Adamuz: ¿injerencia o periodismo?
¿Preguntaría yo eso mismo en su lugar? Sin duda. ¿Tendría ganas de hablar con un periodista si tengo a alguien desparecido? En absoluto
Amanece el lunes y en X todos hablan de Adamuz. Me asomo curiosa, quizá morbosa, buscando cómo entretenerme mientras llego a Barajas. En la radio suena Carlos Herrera, que pide prudencia y dice que ahora es tiempo de pensar en las víctimas. En mi pantalla aparecen mensajes de colegas que responden a distintos usuarios de las redes sociales que hablan del accidente y canalizan su preocupac...
Amanece el lunes y en X todos hablan de Adamuz. Me asomo curiosa, quizá morbosa, buscando cómo entretenerme mientras llego a Barajas. En la radio suena Carlos Herrera, que pide prudencia y dice que ahora es tiempo de pensar en las víctimas. En mi pantalla aparecen mensajes de colegas que responden a distintos usuarios de las redes sociales que hablan del accidente y canalizan su preocupación por conocidos o familiares. “Hola, soy periodista. ¿Podría ponerme en contacto contigo para que me cuentes, por favor? Gracias”. Es un mensaje educado, cordial, casi automático, que me genera dudas acerca del lugar en el que quiero colocarme. ¿Preguntaría yo eso mismo en su lugar? Sin duda. ¿Tendría ganas de hablar con un periodista si tengo a alguien desparecido? En absoluto. O a lo mejor sí. Este artículo tiene de todo menos certezas.
Llego a mi lugar de destino tres horas y pico después. Mientras bajo unas escaleras le cuento a una colega que eso que he dejado en la pantalla de mi teléfono me genera profundas contradicciones. Que no sé si es injerencia en vez de periodismo, aunque siempre será mejor eso, la pregunta de una persona con nombres y apellidos con profesión y lugar de trabajo en la biografía de redes sociales, que llenarse el estómago con el ultraprocesado de cualquier youtuber u otros que también dicen ser periodistas. Hay algo ahí que me incomoda desde mi privilegiada situación de observadora desde donde me encuentro, geográfica esta semana y profesional desde hace un tiempo. ¿Tenemos que contar que los móviles de las víctimas sonaban sin cesar? ¿Tenemos que escuchar los audios de una persona fallecida llamando por teléfono para comunicar una incidencia?
Esa misma noche de lunes, Aimar Bretos despide su programa y da paso a Manu Carreño. Desde la habitación del hotel, mientras me desmaquillo, lo intuyo sujetando la adrenalina con la misma fuerza que el micrófono, deseando soltar aire. Carreño da la bienvenida a los oyentes de El larguero y dice que, como los compañeros han dedicado todo el día a hablar de Adamuz, toca hablar de fútbol. Y es ahí donde me quedo un rato hasta que me duermo, escuchando una tertulia en la que tampoco hay certezas sobre Vinicius y Arbeloa. Hoy, viernes, el madridismo vuelve a respirar tranquilo porque ya no hay dudas. Aunque yo siga sin saber si lo que hacemos en Adamuz y en tantos otros lugares sea injerencia en lugar de periodismo.