Oliver Laxe es una estrella
Hay treinta relaciones públicas dándole al tacón —y al teclado— en Los Ángeles para conseguir dos Oscar para ‘Sirât’
Leo que hay treinta propios contratados para espolear el voto a Sirât en los Oscar; treinta “relaciones públicas”, rezaba el titular. Ojalá la película se los lleve. Muy a favor de que el cine español gane premios. Pero lo interesante de Sirât, más allá que la propia película, es el personaje que nos ha descubierto.
Laxe ya era conocido con O que arde, y aún antes con ...
Leo que hay treinta propios contratados para espolear el voto a Sirât en los Oscar; treinta “relaciones públicas”, rezaba el titular. Ojalá la película se los lleve. Muy a favor de que el cine español gane premios. Pero lo interesante de Sirât, más allá que la propia película, es el personaje que nos ha descubierto.
Laxe ya era conocido con O que arde, y aún antes con Mimosas. Lo nuevo es la gloria, esa papilla de mala digestión hecha de destellos dorados, efluvios y metales pesados. No sé si hay alguien capaz de salir incólume de la gloria, y tampoco sé cómo de tocado llega cada uno a ella.
El jueves, La revuelta llevó a Oliver Laxe a su plató. Apareció de negro zen, meneando la magia de su melena, saludando con una amplia sonrisa. Manejó la entrevista con soltura, con ese tono de fingida humildad que le caracteriza. Rio cuando fue menester y fue cercano cuando correspondió. Es un director que funciona en entrevista. Se le permiten unas declaraciones que, hechas por un director diferente (uno que no sea tan guapo) serían recibidas con estupor y con alguna risa contenida. No me imagino a Basilio Martín Patino hablando del horóscopo, ni a José Luis Guerin diciendo que ha tenido una iluminación en a saber qué palmeral del Atlas. A Albert Serra sí le imagino diciendo lo que haga falta, solo que en su caso son boutades.
De cuando en cuando aparece un director que gusta en prensa: Santiago Segura, Nacho Vigalondo, Pedro Almodóvar, Los Javis. Todos ellos son buenos entrevistados y grandes generadores de titulares, y salvo Almodóvar, los demás son también actores. Por más que pienso no encuentro ningún caso remotamente cercano al de Oliver Laxe.
Triunfar con una película que guste a la crítica internacional y que funcione en taquilla es una rareza en nuestros tiempos. En Sirât, además de los méritos propios de la película, hay otro factor importante: el dinero. Hay mucho presupuesto en Sirât (imagino que mérito de Domingo Corral) traducido en tiempo de rodaje, comodidad en postproducción, y marketing. En calidad, vaya.
Los milagros existen, pero no se le olvide a nuestro apuesto antisistema que hay 30 relaciones públicas dándole al tacón —y al teclado— en Los Ángeles para conseguir dos estatuillas para su película. A saber con cuántos relaciones públicas cuentan el resto de cintas. Eso sí, aquí en España ha nacido una estrella: se llama Oliver Laxe.