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El choque de clases y las relaciones de poder llegan a ‘Los Bridgerton’ con su versión de ‘Cenicienta’

La cuarta temporada de la serie de Netflix basada en las novelas de Julia Quinn expande su universo al adentrarse en las vidas de los sirvientes

En Los Bridgerton, hasta ahora los sirvientes solo eran parte del decorado. La serie de Netflix basada en las novelas escritas por Julia Quinn se centraba en las relaciones amorosas de la clase social alta de Londres, la que solo se preocupa por cuadrar su apretada agenda de bailes ...

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En Los Bridgerton, hasta ahora los sirvientes solo eran parte del decorado. La serie de Netflix basada en las novelas escritas por Julia Quinn se centraba en las relaciones amorosas de la clase social alta de Londres, la que solo se preocupa por cuadrar su apretada agenda de bailes y compromisos sociales y por buscar buenos maridos y esposas para los jóvenes casaderos. Es la clase social que genera los cotilleos que entretienen a la reina Carlota y a la que pertenece la familia protagonista. La cuarta temporada, que la plataforma emite en dos partes (cuatro capítulos el 29 de enero y otros cuatro, el 26 de febrero), por fin amplía su radio de acción y baja a las cocinas y las habitaciones del servicio.

Ese viaje hacia abajo viene por la historia de amor que sirve como motor de la temporada. En esta ocasión, el hermano protagonista es Benedict (Luke Thompson), segundo hijo varón de la familia Bridgerton. Bohemio, bisexual y un vivalavirgen que puede permitirse una existencia disoluta gracias a su discreta posición en la familia. En un baile de máscaras conoce a una misteriosa mujer que abandona el lugar a las doce de la noche, la hora marcada para que los asistentes descubran su identidad. Él solo conservará un guante y muy pocas pistas, y con ello intentará dar con ella. El espectador sí sabe que la dama plateada en realidad es Sophie Baek (Sophie Beckett en las novelas, con cambio de apellido motivado por el origen coreano-australiano de la actriz Yerin Ha). También sabrá el televidente que Sophie es la doncella/esclava de su propia casa. Hija ilegítima de un noble, su madrastra la mantiene como sirviente tras la muerte de su padre y lleva una vida de penurias que solo le permite soñar con codearse con la clase alta. Lo que puede parecer una versión moderna del príncipe azul en busca de Cenicienta se torcerá cuando la realidad se imponga y este príncipe no sepa reaccionar.

Vistos los cuatro primeros episodios, se agradece que Los Bridgerton hayan optado por ampliar la mirada para que entren en juego otros personajes. La diferencia de clases sociales entre los protagonistas hará que la relación se plantee de forma distinta y que la historia pueda ir un poco más allá en sus implicaciones sociales y morales. También da cabida a una heroína con unas formas más relajadas, menos encorsetadas y una frescura agradable. Sophie habla y se comporta diferente, a pesar de que sorprende a todos por tener una formación que corresponde a una clase más elevada. Es más fácil identificarse con ella, tanto por su forma de ser como en los dilemas que se le plantean, que con los dramas de la alta sociedad.

Entre la ligereza habitual de una serie en la que el entretenimiento es ley, la temporada incluye esta vez comentarios y reflexiones sobre el consentimiento y sobre su papel en las relaciones de poder. ¿Alguien que trabaja a tu servicio es realmente libre para consentir o lo hace por temor a ser despedido? La serie está ambientada en la Regencia, pero son reflexiones que siguen a la orden del día. A juzgar por el contenido del libro, la relación se complicará en la segunda parte de la temporada, pero habrá que ver qué camino y qué decisiones han tomado los guionistas respecto al protagonista: no sería la primera vez que novelas y serie difieren en aspectos importantes.

La historia no solo se adentra en el servicio a través de Sophie. La “guerra de las doncellas”, con una cascada de fichajes y movimientos entre las familias de la alta sociedad, agita la vida de Mayfair. A través del personaje de Francesca se habla de satisfacción sexual femenina, y se ahonda en el renacer sexual de Violet. Y el descubrimiento de la identidad de Lady Whistledown pone a Penélope en una nueva situación.

Todo eso es más o menos lo que se podría esperar de Los Bridgerton, lo interesante está en la nueva perspectiva social, la amplitud de miras y en la duda de cómo abordará la situación en los episodios restantes.

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