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Una reivindicación del poder de la palabra frente a los autoritarismos

Sergio Ramírez, que recibirá este lunes el Premio Ortega y Gasset de Periodismo, dialoga con Gioconda Belli y Jesús Ceberio sobre Nicaragua, el exilio y Trump

La charla entre Gioconda Belli, Sergio Ramírez y Jesús Ceberio. Foto: Pablo Monge | Vídeo: EPV

De una lucha armada para derrocar a la dictadura familiar de los Somoza a la resistencia a través de las palabras desde el exilio para combatir a sus antiguos compañeros de lucha. La conversación entre los escritores nicaragüenses Gioconda Belli y Sergio Ramírez y el exdirector de EL PAÍS Jesús Ceberio en la mesa La palabra frente al poder en el festival por el 50 aniversario del periódico ha tenido este viernes el tono de una charla de viejos amigos. Todos han pasado del recuerdo de los años de la esperanza tras el triunfo de la revolución sandinista en Nicaragua al análisis de la situación actual del país centroamericano, al que ven como una nación olvidada en la agenda mediática, e incluso por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Inés Santaeulalia, redactora jefa de la web de EL PAÍS y moderadora de la mesa, ha tirado de hemeroteca para conectar las biografías de los escritores al leer extractos de una crónica que envió Ceberio el 6 de noviembre de 1984 desde Managua: “A Sergio Ramírez, de 42 años, le gustaría poder dedicarse alguna vez a su oficio de escritor, pero acepta con disciplina su nueva profesión de político, porque así lo exigen las precarias condiciones de su país”. Por aquel entonces, Ramírez era un “hombre imprescindible dentro del aparato gubernamental”, como describió el propio Ceberio —por aquellos años corresponsal en América Latina— en su texto: “Algunos diplomáticos occidentales le consideran como un importante sostén, desde la sombra, de Daniel Ortega, quien acostumbra a consultarle con discreción en las comparecencias públicas, sobre todo en política exterior”.

Arantxa Echevarría, Isaki Lacuesta, Víctor García León y Alauda Ruiz de Azúa, diseccionan sus procesos creativos y el desafío de contar historias. Foto: Carlos Rosillo | Vídeo: EPV

“Lo que añoro de todo eso son los 42 años que tenía entonces”, ha bromeado Ramírez, de 83 años, quien fue vicepresidente de Ortega entre 1985 y 1990, antes de romper con su antiguo compañero de lucha, que en 2021 le envió al exilio como ha hecho con cientos de escritores, periodistas y multitud de voces críticas. “Me parece una injusticia juzgar el fenómeno revolucionario por el nombre de la familia Ortega que lo ha mal usado. La visión de un joven de 18 años de hoy no alcanza a imaginar lo que fueron las revoluciones de Cuba y Nicaragua. La gran tragedia es que estas revoluciones terminaron en [Miguel] Díaz-Canel, [Nicolás] Maduro y [Daniel] Ortega y Rosario Murillo”, ha afirmado Ramírez, que el próximo lunes recibirá en Barcelona el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. “Nicaragua está olvidada hoy en día. Nadie se ocupa de ella. A lo más se habla de Venezuela por el petróleo, por el oro, pero Nicaragua no es del interés de nadie. Y esta dictadura familiar obscena se va petrificando”.

“Espero que el Premio Ortega y Gasset sirva justamente para eso, para denunciar a un régimen que ha creado un vacío interior que ha blindado al país”, ha dicho Ceberio al respecto. El exdirector de EL PAÍS (1993-2006), de 80 años, recuerda que, al llegar a la Nicaragua post Somoza por primera vez a finales de 1981, sintió un paralelismo con lo que había sucedido en España unos años antes, con la muerte de Francisco Franco. “Era el fin de una dictadura de 40 años; se habían exiliado muchos intelectuales de la República. La inmensa mayoría o no regresaron porque fallecieron, o volvieron después de la caída del franquismo. Esa exaltación la viví un poco en Nicaragua. Lo que ocurre es que empezó a fracturarse demasiado pronto”, ha dicho. Respecto a la situación actual de Nicaragua y a un posible fin del régimen de Ortega y Murillo, el exdirector de este periódico no ve “posibilidades reales” de que se constituya una oposición en el país con el sistema de represión vigente. “Solo cabe esperar la muerte biológica”.

“Imaginar no cuesta nada”, ha dicho Gioconda Belli, de 77 años, preguntada por si se podría pensar en un escenario similar al secuestro de Nicolás Maduro, que sucedió a principios de año en Venezuela. “Es poco probable que Trump le ponga atención a Nicaragua. No tiene nada que ganar”, ha dicho la escritora, quien ha insistido, además, en que no existe una figura como la de Delcy Rodríguez. “Se ha centralizado tanto el poder que los que quedan son absolutamente dóciles”.

Premiada con el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana o el Sor Juana Inés de la Cruz, entre muchos otros galardones, y como Ramírez exiliada en Madrid, Belli ha abogado, sin embargo, por el enorme poder de la palabra como acto de resistencia. “Aspiro a que no se pierda la cultura nicaragüense. No se venden nuestros libros. Mi último libro [Un silencio lleno de murmullos] no lo dejaron entrar en Nicaragua. [Ortega y Murillo] se van a morir, eso sí es verdad. ¿Qué va a pasar? ¿Van a quedar los hijos? Va a ser un sistema monárquico? Esa es la pregunta".

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