Cartas al director

Lo bueno de reírse

Estaba el otro día en un bar leyendo plácidamente un artículo sobre lo sano y saludable que resulta echar a tiempo una buena carcajada. Un dato me pareció revelador y sorprendente: los niños pueden reírse fácilmente una media de 300 veces al día; los adultos más alegres no suelen superar las 25. Miré a mi alrededor y observé. Un par de criaturas que no debían sobrepasar el año de vida trataban, sin demasiada fortuna, de despegar sus manos del suelo y olvidarse del gateo. Anduvieron un buen rato explorando el terreno y desternillándose con las muecas de su mamá o los extravagantes sonidos que e...

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Estaba el otro día en un bar leyendo plácidamente un artículo sobre lo sano y saludable que resulta echar a tiempo una buena carcajada. Un dato me pareció revelador y sorprendente: los niños pueden reírse fácilmente una media de 300 veces al día; los adultos más alegres no suelen superar las 25. Miré a mi alrededor y observé. Un par de criaturas que no debían sobrepasar el año de vida trataban, sin demasiada fortuna, de despegar sus manos del suelo y olvidarse del gateo. Anduvieron un buen rato explorando el terreno y desternillándose con las muecas de su mamá o los extravagantes sonidos que emergían de la boca de su papá. Quizás demasiado absurdo (o tal vez no tanto) para la extraña y sabia complejidad del humor adulto con sus ironías y dobles sentidos, pero ¿a quién no le gustaría librarse más a menudo del corsé formal de las ataduras y partirse la caja sin el más mínimo reparo?

Andrés Reina España. Barcelona

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