‘La nueva frontera’, amar y ser amado según Blutch
El dibujante francés desafía todas las convenciones de la narración gráfica y logra trasladar a la poesía del cómic la esencia de ese sentimiento que desafía los acuerdos sociales
Seguir la trayectoria de Blutch, seudónimo con el que firma Christian Hincker, es lanzarse a una montaña rusa sin frenos donde cada obra supone un giro radical de timón respecto a la anterior. Desde ese estilo gráfico que el tiempo ha ido depurando hacia una estilizada versión del naturalismo de Guido Buzzelli, Blutch ha definido su evolución por la reacción constante, convirtiéndose en un camaleón que adapta su traz...
Seguir la trayectoria de Blutch, seudónimo con el que firma Christian Hincker, es lanzarse a una montaña rusa sin frenos donde cada obra supone un giro radical de timón respecto a la anterior. Desde ese estilo gráfico que el tiempo ha ido depurando hacia una estilizada versión del naturalismo de Guido Buzzelli, Blutch ha definido su evolución por la reacción constante, convirtiéndose en un camaleón que adapta su trazo sin perder nunca su personalidad, en un más difícil todavía que le ha llevado por las relaciones de la historieta con otras expresiones de la cultura popular, muchas veces a través del juego con el surrealismo y el absurdo, pero siempre con una nítida apuesta por una ácida mordacidad como firma reconocible.
Encontrar el amor es una loca casualidad estadística que te hace coincidir en tiempo y espacio con la persona con la que compartirás vida
Para su última obra, Blutch parece apostar por un reto imposible, apuntado ya desde su intraducible título original, La Mer à boire, porque captar la esencia del amor puede resultar tan difícil como beberse el mar. Sin embargo, Blutch es un autor que no admite concesiones en sus propuestas y traslada el desafío al lector, al que ubica in medias res de una búsqueda, la de B tras su joven amada A. No sabemos nada de ellos, salvo que él necesita encontrarla y que ambos viven en épocas diferentes, en lugares diferentes, quizás porque encontrar el amor es una loca casualidad estadística que te hace coincidir en tiempo y espacio con la persona con la que compartirás vida.
Solo las viñetas parecen ostentar el poder de romper esas fronteras y crear caminos que llevan de A a B, a través del delicado equilibrio de una línea roja recta, símbolo del deseo y pasión que une a los amados, que se debe recorrer como un funambulista que nunca mira atrás. Blutch preña cada viñeta de ideas y de referencias, de guiños concebidos para un lector que debe estirar del hilo rojo a la búsqueda de esa noción del amor que deviene en aventura hacia el descubrimiento del otro, que desmitifica las metáforas del amor romántico para dirigirse al conocimiento, del sexo a una mirada que busca refugio y paz y que concibe a la persona amada como una casa en la que perderse y habitar.
Y en ese punto empieza otra historia, como el propio cómic, que comienza de nuevo con los créditos de una nueva historia donde las simetrías que marcaban los movimientos de los personajes originan ahora nuevas escenas, del surrealismo felliniano al costumbrismo de Godard, del dinamismo sin fin a la quietud del retrato del natural de una desnudez que el lápiz transforma en la necesidad de los alimentos de un bodegón.
Blutch recorre el amor como ese algo de imposible definición, como motor de búsqueda y ensoñación que se oculta en ese limbo entre lo imaginario y lo real, entre el sueño del que no se quiere despertar y la realidad que nos abraza con calidez y nos reconforta. Dinamitando todas las convenciones de la narración gráfica, de la propia idea de lo que entendemos por cómic, pero sin abandonar nunca la relación con su herencia y contexto, La nueva frontera consigue trasladar a la poesía del grafismo la esencia de ese sentimiento que desafía los acuerdos sociales y que no permite más definición que experimentar el amar y el ser amado.
La nueva frontera
Traducción de Regina López Muñoz. Sapristi Cómic, 2025. 72 páginas. 23,70 euros