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La partida de póker de Illa y Junqueras

El líder de ERC no tiene un papel sencillo: conseguir garantías de cobro de las promesas socialistas sin que los suyos agiten la casa que intenta enderezar

El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, y el líder de ERC, Oriol Junqueras, en enero.ALBERT GARCIA

No sé ustedes, pero un servidor descubrió el otro día que hay un treintañero de San Martín de la Vega (Madrid) que está en la cima del póker. Se llama Adrián Mateos y, gracias a los artículos de Jordi Quixano en este periódico, ...

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No sé ustedes, pero un servidor descubrió el otro día que hay un treintañero de San Martín de la Vega (Madrid) que está en la cima del póker. Se llama Adrián Mateos y, gracias a los artículos de Jordi Quixano en este periódico, sabemos que pasó de estudiar Económicas a ser el jugador que más ganancias obtuvo en el mundo en un año: 13 millones en 2024. Menuda manera de jugar a las cartas. En una entrevista que relataba su ascenso a la élite del juego, Mateos admitía que, cuando tenía 16 años -el momento en que se aficionó al póker-, necesitaba aprender estadística y matemáticas, pero que ahora el bagaje acumulado le permite focalizarse más en los patrones y la psicología de los rivales. Anoten consejos, negociadores de los presupuestos, que este chico sabe de lo que habla. Ya se ha embolsado más de 54 millones en premios. Algunos alcaldes harían maravillas con semejante rendimiento.

La discusión presupuestaria que manejan Salvador Illa y Oriol Junqueras es una partida de póker con mucho farol. Desdeñando la presión, el líder de ERC recomendó al presidente de la Generalitat no escalar los conflictos que no pueda ganar, una advertencia para que ejerza presión en la Moncloa y así encauzar la carpeta del IRPF, si quiere evitar un giro brusco de la legislatura. Illa, curado de espantos en este inicio de año, respondió trasladando el proyecto de presupuestos al Parlament. Y en Palau, donde sigue abierta la puerta del acuerdo, ya susurran que no está la cosa para repetir la operación de los suplementos de crédito. Una manera de recordar que en esta mano se pueden repartir beneficios, pero que también hay mucho que perder.

A pesar de la coreografía de acercamiento que practican los interlocutores, la dichosa incertidumbre ha alimentado quinielas sobre un hipotético adelanto electoral. Atendiendo al patrón de conducta del presidente, el de las elecciones no parece el escenario deseado. Illa ha vinculado su figura a la estabilidad y tirar los dados otra vez a media legislatura -con la memoria fresca de la crisis en Rodalies- sería una operación como mínimo contradictoria, con el peligro añadido de no controlar las mayorías que le dieron la investidura. No tiene el PSC un rival que le pise los talones, pero la amenaza de un bucle de repetición electoral congelaría el proyecto “para una década” que decía tener el presidente. Si el guion recalca que Cataluña no puede permitirse avanzar con el presupuesto de 2023, por la tensión sobre los servicios públicos, más bloqueo sería políticamente temerario. Vox y Aliança Catalana se frotarían las manos.

Y luego está Junqueras, a quien menos le conviene un examen al esprint en las urnas. No podría presentarse, porque permanece vigente la inhabilitación -a la espera de aplicación efectiva de la amnistía-, y vería comprometido el avance de los dos grandes acuerdos gestados por ERC, la nueva financiación y el traspaso de Rodalies, que se admiten como necesarios. El de Junqueras no es un papel sencillo: conseguir garantías de cobro de las promesas socialistas sin que los suyos, divididos hace cuatro días, agiten la casa que intenta enderezar. Ya ven que el riesgo es compartido y las cartas están repartidas. Hagan juego, que el país espera.

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