¿Reforma de las reformas?
¿Qué ha sido de la Agenda para el Desarrollo de Barcelona, firmada hace un año por un grupo de los economistas notables, como superación sensata del Consenso de Washington? El fin de semana se reunió en Salamanca alrededor de medio centenar de economistas latinoamericanos y españoles para contestar a esa pregunta. Sus conclusiones las trasladará el secretario de las cumbres iberoamericanas, Enrique Iglesias, a los jefes de Estado y de Gobierno que se juntarán en la ciudad castellana a partir del próximo viernes (para conocer la historia de estas reuniones acaban de aparecer dos libros sobre la...
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¿Qué ha sido de la Agenda para el Desarrollo de Barcelona, firmada hace un año por un grupo de los economistas notables, como superación sensata del Consenso de Washington? El fin de semana se reunió en Salamanca alrededor de medio centenar de economistas latinoamericanos y españoles para contestar a esa pregunta. Sus conclusiones las trasladará el secretario de las cumbres iberoamericanas, Enrique Iglesias, a los jefes de Estado y de Gobierno que se juntarán en la ciudad castellana a partir del próximo viernes (para conocer la historia de estas reuniones acaban de aparecer dos libros sobre la misma: Las Cumbres Iberoamericanas 1991-2005, de la Fundación Carolina, coordinado por Celestino del Arenal; y el número cinco de Tribuna Americana. Revista de Reflexión Política, de la Casa de América).
Los mandatarios iberoamericanos debatirán sobre la realidad socioeconómica de la región. El documento de Salamanca será un buen material para que conozcan lo que opinan algunos de sus técnicos más reconocidos. En el seminario se hicieron dos acotaciones preliminares: Enrique García, presidente de la Corporación Andina de Fomento, afirmó que el Consenso de Washington lo habían elaborado políticos y economistas de América Latina (AL), pero que al haberse apoderado mediáticamente del mismo el estadounidense John Williamson, había perdido legitimidad frente a la ciudadanía. Miguel Sebastián, director de la Oficina Económica del presidente de Gobierno español, recordó ante el tenor de algunas de las intervenciones más ortodoxas que la Agenda de Barcelona había pretendido superar las rigideces asociadas al Consenso de Washington y que las conclusiones de Salamanca no debían suponer una marcha atrás en ese camino.
Hay un consenso entre los economistas en que las reformas acometidas en la región son, en general, positivas aunque hay que complementarlas con políticas económicas sobre la equidad, para que no se queden en una mera liberalización macroeconómica. Un técnico del FMI afirmó que "hay un agotamiento de la población con este tipo de política económica, que puede llevar a la desesperación". El concepto de "generaciones de reformas" lleva implícita la visión de procesos lineales y universales, que no se corresponden con la realidad; así, los logros de etapas anteriores no pueden permanecer inmodificables, como si fueran cimientos sobre los cuales se construyen los nuevos pisos de un edificio. Como dice el borrador de la declaración de Salamanca, "las ideas que hoy aportamos pueden dejar de ser válidas más adelante: no hay óptimos permanentes".
Una diferencia significativa entre la discusión de Barcelona de hace un año y la de Salamanca de ahora, es que en esta última no han estado presentes los economistas europeos y anglosajones que participaron hace un año (los Blanchard, Cohen, Krugman, Rodrik, Sachs, Stiglitz, Williamson...), por lo que el debate ha sido más interregional. El balance que se hizo es muy rotundo: a pesar de la favorable coyuntura internacional, AL ha registrado tasas de crecimiento económico y de generación de empleo menor que otras áreas emergentes; no se ha producido una mejora sustancial de la distribución de la renta y de la disminución de la pobreza, y se ha perpetuado la desigualdad de oportunidades, lo que hace que AL siga siendo la región del mundo con peor distribución de la renta (el venezolano Ricardo Haussman, muy lúcido, recordó que los pobres de la región son igual de pobres que en otras zonas del planeta; la diferencia es que los ricos son mucho más ricos). Por último, en algunos países el malestar social y económico ha dado lugar a nuevas formas de protesta social que amenazan la institucionalidad democrática tan dificultosamente conseguida. Uno de los debates más animados se formó alrededor del papel del Estado como animador del desarrollo económico; en el borrador de declaración se decía que "el Estado ha de jugar un papel central apoyando y coordinando las prioridades de las agendas nacionales. Es necesario asegurar la transparencia y legitimidad de este rol".
Por último, una crítica central al desarrollo del seminario de Salamanca: la jerga spanglish de muchos de los economistas asistentes resultaba insoportable y ajena al castellano de Fray Luis de León, los muros de la vieja Salamanca y del Colegio Fonseca, anfitrión de la reunión.