Columna

Judío pide pasaporte

Decenas de miles de ciudadanos británicos están pidiendo nacionalidades europeas

Maifestantes en favor del BrexitGETTY IMAGES

Decenas de miles de ciudadanos británicos están pidiendo nacionalidades y pasaportes europeos: los he escuchado en España, en Alemania, en Bélgica.

El testimonio más impresionante recogido en mi libreta reza así: “Theresa May dijo que si eres ciudadano del mundo no eres ciudadano de ninguna parte, lo que significa que Reino Unido no puede ser un país abierto. Al día siguiente pedí el pasaporte polaco. Nunca imaginé que este podría ofrecerme más derechos y protección que el británico”.

Quien habla así es Anatole Kaletsky, un enorme (ex)periodista del The Economist y del Financial ...

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Decenas de miles de ciudadanos británicos están pidiendo nacionalidades y pasaportes europeos: los he escuchado en España, en Alemania, en Bélgica.

El testimonio más impresionante recogido en mi libreta reza así: “Theresa May dijo que si eres ciudadano del mundo no eres ciudadano de ninguna parte, lo que significa que Reino Unido no puede ser un país abierto. Al día siguiente pedí el pasaporte polaco. Nunca imaginé que este podría ofrecerme más derechos y protección que el británico”.

Quien habla así es Anatole Kaletsky, un enorme (ex)periodista del The Economist y del Financial Times. Y un as de las finanzas como copresidente de Gavekal, firma inversora de Hong Kong, y director de otra del grupo JP Morgan. Lo que añade relevancia al caso, excusen la sensibilidad histórica, es que Anatole sea de familia judía polaca. Trasterrada a Londres.

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Anatole noqueó así la tesis del ministro de Estado para el Brexit, David Jones: “No hay xenofobia hacia los polacos en mi país; mi experiencia es que son bien recibidos”. El rifirrafe sucedió en Sevilla, en las 25 Tertulias Hispano-Británicas, “único lugar donde de verdad se ha discutido el Brexit”, señalaron varios intervinientes de Reino Unido.

Jones no se anda con chiquitas: “Esta es la ambición de mi Gobierno: reducir la inmigración en centenares de miles”, proclamó a sus escandalizados paisanos. Unos, como el subgobernador del Banco de Inglaterra, sir Jon Cunlife, recordaban: “La desaparición del comercio cuando los romanos abandonaron Britania en el siglo V nos trajo un declive de cinco siglos”. Otros, como Michael Maclay —de Montrose Asesores—, aludían al “alza del antisemitismo en Baviera en los años treinta”, cuando, por cierto, cuidado, “ahí no había un solo inmigrante”.

El jefe de Jones, David Davis, buscaba el formato seductor y dorar la píldora a los españoles enfatizando los intereses bilaterales: “Relación fantástica”, “sintonía excelente”, “grandes amigos”. Será su táctica, uno a uno, con los 27. Su colega, el nuevo ministro español de Exteriores, Alfonso Dastis, se estrenó, cortés, atando corto: “Lamentamos el resultado del referéndum; defenderemos los intereses españoles, entre ellos, el de preservar la Unión Europea”. Kaletsky: sed siempre bienvenidos a casa.

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