‘Cómo llegar al cielo desde Belfast’ o el talento de Lisa McGee
La normalidad es una serie de ficción que lleve la ciudad en su título y no nos remita a episodios violentos, a guerras fratricidas entre católicos y protestantes en Irlanda del Norte, sino a una disparatada historia de cuatro amigas
La normalidad, ese concepto social tan repudiado por los amantes de lo extremo y tan apreciado por la mayoría de los mortales, se puede medir de muchas formas: una de ellas es, por ejemplo, que al contemplar una serie de ficción que lleve la palabra Belfast en su título no nos remita a episodios violentos, a guerras fratricidas entre católicos y protestantes en Irlanda del Norte, sino a una disparatada historia de cuatro amigas residentes en la ciudad de Van Morrison y, sobre todo,...
La normalidad, ese concepto social tan repudiado por los amantes de lo extremo y tan apreciado por la mayoría de los mortales, se puede medir de muchas formas: una de ellas es, por ejemplo, que al contemplar una serie de ficción que lleve la palabra Belfast en su título no nos remita a episodios violentos, a guerras fratricidas entre católicos y protestantes en Irlanda del Norte, sino a una disparatada historia de cuatro amigas residentes en la ciudad de Van Morrison y, sobre todo, de George Best.
Lo mismo se podría afirmar de una serie rodada en el País Vasco como Romi, en la que no aparece por ninguna parte ETA. En lo referente a la normalidad irlandesa hablamos de Cómo llegar al cielo desde Belfast, la serie creada por Lisa McGee, responsable también de Derry Girls, y si en la primera de las series citadas, en Netflix, el conflicto sangriento ni siquiera se menciona, en la segunda la autora demuestra que unas adolescentes pueden sobrevivir y superar el fanatismo de unos y otros en los años sangrientos a través del humor. Son las ventajas del talento y de una cantera, al parecer inagotable, de excelentes actrices.
En las que pretenden alcanzar el cielo, tres de las cuatro amigas desde los tiempos escolares que, además, compartieron un terrible secreto en su infancia, se enteran ya en su madurez de que la cuarta ha muerto en extrañas circunstancias. Decididas a desentrañar el misterio, comienzan una serie de peripecias por toda Irlanda, aventuras plagadas de continuas sorpresas en una especie de montaña rusa de situaciones en las que nada es lo que parece y de unos estupendos paisajes en los que no se oculta nada, ni la espectacularidad de la naturaleza ni la proclividad al alcohol de los lugareños. Al fin y al cabo, hablamos de un país cuyo símbolo nacional es una cerveza negra.
Mantener el interés en una trama de estas características exige, como ya se apuntó, un guion potente y unas actrices como Roisin Gallagher, una especie de alter ego de la propia Lisa McGee, Sinéad Keenan, Caoilfhionn Dunne y Natasha O’Keeffe, capaces de ofrecer verosimilitud a unos personajes complejos en situaciones difíciles sin renunciar ni al humor ni al amor, ni siquiera a la imprescindible frivolidad. El mundo sería totalmente insoportable si solo existiera el rigor y la seriedad, algo que parece haber asimilado hace tiempo la tan mencionada Lisa McGee.