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La España del futuro asoma en el fondo olímpico a la sombra del quinto oro del ogro Klaebo

La pareja Pueyo-Colell llega a la final del sprint de los Juegos dominada por Noruega sobre Estados Unidos, en la que termina 15ª

Jaume Pueyo, durante la prueba de sprint por equipos.HANNIBAL HANSCHKE (EFE)

Son 1.547m sube y baja sobre nieve, un bocadito de nada para el ogro Johannes Klaebo, una montaña de dolor para los demás, entre ellos los españoles, decimoquintos en la final. Aunque lo cubren en más o menos tres minutos, los esquiadores lo comparan a un 800m de atletismo: máxima velocidad desde el comienzo y sprints repetidos, hasta la zona roja, en cada montículo, y al final, claro. Como una clásica de ciclismo en las Ardenas. La capacidad de recuperar tras cada aceleración es la clave, lo que dicen de amar el lactato, acogerlo y alimentarse de él. Los esfuerzos se repiten una y otra vez. Es la llamada prueba de sprint por equipos de dos, lo que supone cuatro milquinientos en solo dos horas para cada esquiador. Uno para clasificarse y lograr un buen puesto en la salida, y tres, uno cada tres minutos, para cubrir las seis postas.

Ha helado por la noche en Val di Fiemme. La nieve ya no es el plato de harina de otros días. Está dura, reactiva, como le gusta a Jaume Pueyo, en estado de gracia.

Marc Colell, debutante de 20 años y pocos meses, cumple con solidez su cometido en la calificación (29º) para que España, gracias a su brillante líder, Pueyo, veterano de 24 años que logra el segundo mejor tiempo total, se presente en la final con el quinto mejor tiempo.

Las aspiraciones se disparan, la ambición. Se habla de un puesto entre los ocho primeros, de tocar medallas, ¿por qué no?

No solo sueñan los deportistas, jóvenes llenos de futuro, también los responsables del cuerpo técnico —el jefe del fondo, Martí Vigo, el entrenador, Jaime Gil— que emprendió hace tres años una suerte de revolución científico-técnica en la forma de entrenar, competir, elegir objetivos… El esquí de fondo español ha dejado de ser un tiro al aire, imprevisible, espontáneo. “Se trata de una aproximación al deporte con un planteamiento diferente en cuanto al tipo de entrenamiento o las intensidades”, explica Olmo Hernán, el director deportivo de la federación española, sobre un grupo de atletas muy jóvenes que se concentran permanentemente en la zona de la Seu d’Urgell y la Cerdanya catalana, y en la base francesa de los Pirineos en Font Romeu. Una pequeña colonia con mucho entusiasmo, una miniatura comparada con la gran masa de deportistas con que cuentan países como Noruega, donde el esquí de fondo es el deporte rey, Italia, Francia, Estados Unidos o Suecia. “Estamos, además, trabajando mucho en el análisis de las trayectorias con GPS y de cuáles son los momentos en los que tienen que empujar, dejarse caer, qué tipo de técnica tienen que utilizar, las trazadas… Trabajamos de manera más inteligente y basada en datos”.

A Martí Vigo, gran promesa olímpica en Pieonchang 18 y joven aún (28 años), le ayudó, además, su paso fugaz por el ciclismo profesional, deporte que emprendió hace una década su propia revolución de entrenamientos, nutrición y tecnología. El futuro es ahora, y los Juegos de los Alpes franceses, en 2030, se miran desde el fondo con otro optimismo.

En la final, el cuerpo le abandona Colell, 20 años, de la Seu. Mientras los noruegos y los norteamericanos contemporizan en cabeza, a 3m 14s a o así por vuelta, al debutante no le cuesta tanto mantenerse en el grupo, pero en el cuarto tramo, su segunda posta, Klaebo empieza a sentir hormigas en las piernas. Acelera el monstruo en sus montículos adorados y Colell dice basta. Pasa rápidamente al esquí asimétrico, de supervivencia. El noruego baja cinco segundos el tiempo, los que pierde el joven catalán, que llega descolgado del pelotón de 14. “Marc es un deportista muy joven todavía, es la primera vez que se encuentra en una situación como esta y aún no está acostumbrado a estos ritmos”, dice Hernán. “Sobre todo le ha costado, según dice él, la subida más larga. Tiene muchísima proyección, y es muy explosivo. Llama la atención por eso, pero se apaga rápido y todavía no tiene capacidad para aguantar cuando hay una subida muy larga. Y en conseguir eso trabajan él y su entrenador”.

Pueyo, badalonés que se fue a vivir a La Seu, está tan bien que Hernán llega a afirmar que si España tuviera dos pueyos se podría haber optado al podio. “Jaume está extraordinario, en el mejor momento de su carrera, en un pico de forma bestial”, se exalta Hernán hablando de la perla del fondo español, que esprinta de salida en la quinta posta del equipo, su tercera, para cerrar el hueco que había dejado Colell. La cubre en apenas 2m 58s, el tercer mejor tiempo, justo detrás de los fabulosos Hedegart y Ogden. Devuelve a España al pelotón, a la esperanza. Pero en el tramo definitivo, Colell, sin apenas tiempo para recuperar, vuelve a quedarse. España termina la última.

“Marc poco a poco irá creciendo, y hay que esperar, pero, pese a que sea extraordinario haber llegado a la gran final, tengo una sensación un poco de chasco porque todos esperábamos que hubieran podido estar, no en el top 5, que era casi imposible, pero sí entre el siete y el 12”, analiza Hernán, ambicioso siempre. “Han sido buenas las sensaciones, pero el resultado es mejorable, está claro”.

Más lamentan el resultado en Francia, que contaba con una pareja fabulosa liderada por Mathis Desloges, el único que en las pruebas anteriores había resistido los antojos de Klaebo. Terminaron 12º quizás por un asunto de mala suerte con los bastones, ligeros, finísimos, de carbono, que rompieron en un par de ocasiones. Los cambios de material efectuados sobre la marcha por los entrenadores atentos en los momentos clave, las subidas, donde en un grupo de cinco es a veces imprescindible forzar el material, impidieron una grave pérdida de tiempo, pero no de puestos.

Lejos, inmune al desasosiego de los rivales, Klaebo se exhibe de nuevo, por quinta vez en unos Juegos que domina a su antojo. Lidera a Noruega hasta el oro, y es también su quinto oro en cinco pruebas, el décimo a los 29 años en sus tres participaciones olímpicas. Solo falta la gran prueba del fondo, los 50 kilómetros del viernes, para conseguir el pleno. Y pocos dudan de que lo conseguirá.

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