nos enfrentaremos los valencianos en un futuro próximo: la Comunidad Valenciana, y en especial la provincia de Alicante, figura entre las zonas más afectadas por la desertificación y la falta de agua.

Mientras Pérez Llorca, en su discurso, denunciaba el Pacto Verde europeo, que —según él— traerá la ruina a nuestros agricultores, los autores del Atlas, científicos de reconocido prestigio, advertían: “El ADE apunta directamente a la agricultura como principal usuario del agua y como factor determinante en la degradación del suelo. La superficie de regadío ha aumentado ya hasta los 3,78 millones de hectáreas [...] Se riegan especies de secano como el olivo, la vid o el almendro. Y entre 2018 y 2024 se desecharon 483.624 toneladas de frutas y verduras porque se produce más de lo que se necesita y los precios de mercado no cubren costos”.

Si las afirmaciones de Pérez Llorca responden a un pensamiento propio o son imposiciones de Vox para obtener sus votos es indiferente porque hasta ahora nos movemos en el plano de las palabras. Lo importante será, llegado el momento de gobernar, ver cómo el presidente de la Generalitat aborda el problema. Sobre todo porque, como señalan los autores del Atlas, las causas de la desertificación no obedecen solo a la extensión de la agricultura sino también al actual modelo turístico, algo que agrava bastante el asunto. ¿Cerramos los ojos y negamos la realidad, como pretende Vox? ¿Rechazamos la validez del estudio científico y trasladamos el problema a las futuras generaciones, cuando ya sea irreversible? En algún momento, Pérez Llorca deberá responder a estas preguntas con sus acciones de gobierno. Veremos entonces si sus medidas son de derechas o de izquierdas, y qué ha decidido su sentido común.

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