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Esther Briz y su final de película en el Támesis

La remera zaragozana se convierte en la primera española en lograr un triunfo con las ‘Dark Blue’ en The Boat Race, la mítica regata entre Oxford y Cambridge. “No hay día del año que no se mencione este duelo en la universidad”, cuenta la campeona española de 26 años

Esther Briz, segunda por la izquierda, celebra tras ganar The Boat Race el 4 de abril.Yui Mok (AP)

Esther Briz Zamorano (Zaragoza, 26 años) todavía se emociona al recordar el clap out, los gritos de ánimo de los seguidores de la Universidad de Oxford, al llegar a Putney, en el Támesis, en el suroeste de Londres, donde se encuentra la salida de The Boat Race, ese desafío universitario que en España siempre se ha conocido como la regata Oxford-Cambridge. La aragonesa se convirtió el sábado en la pri...

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Esther Briz Zamorano (Zaragoza, 26 años) todavía se emociona al recordar el clap out, los gritos de ánimo de los seguidores de la Universidad de Oxford, al llegar a Putney, en el Támesis, en el suroeste de Londres, donde se encuentra la salida de The Boat Race, ese desafío universitario que en España siempre se ha conocido como la regata Oxford-Cambridge. La aragonesa se convirtió el sábado en la primera remera española que gana este clásico del deporte con el bote del Dark Blue. Un éxito que le ha sorprendido incluso a ella misma. “Este triunfo ha tenido más repercusión que mi diploma olímpico en los Juegos de París”, cuenta.

La regata nació en 1829 después de que Charles Merivale, estudiante del St. John’s College de Cambridge, retara a su amigo Charles Wordsworth, que estudiaba en Christ Church, en Oxford, a una carrera entre dos embarcaciones en Henley-on-Thames. Dos siglos después, la regata es casi una institución que lleva 171 ediciones en hombres y 80 en mujeres. Desde 1856 es anual y solo se ha detenido durante las dos grandes guerras (entre 1915 y 1919, y de 1940 a 1945) y en 2020, por la pandemia.

Esther Briz se enamoró del remo después de que sus padres la apuntaran al Helios, un histórico club de natación de Zaragoza, con 10 años. En cuanto vio los botes, se olvidó de la piscina. Remar en el Ebro le pareció mucho más estimulante y pronto demostró que tenía cualidades. Ya de adulta logró éxitos notables como una medalla de bronce en el Europeo, el título mundial en remo de mar —modalidad que será olímpica en Los Ángeles, en 2028— y el sexto puesto en los Juegos de París junto a Aina Cid.

La remera, además de ser una fuerza de la naturaleza, tiene una cabeza privilegiada que le llevó hasta la prestigiosa Universidad de Standford, en California, donde quedó deslumbrada por el fastuoso campus, con esculturas de Rodin, y donde se licenció en Ingeniería y Ciencia de Gestión. Ahora está a punto de acabar un máster en Dirección de Empresas en otro templo de la docencia: Oxford. Allí, en el mismo centro donde estudiaron Stephen Hawkins, Emma Watson, Adam Smith, Oscar Wilde, Margaret Thatcher o Tony Blair, Briz se impregnó de la magia de esta regata. “Es un pique entre dos universidades que ríete tú del Barça y el Madrid. Ojalá pudiera quedarme un año más porque me parece un lugar único para lo que estaba buscando: estudiar y seguir remando. La regata es algo que se nombra mil veces a lo largo del año. No hay día que no se mencione. El objetivo siempre está en mente. El remo es mi trabajo y estoy bastante acostumbrada a madrugar y a no tener fines de semana, pero admiro a las chicas que no lo han hecho nunca y han entrenando lo mismo que yo”.

El valor de esta regata estimula a todas las remeras, dispuestas a cualquier sacrificio a cambio de mejorar y poder atajar una racha de derrotas ante el Light Blue que duraba ya nueve años. En febrero, después de una inundación en el río donde entrenaban, no les importó salir a las cinco y cuarto de Oxford, cuando todavía era de noche y con temperaturas muy bajas, para irse a remar a una hora de distancia. Su entrenador las esperaba con todo preparado porque a las nueve menos cuarto tenían que estar de vuelta para ir a clase. Están en Oxford y el remo es importante, pero los estudios, más todavía.

Así se fueron haciendo fuertes, sumando entrenamientos épicos cada madrugada. “Cuando empezábamos estaba clareando y hacía frío, viento y llovía. Fueron días muy duros, pero ha sido una pasada”. Esas sesiones fortalecieron al equipo de ocho con timonel donde se juntaron una británica medallista olímpica, una australiana, una alemana, una española… Su trabajo culminó el pasado sábado, a las 14.21 horas, el momento en el que el Támesis presenta la marea más favorable. Todas se conocen el campo de regatas de memoria: un recorrido en forma de ese que pasa bajo los puentes de Hammersmith, Barnes y Chiswick, en Mortlake, al oeste de Londres, donde está la meta después de 6,8 kilómetros.

Esther Briz se levantó a las seis de la mañana para activar su cuerpo. Cuando fueron al campo de regatas, no había un alma. Luego regresaron por la tarde, antes de que los presidentes de cada club lanzaran una moneda al aire, un soberano de oro de 1829, para elegir en qué lado prefieren salir. Después de una gran ingesta de hidratos de carbono y bicarbonato para retener el lactato, tras la charla del entrenador con sus deportistas alrededor, al fin listas, se quitaron las botas de agua y Clare Harvey, la jueza, bajó la bandera roja. La regata acababa de empezar. Las dos universidades arrancaron y ya había 200.000 personas a lo largo del recorrido y cerca de tres millones de espectadores delante de la televisión. Entre la multitud, la familia de la española, su hermano, recién casado, su entrenador de toda la vida, Alfonso Muniesa, y amigos llegados desde Zaragoza y Estados Unidos. Nadie quería perderse esta fiesta tan british.

Las Dark Blue tomaron ventaja rápidamente y 19 minutos y 15 segundos más tarde más tarde estaban levantando los brazos y celebrando una victoria muy especial. Un éxito que les acompañará durante toda la vida y que las convierte en heroínas en su universidad. Luego subieron al podio y se rociaron con los botellones de Chapel Down, un vino espumoso de la campiña de Kent. La celebración siguió por la noche, vestidas de gala, en el fastuoso hotel The Royal Horseguards, un edificio del siglo XIX con vistas al Támesis. “Ha sido todo increíble. En mi facultad, la rectora me dijo que me daba comida gratis todo el año. Y no ha parado de escribirme la gente y de felicitarme los profesores”.

Después de una noche de fiesta, con el regusto de esta victoria tan importante, cogió el primer vuelo a España porque su preparación no se detiene y antes de irse a entrenar la modalidad de beach sprint en Torrevieja y Cádiz, quería pasar por Zaragoza para estar con su gente. Briz todavía espera que lleguen momentos excitantes en un deporte, el remo, o el remo de mar, en el que los deportistas alcanzan su plenitud entre los 28 y los 32 años. Por eso confía en llegar en su cenit a Los Ángeles y la duda de si su vida laboral le permitirá seguir también hasta Brisbane, ya en 2032.

La vida sigue, pero dentro de una semana, tanto en Oxford como en Cambridge, los clubes de remo volverán a pensar en The Boat Race. El Dark Blue querrá revalidar su victoria y el Light Blue, donde otra española, Adriana Pérez Rotondo, ya había logrado el triunfo en 2021 y 2022, intentará retomar su supremacía.

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