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El otro diluvio de Rodalies: el caos comunicativo acompaña al de la gestión en Sants

Más allá del estado de la infraestructura, las deficiencias de la comunicación al pasajero erosionan el servicio en Rodalies

Dentro de Sants también cae un temporal. Real y metafórico. Había goteras en la estación, en la jornada lluviosa del sábado, pero además hay otro diluvio sobre el sistema. ...

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Dentro de Sants también cae un temporal. Real y metafórico. Había goteras en la estación, en la jornada lluviosa del sábado, pero además hay otro diluvio sobre el sistema. La jornada de caos de ayer en la red de Rodalies no solo sirvió para dejar en evidencia la falta de sintonía entre la Generalitat, por un lado, y Renfe y Adif por otro, en la gestión ferroviaria en Cataluña. También ejemplificó a la perfección cómo la falta de información efectiva del estado del servicio, de cara al pasajero, es al menos igual de dañina que la falta de inversión en la infraestructura que dejan al descubierto las precipitaciones. Mensajes contradictorios, pantallas con información fantasma, informadores que pedían ignorar los paneles y solo fiarse de una gangosa megafonía son algunos de los ejemplos vividos en Sants, el centro neurálgico del tren catalán.

Estamos aquí tirados, sin saber qué hacer”, lamentaban Ricard y Maria, una pareja que venían de Figueres en alta velocidad y esperaban hacer conexión con el Aeropuerto de El Prat en Sants esta mañana, desde conde volaban al Caribe. Llegaron justo antes de que trascendiera el nuevo corte del servicio. Como la gran mayoría de catalanes, se fueron a la cama la noche del viernes pensando que el sábado habría trenes, ignorando que a las tres de la madrugada la Generalitat informaba de que no se daría servicio tras una reunión con los maquinistas pero que a las siete de la mañana Renfe sí lo ofrecía, aunque con amplias restricciones.

El sistema pues, comenzó a andar ayer con una primera gran contradicción. En algunos casos llegó a situaciones surrealistas, como el de la estación de Tarragona. Sobre las 9:30, mientras que en la megafonía sonaba un mensaje que decía que no había servicio -lo que dijo primero la Generalitat-, los usuarios podían escuchar por la radio a Antonio Carmona, el representante institucional de Renfe en Cataluña, diciendo que sí lo había. La programación que a las ocho de la mañana distribuyó Renfe hablaba de normalidadad, por ejemplo, en la R2, R16 y R17, En la R1, aparte del tramo Blanes–Maçanet-Massanes, reemplazado por una lanzadera, por ejemplo se ofrecían dos trenes por hora y sentido. Dos horas y media después, por nuevas incidencias en la vía, se comunicaba que el tramo por la capital lo absorbía el metro, con el trozo Badalona – Mataró también en autobús.

El problema es que esos cambios no aparecían en las pantallas de Sants. Sí aparecían servicios para la R2 a las 11 de la noche que, después, desaparecían. Lo mismo le pasaba al tren a Cerbère, de la R11, y del que se avisaba que también era una mezcla de tren y enlace por carretera. “No quiero validar el billete porque no sé si va a pasar o no. Pregunto a los informadores y me dicen que no le haga caso a las pantallas, que baje al andén y esté pendiente de la megafonía”, explicó Pere, un joven que intentaba poder llegar a casa de sus padres este fin de semana en el Alt Empordà. El R11 apareció, fugazmente, en los paneles, sobre las 10:40, para informar de que pasaba en un minuto.

Fijarse en la app de Rodalies tampoco era una solución de cara a planificar lo sucedido. Invitaba a hacer la búsqueda de los recorridos en la de página general de Renfe. Si ya era imposible sacar nada en claro, todo se volvió aún más extraño cuando todas las máquinas expendedoras dejaron de ofrecer tiquetes. Por la radio, muchos usuarios escucharon que el Govern planeaba volver a cortar el servicio. Los informadores o los responsables de la estación que merodeaban por allí no confirmaban si la suspensión de la venta de billetes se debía a eso o no, mientras que la taquilla física sí seguía vendiendo algunos títulos. Varios viajeros que iban a Tarragona o Lleida fueron acomodados en alta velocidad.

Sobre las 12.30, llegó la gota que colmó el vaso. De un momento a otro, se prohibió el ingreso a los andenes. “No hay mas trenes”, explicaban los informadores. Sólo salía el pasaje que tenía como destino Sants. Los decibelios del cabreo subieron considerablemente, pues la megafonía siguió anunciando por más de una hora la llegada de trenes que no se podían abordar. Y, a la catalana, es decir, con la mayor resignación del mundo, la gente comenzó a volver la espalda y coger el teléfono para intentar espabilarse con la movilidad, como tantas veces, por su cuenta. “No train, no train”, le decía otro informador a una pareja de chicas coreanas, rodeadas de grandes maletas, que, muy confundidas, intentaban darle refrescar la app, aferradas a sus móvil cuan Noé a su arca.

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