Cartas al director

Pintadas

Que nadie se asombre o se disguste si decimos que las paredes pintarrajeadas de nuestra ciudad han sido realizadas en gran parte por manos inexpertas, puesto que el arte del graffiti, salvo raras excepciones, ha sido profanado.Cuando el graffiti es empleado sin medida y sin belleza resulta pernicioso. Este medio de predicar la libertad por ciertos grupúsculos de nuestra sociedad, y considerado en un principio como entretenimiento y arte divertido, ha llegado a tal degeneración en nuestra ciudad que ahora se nos antoja sombrío y a nadie entusiasma por considerarlo como simp...

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Que nadie se asombre o se disguste si decimos que las paredes pintarrajeadas de nuestra ciudad han sido realizadas en gran parte por manos inexpertas, puesto que el arte del graffiti, salvo raras excepciones, ha sido profanado.Cuando el graffiti es empleado sin medida y sin belleza resulta pernicioso. Este medio de predicar la libertad por ciertos grupúsculos de nuestra sociedad, y considerado en un principio como entretenimiento y arte divertido, ha llegado a tal degeneración en nuestra ciudad que ahora se nos antoja sombrío y a nadie entusiasma por considerarlo como simples manchas o garabatos. ¿Quién puede admirar unas inscripciones o dibujos que han ensuciado de norte a sur, de este a oeste, toda la ciudad? Aquí la abundancia sí que daña, pues se ofrecen a la vista por todos lados fachadas de múltiples colores.

Por culpa de las pintadas y de quienes han querido crear una subcultura especial, Parla, que hace tiempo perdió su signo de identidad, da la impresión de una ciudad pobre, triste y vieja, con gesto de cansancio y de dolor. ¡Ojalá que nuestra ciudad sea el último vestigio de una época de deterioro!

No vale la pena extenderse demasiado sobre esta materia que ha ahogado todo sentimiento de belleza y ofendido abiertamente nuestra ciudad. El graffiti apenas si hoy día llama la atención ni menos se le considera. Yo pienso que esta manera de expresarse, de comunicarse, de dar a conocer sus conflictos, temores, tensiones, desesperaciones o tal vez sus alegrías y pasiones pasaron a la historia.

¿Sería mucho pedir a quien corresponda que estas arcaicas formas de expresarse se acaben y no se repitan para poder adecentar y restaurar fachadas, puertas y rejas de nuestra deteriorada ciudad?

No hemos tratado de ofender o acusar particularmente a nadie, antes confesamos que todos tenemos algo de culpa. Pongamos algo de nuestra parte y la mejor voluntad. Démonos, pues, la mano para prometer nuevos esfuerzos y buscar- nuevos caminos, así como los medios para que nuestra ciudad sea cada vez más limpia y alegre tanto en el aspecto estético como en el humano. ¿Acaso es mucho pedir?-

Concejal del Grupo Popular.

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