La tele de los que no tienen tele
La nueva novela de Emmanuel Carrère es, paradójicamente, muy televisiva
En algún momento de mediados de los años sesenta, Emmanuel Carrère descubrió que en las casas de sus amigos había algo que la suya no tenía: una televisión. En chez Carrère se mataba el aburrimiento leyendo, y así se conectó el futuro escritor con la cultura literaria, pero se desconectó de la torrentera de cultura popular que amalgamaba a su generación.
Lo cuenta en ...
En algún momento de mediados de los años sesenta, Emmanuel Carrère descubrió que en las casas de sus amigos había algo que la suya no tenía: una televisión. En chez Carrère se mataba el aburrimiento leyendo, y así se conectó el futuro escritor con la cultura literaria, pero se desconectó de la torrentera de cultura popular que amalgamaba a su generación.
Lo cuenta en su último libro, Koljós, un maravilloso monumento a la destrucción de monumentos, una granizada de piedra literaria contra el tejado propio. Es un libro, paradójicamente, muy televisivo: para la familia que no tenía televisión, la tele ha sido importantísima.
La relación distante y gélida entre la madre, la historiadora y académica Hélène Carrère d’Encausse, y el hijo, Emmanuel, tiene un clímax muy divertido en el programa Apostrophe, al que bien le cabe el cliché de mítico en la tele y en la literatura francesas. El relato de una entrevista conjunta en un episodio dedicado a padres e hijos escritores, y lo que pasó en el plató o no —porque Carrère es el menos fiable de los narradores, nunca sabes qué se inventa, cuándo juega y cuándo se somete a la verdad—, revela que, a veces, las cosas importantes suceden en directo y ante una cámara. No todo es fingimiento ni banalidad: la verdad también puede abrirse paso en prime time. Esto va en contra de casi toda la literatura occidental, que defiende que lo relevante ocurre en la intimidad, fuera de plano, en silencio y, a menudo, dentro de la conciencia del personaje, donde no se puede grabar nada.
Como autoridad intelectual, Hélène Carrère d’Encausse era una cara conocida que se hizo ubicua en los últimos meses de su vida, que coincidieron con los prolegómenos y comienzo de la guerra de Ucrania. La víspera de la invasión, la vieja historiadora dijo en un programa donde colaboraba que Putin jamás cruzaría la frontera. Su descrédito fue enorme. La burla, insoportable.
Para la alta cultura que se representa en este libro, la tele es a la vez un opio del pueblo y un instrumento de difusión ineludible; una forma de consagración pública y una trampa que hace pasar por imbéciles a los más sabios. Creo que está por escribir una historia de la tele que explore estas paradojas, esa atracción y repulsión de las élites intelectuales que, casi un siglo después de su invención, y con las pantallas multiplicadas hasta el infinito, aún no saben cómo actuar ni qué pensar sobre todo eso.