“Escríbete una pieza”
Diferenciar los géneros periodísticos es una garantía para que los lectores conozcan el grado de subjetividad de un texto
Los distintos jefes de los diferentes diarios encargan ahora a sus periodistas que les escriban una pieza sobre tal o cual asunto. No había caído en la cuenta sobre el uso de esa palabra unificadora, pese a tenerlo tan cerca, hasta que me lo comentó mi amigo y compañero Martín Caparrós. Y sí, antes los jefes encargaban escribir una noticia, elaborar un reportaje, componer una...
Los distintos jefes de los diferentes diarios encargan ahora a sus periodistas que les escriban una pieza sobre tal o cual asunto. No había caído en la cuenta sobre el uso de esa palabra unificadora, pese a tenerlo tan cerca, hasta que me lo comentó mi amigo y compañero Martín Caparrós. Y sí, antes los jefes encargaban escribir una noticia, elaborar un reportaje, componer una crónica, concebir un análisis, expresar el pensamiento en un artículo, una columna, una tribuna o un editorial. Hoy en día todo texto es una pieza.
Este hecho trasciende el mero lenguaje interno de los medios porque coincide con la difuminación de los géneros periodísticos, cada vez más mezclados entre sí. Y, como tantos empobrecimientos en español, procede de la influencia del inglés, a partir de piece, concepto que se empezó a extender por allá y por acá en los medios digitales cuyos textos se manejaban como simples partes de un rompecabezas, insertables en un diseño preestablecido sin importar demasiado lo que contuvieran.
La diferencia entre los géneros —expresada mediante epígrafes, estilo de titulación o códigos tipográficos— constituye una garantía para los lectores, que pueden así saber qué grado de presencia del yo hallarán en cada texto, y filtrar el tipo de subjetividad al que se van a enfrentar: desde el grado cero teórico de una noticia en la que se cuentan meros hechos y datos, hasta el grado diez de una tribuna. En esta escala gradual de menor a mayor influencia del yo se insertan el reportaje, la crónica, el análisis, la crítica… De ese modo, el público puede bajar la guardia ante una noticia, que excluye opiniones o interpretaciones, pero la sube ante una columna que representa el libérrimo criterio de su autor. Toda mezcla de géneros deriva por tanto en confusión para los lectores, quienes acaban perdiendo de vista el enfoque pactado tácitamente con el medio y empiezan con ello a desconfiar de su crédito.
Los géneros periodísticos se dividen en tres grandes apartados: la información (noticias, documentación, entrevistas de declaraciones, reportajes informativos), la interpretación (la crónica, la entrevista-perfil, el perfil, el reportaje interpretativo, el análisis) y la opinión (críticas, columnas, tribunas, editoriales). En la información priman los hechos. En la interpretación prima el marco en el que suceden los hechos. En la opinión prima el juicio que nos merecen los hechos.
La noticia es información sin interpretación; la documentación aporta antecedentes; la entrevista de declaraciones resume fielmente una conversación; el reportaje informativo consiste en describir sin interpretar; la crónica, en interpretar sin juzgar; la entrevista-perfil ofrece un diálogo con interpretación; el perfil contiene interpretación y descripción (pero sin juicios de valor); el análisis, interpretación basada en información; la crítica es el elogio o censura de unas obras, pero no de su autor como persona; y el artículo, la columna, la tribuna y el editorial incluyen opinión y juicios.
Ese rigor en los matices del que hicieron gala los periódicos tradicionales de prestigio, con The Washington Post y The New York Times a la cabeza, se va perdiendo, y a ello contribuye la reducción de los diferentes géneros en una sola palabra: pieza. El hecho de que antes se encargara, en función del enfoque, “escribe un reportaje”, “escribe una noticia”, “escribe una crónica” y hoy todo sea “escríbete una pieza” habrá de preocuparnos en la misma medida en que creamos que las reducciones léxicas suelen aparejar una reducción del pensamiento.