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Traga mierda y resígnate a ella

El estupor de la gente ante la sensación de que nada funciona empapa múltiples asuntos de la vida cotidiana

Viajeros accediendo a un tren AVE en la estación de Zaragoza - Delicias.Carlos Rosillo

Enzensberger renegaría actualmente de un antiguo poema suyo, que iniciaba Poesías para los que no leen poesías. Decía así: “no leas odas hijo mío: lee los horarios de los trenes. Son más exactos”. Y ...

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Enzensberger renegaría actualmente de un antiguo poema suyo, que iniciaba Poesías para los que no leen poesías. Decía así: “no leas odas hijo mío: lee los horarios de los trenes. Son más exactos”. Y Agustín García Calvo, que exaltó la alegría, la ensoñación y el significado de los viajes ferroviarios en un hermoso libro titulado Del tren, constataría que el personal siente desconfianza o temor a utilizarlo, han sustituido la ilusión por el acojone. Podemos denominar como fatalidad a los últimos desastres, pero no hay duda de que el caos, la incertidumbre y el temor son los reyes desde hace tiempo. El estupor de la gente ante la sensación de que nada funciona empapa múltiples asuntos de la vida cotidiana. Ni Dios te va a explicar por qué se quedó el país en las tinieblas durante 12 horas. Eso volvió a ocurrir desde las cuatro de la tarde a las dos de la madrugada en mi calle y en otras cercanas del barrio durante la Nochebuena. Después de múltiples llamadas a teléfonos con voces grabadas alguien que parece real asegura que van a activarse los protocolos y que se avisará a las brigadas. Ni puta idea de lo que significa eso tan enfático y melifluo de activar los protocolos. También acabo de escuchar varias veces en la tele desde la elocuente boquita de responsables en el funcionamiento de los trenes idéntica frase: “desde la perspectiva del informe preliminar”. No son perversiones del lenguaje, sino simplemente la nada, algo habitual en el discurso de la clase política.

Y si acudes a los bancos, esos lugares ancestralmente siniestros que aseguran cuidar de tu dinero, alguien con tono educado o cansado te informará de que tienes que pedir anticipadamente una cita para hacer cualquier consulta. Y en los grandes almacenes, encontrar a alguien que te atienda se convierte en una aventura muy pesada. También es normal que no aparezca nadie o los seguros te cambien las citas concertadas si sufres desperfectos en tu casa. Desconozco orgullosa y suicidamente el universo de internet, pero me cuentan que los permanentes conflictos con los fallos o los misterios informáticos invitan al ataque de nervios.

Y sospecho que el lamentable estado de tantas cosas imprescindibles crea perplejidad, miedo e indefensión en la gente, pero que también alimentan la cólera, la desconfianza y la aversión hacia los que supuestamente dirigen el sistema. Todos ellos avalados por la legitimidad que otorgan los votos. Y todo seguirá igual. O peor. Que la ciudadanía se acostumbre a sobrevivir permanentemente en compañía de la mala hostia y de la resignación.

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