HABLA DANONE

Masajes, alimentación controlada o música clásica: así cuidan a las vacas en una granja familiar

Eficientes, sostenibles y preocupadas por el bienestar animal. Así son las más de 200 granjas familiares de las que Danone obtiene la leche para sus yogures

Decía Friedrich Nietzsche que son las mentes más profundas las que mayor compasión sienten por los animales. En Can Ribas, granja familiar de la comarca catalana de La Selva que colabora desde hace más de 13 años con Danone, los animales disfrutan de un trato digno y respetuoso, además de francamente compasivo.

Las 400 inquilinas de esta granja modelo, 200 vacas adultas y 200 terneras, reciben masajes y escuchan música clásica mientras se alimentan de forraje, cebada y maíz y se mueven con bastante libertad por los prados o se cobijan del sol matinal en amplios cobertizos de techos altos, sin estrecheces, incomodidades ni hacinamiento. Se las agrupa por edades para facilitar la convivencia y para que no compitan por los alimentos. Aunque ya no se les asignan nombres, como era costumbre en su día, sí se las identifica con un código digital de tres o cuatro cifras que las individualiza y permite, entre otras cosas, saber qué vaca se ha lastimado una pezuña o cuál está siguiendo algún tratamiento, bajo estricta supervisión veterinaria, para superar afecciones comunes, como un resfriado.

Tal y como muestra Josep Maria Ruiz, propietario de la ganadería, sus vacas no rehúyen el contacto humano ni muestran inquietud de ningún tipo, uno de los indicadores de bienestar animal que tiene en cuenta la ONG Compassion In Global Farming, cuyos protocolos sigue Can Ribas. Para Ruiz, nada de esto es una frivolidad ni un lujo excéntrico. Ni la música, ni los masajes ni una dieta que incluye dos tercios de pastos de producción propia, a la que se añaden ingredientes grasos y protéicos que complementan su alimentación, ni el completo programa de seguimiento informático y asesoramiento veterinario. Se trata, además de una exigencia ética y un acto de compasión necesaria, de “un buen negocio, porque repercute, y mucho, en la calidad final de la leche que producimos”.

Más de 200 granjas en toda España

Can Ribas forma parte desde hace 13 años de la red de alrededor de 200 granjas familiares de toda España de las que Danone obtiene la leche fresca para sus yogures. El acuerdo con la compañía creada por Carasso hace ya más de 100 años en Barcelona fue una apuesta estratégica, según nos cuenta Josep Maria, hijo, nieto y bisnieto de ganaderos y agricultores que llevan en el negocio desde 1936: “Nos permitió dar el salto cualitativo al que aspirábamos y asegurarnos el futuro, invirtiendo en aspectos tan importantes para la continuidad del negocio como la innovación tecnológica, el grado de autonomía de nuestro suministro de alimentos o la reducción de huella de carbono”.

Antoni Bandrés, Director de Gestión de Leche de Danone, con a Josep Mª Ruiz, dueño de Can Ribas.
Antoni Bandrés, Director de Gestión de Leche de Danone, con a Josep Mª Ruiz, dueño de Can Ribas.

Ruiz se recrea al mostrar el que considera su principal patrimonio, el alma de su empresa: esa sociedad de 400 hembras, espléndidos ejemplares de raza Holstein, de piel blanca moteada de negro. Su estirpe se remonta a la Alemania septentrional y el sur de Dinamarca, pero casi todas nacieron aquí, en el municipio de Maçanet de la Selva, en un rincón de la Cataluña interior cercano al macizo del Montseny y no muy lejos del mar Mediterráneo. “Aquí se adaptan bien a los suaves inviernos y un poco peor a los veranos secos y cálidos”, cuenta Ruiz, “y la raza sigue mejorando de manera gradual gracias a un programa de inseminación basado en criterios genéticos”.

Aunque conserve vistosas reliquias de su pasado, como un viejo tractor David Brown 990 con matrícula de Girona arrinconado sobre un parterre, la granja es un negocio moderno en el que se respira dinamismo y gusto por la innovación. Ruiz describe que el proceso de ordeñado se realiza en una moderna nave, que cuenta con un avanzado sistema de control de calidad de la leche que se obtiene. “Hacemos dos sesiones diarias, a las seis de mañana y a las seis de la tarde. Las vacas son animales muy dóciles y que se adaptan bien a las rutinas, casi no hay ni que conducirlas hasta aquí. Se tarda entre ocho y diez minutos en ordeñar a cada una. En alrededor de dos horas se completa el proceso. La nave está informatizada, de manera que disponemos de información en tiempo real del nivel de grasas y proteína de los 6.500 litros de leche que obtenemos a diario”.

'Famosos' por un día

En los últimos meses, la granja ha recibido el reconocimiento a la mejor explotación catalana de 2019 en los IX Premios Ganaderos, galardones concedidos por Danone a las granjas familiares que más apuestan por la innovación y la mejora gradual de sus protocolos de trazabilidad, sostenibilidad y calidad de producto. Además, Danone convirtió a Ruiz y su familia en actores por un día, al protagonizar su cuña televisiva Granjas familiares, un canto a los placeres y las pequeñas servidumbres cotidianas de la vida rural que fue rodado en Can Ribas. Josep Maria y sus hijos de tres y cinco años se limitaron a interpretarse a sí mismos en el entorno en que crecieron, y con el que sienten una conexión que va más allá del simple arraigo.

La filosofía del anuncio, según explica Berta Noguera, Manager de Danone Brand, es que “llevar una granja es, en esencia, lo mismo que cuidar de una familia: las dos cosas exigen un alto grado de dedicación y de cariño”. Antoni Bandrés, Director de Gestión de Leche de la compañía, matiza, en cualquier caso, que la profesión de ganadero debe ser “una vocación”, pero no necesariamente una especie de sacerdocio que impida tener una vida al margen de la granja: “Can Ribas me parece un buen ejemplo de que es posible llevar un estilo de vida digno en la España vaciada. Además del propietario, aquí trabajan tres personas con cualificación y experiencia, lo que permite a Josep Maria vivir fuera de la explotación, tener unos turnos razonables y dedicar tiempo a la familia y al ocio”.

El propio Ruiz considera que la granja, un negocio familiar hasta la fecha, no tiene por qué ser heredado por sus hijos: “Esta es una profesión digna y muy bonita. Pero de la misma manera que yo decidí, con plena libertad, tomar el relevo de mis padres, espero que mis hijos decidan si quieren tomar mi relevo y seguir adelante o dedicarse a otra cosa”.

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