El Govern prevé una inversión de 5.000 millones de euros en cinco años para reactivar la industria catalana
Sindicatos, patronales y Generalitat firman el nuevo Pacto Nacional por la Industria
Era uno de los deberes pendientes que el Govern tenía encima de la mesa, reclamado por sindicatos y patronales, y cada vez más acuciante en un contexto geopolítico que pide estrategias claras para retener y devolver capacidad industrial en suelo europeo. El Ejecutivo de Salvador Illa, los sindicatos mayoritarios y las patronales han firmado el nuevo Pacto Nacional por la Industria para el periodo 2026-2030, que ha recibido el visto bueno del Consejo Catalán de la Empresa, y que prevé una inversión total de 5.000 millones de euros en 190 medidas enfocadas a relanzar y transformar el modelo industrial catalán. Se trata de un plan que supera en casi 1.800 millones la inversión del plan anterior, que ya tuvo una ejecución presupuestaria muy elevada. La firma del nuevo pacto se ha hecho justo el día en que el gobierno del PSC y los comunes han firmado un acuerdo para sacar adelante los presupuestos autonómicos para este año, una herramienta que tiene que servir también para promover las políticas industriales que define el pacto.
Las 190 medidas comprometidas en el pacto suman un presupuesto de 4.463 millones de euros, pero el acuerdo recoge el objetivo de llegar a los 5.000 millones como mínimo en los cinco años que durará. El consejero de Empresa y Trabajo, Miquel Sàmper, ha señalado que la aprobación del pacto supone “un momento clave”, al fijar la hoja de ruta de la política industrial para este lustro. Lo ha dicho en un acto en el Palau de Pedralbes que ha contado con la participación de organizaciones empresariales y sindicales, así como representantes de colegios profesionales, grupos parlamentarios, asociaciones municipalistas, universidades, cámaras de comercio, cooperativas y centros tecnológicos. Según Sàmper, se trata de un “acuerdo vivo”, capaz de incorporar nuevas acciones ante amenazas y oportunidades emergentes.
Y las amenazas o los tiempos de cambio no son pocos, en un contexto geopolítico que en los últimos años ha demostrado ser muy imprevisible. Las guerras comerciales entre Estados Unidos y China, las disrupciones en las cadenas de suministro causadas por los conflictos globales o por situaciones como la pandemia, y la irrupción en el mercado europeo de productos chinos que entran en competencia han llevado a plantear la necesidad de relocalizar la industria europea y de transformar la que hay para que sea más competitiva y productiva.
En Cataluña, el valor añadido bruto (VAB) de la industria es del 20% sobre el total que genera la economía catalana, un peso relativo que se ha mantenido estancado alrededor de este porcentaje desde la crisis financiera, lejos del 26,9% que tenía en el año 2000. Aunque en las economías avanzadas es normal que la industria vaya perdiendo peso en favor de los servicios (que actualmente aportan al VAB un 75,9%), la actual situación geopolítica hace que sea prioritario recuperarse industrialmente para depender menos de otros territorios. “¿Quieren saber qué pienso yo? Me gustaría llegar al 30%. Me gustaría que la industria tuviera el mayor peso posible dentro de nuestra economía”, ha dicho el conseller Sàmper. La industria catalana concentra más de la mitad del gasto en innovación. Otras maneras de analizar el peso de la industria son el VAB por ocupado o el dinamismo de las exportaciones: entre 2013 y 2023, el valor añadido bruto (VAB) por ocupado en la industria ha crecido un 13%, mientras que las exportaciones catalanas de bienes han aumentado un 70% nominal entre 2013 y 2024, según los datos facilitados por el Ejecutivo catalán.
El pacto se estructura en cinco ámbitos: sostenibilidad y energía, empleo de calidad, innovación y competitividad, infraestructuras y suelo industrial, y marco institucional y social. Y de forma transversal en estos cinco ámbitos las actuaciones se guían mediante once ejes estratégicos, con el objetivo de impulsar una reindustrialización verde y digital, competitiva y resiliente. Este nuevo marco estratégico también toma como referencia el informe elaborado por Mario Draghi para mejorar la competitividad en la Unión Europea: aumentar la productividad, aprovechar las oportunidades derivadas del proceso de descarbonización global y reforzar la resiliencia de la industria.
El aumento de la productividad, según el Govern, permitirá mejorar la eficiencia y fortalecer el aumento del PIB per cápita, variable clave para que todos los ciudadanos noten en sus bolsillos la mejora macroeconómica de la economía. En este sentido, el pacto pone el foco en la capacidad de la industria para exportar productos de mayor sofisticación tecnológica, una estrategia orientada a consolidar la presencia de las empresas catalanas en los mercados internacionales y en evitar que la competitividad se sustente exclusivamente en costes laborales o factores coyunturales. Por otro lado, el eje del proceso de descarbonización tiene que ver con los compromisos del Pacto Verde Europeo: el pacto prevé medidas destinadas a favorecer la eficiencia energética, la reducción de emisiones y la incorporación de tecnologías limpias, con el objetivo de compatibilizar la competitividad industrial con los objetivos climáticos. Y finalmente, el tercer eje, el de la resiliencia de la industria en un contexto geopolítico complejo, plantea la necesidad de garantizar el acceso seguro a materias primas, energía y tecnologías clave, así como de aumentar la autonomía productiva y la capacidad de adaptación de las empresas.