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La inteligencia artificial en las empresas y el empleo

En los últimos meses, empresas que presentaban beneficios récord planteaban, a su vez, fuertes recortes laborales

La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en uno de los vectores más importantes de transformación económica, social y cultural del siglo XXI. En apenas unos años, su presencia se ha extendido de forma acelerada en la actividad cotidiana de empresas, administraciones y ciu...

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La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en uno de los vectores más importantes de transformación económica, social y cultural del siglo XXI. En apenas unos años, su presencia se ha extendido de forma acelerada en la actividad cotidiana de empresas, administraciones y ciudadanos. Esta irrupción no solo redefine la forma en que producimos y consumimos, sino que también nos obliga a reflexionar sobre las implicaciones que tendrá para la competitividad de las empresas, así como para el futuro del trabajo y la cohesión social. A continuación, presentamos una reflexión que aborda, por un lado, las oportunidades que la IA ofrece a las empresas y, por otro, las incertidumbres que plantea respecto a su impacto en el empleo.

Para situar el debate, partimos de dos hechos recientes. Por un lado, en los últimos meses hemos visto cómo compañías líderes a nivel mundial anuncian inversiones multimillonarias en tecnologías de IA. Por otro, estas mismas empresas han comunicado su intención de ejecutar en España expedientes de regulación de empleo (ERE) de gran magnitud, con el objetivo de reducir significativamente sus plantillas. El resultado es un escenario paradójico: empresas que registran beneficios récord plantean, a su vez, recortes laborales que afectan a miles de trabajadores.

Si bien estos anuncios se refieren a las grandes tecnológicas globales, la realidad de la mayoría del tejido empresarial es bien diferente. De hecho, pese a la percepción de que la IA está plenamente implantada en las empresas, su adopción es aún limitada —aunque creciente— en las empresas de menor tamaño. Según los últimos datos del INE, una de cada cinco empresas españolas de más de 10 empleados utiliza al menos una tecnología de IA. Además, existe una brecha considerable por tamaño empresarial: mientras casi el 60% de las compañías con más de 250 trabajadores emplean estas tecnologías, su uso apenas alcanza el 13% en las empresas con menos de 10 empleados.

Los datos también ponen de manifiesto la gran heterogeneidad en los tipos de IA utilizados. Los más frecuentes son, por este orden, la generación de contenido audiovisual, el análisis del lenguaje escrito, y la generación de lenguaje escrito o hablado, o códigos de programación.

Más allá de conocer el nivel de implantación de la IA, resulta necesario conocer sus efectos. Un estudio elaborado por la Fundación ISEAK en colaboración con la Fundación Cotec constata que el uso de IA provoca un aumento en la productividad laboral media, definida ésta como la relación entre el volumen de ventas y el número de trabajadores. El machine learning es la tecnología que más contribuye a este incremento, con mejoras superiores al 70%. En cambio, otras aplicaciones, como las que convierten el habla en texto, generan lenguaje o reconocen objetos o personas en imágenes o vídeos, no muestran impactos positivos significativos a corto plazo, que es el horizonte analizado.

El hecho de que la IA aumente la productividad laboral es una buena noticia, particularmente en un contexto como el español, donde el aumento de este indicador continúa siendo una asignatura pendiente, sobre todo para las empresas de menor tamaño. Sin embargo, conviene recordar que la productividad puede mejorar tanto por incrementos en la eficiencia como por reducciones en el empleo. Este riesgo no es menor. Los anuncios de las grandes tecnológicas no disipan las dudas; más bien las refuerzan.

Además, voces académicas de referencia, como el profesor Daron Acemoglu —reciente premio Nobel de Economía— señalan que, hasta el momento, el desarrollo de la IA se ha orientado principalmente a reducir costes laborales, beneficiando al capital más que a la creación de nuevas tareas de mayor valor para las personas trabajadoras.

Precisamente por ello, sería deseable que el foco estuviera en promover un uso de la IA que no reduzca el empleo en el medio y largo plazo, sino que impulse nuevas tareas más creativas y de mayor valor añadido. La IA puede convertirse en una palanca complementaria para los trabajadores, no sustitutiva, contribuyendo a un aumento sostenible de la productividad laboral. Sus aplicaciones ya ofrecen apoyo valioso para redactar textos, sintetizar información, realizar búsquedas complejas en segundos o resolver problemas técnicos que antes requerían horas de cálculo o consulta. Para profesionales de sectores tan diversos como el periodismo, la ingeniería, la administración o el marketing, estas capacidades representan un complemento extraordinario que les permite centrarse en tareas estratégicas. Desde esta perspectiva, la IA no sustituye al trabajador, sino que lo potencia.

Desafortunadamente, en nuestro estudio no ha sido posible analizar de forma separada la evolución de ingresos y empleo en las empresas que adoptan los diferentes tipos de IA. No obstante, este seguimiento resulta imprescindible para comprender qué tipos de IA, qué empresas y qué sectores están utilizándola como complemento que impulsa la productividad del trabajador y cuáles pueden estar empleándola como mecanismo sustitutivo. Este seguimiento podría arrojar luz sobre hasta qué punto potenciar la IA como palanca complementaria para los trabajadores puede resultar más innovador y a medio y largo plazo más eficaz para mejorar la competitividad de las empresas.

Más allá de conocer cómo los diferentes tipos de IA están impactando tanto en la eficiencia como en el empleo, el uso de la IA en las empresas requiere de una fuerza laboral capacitada para ello. El Informe de Economía digital de la Fundación Cotec revela la existencia de una dificultad generalizada para contratar personas con habilidades complementarias a la IA. Estas competencias deben facilitar tanto el desarrollo de nuevas tareas como la actualización y reciclaje constante del capital humano. Este puede impulsarse desde las mismas empresas –muchas compañías de mayor tamaño ya están incluyendo el reskilling en su estrategia—, o en coordinación con otras instituciones, públicas o privadas y con el sistema educativo. Sea como fuere, es imprescindible interiorizar la necesidad de esta adaptación para que la inteligencia artificial sea, como todos deseamos, un motor de desarrollo económico y social.

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