En memoria del cáncer de mamá

Ariadna tenía solo 15 años cuando a su madre le diagnosticaron un cáncer de mama. Una dura experiencia que le obligó a madurar deprisa. En 2016 fundó junto a su prima Save the Mama, un lugar de encuentro, información y apoyo a mujeres con esta enfermedad y que también recauda fondos para la investigación del HER2+, una variante muy agresiva

Si la historia de Ariadna y Jessica te ha hecho pensar y tú también quieres ayudar a esta causa para cambiar el mundo

ACTÚA

En casi todas las fotos del Instagram de Save the Mama se ven dientes. El perfil solo comparte sonrisas, mucho diseño y buen rollo. No hay hueco para el morbo, la compasión o el sufrimiento porque es un espacio de cobijo, apoyo y desconexión para que la comunidad de familiares y enfermas de cáncer de mama encuentren un lugar donde relajar miedos y sentirse arropadas. Y parece que funciona, ya son más de 11.000 seguidores.

El leitmotiv de la cuenta es la síntesis gráfica de una poderosa cicatriz, un pecho cosido que se dibuja en decenas de tazas, bolsas o camisetas de todas las tallas y colores y que anuncia un mensaje muy poderoso lejos del postureo y del lacito rosa. El símbolo es la huella que deja una enfermedad brutal que acaba con el 20% de mujeres que la padecen, que destruye las curvas que te identifican después de haber pasado un mar de miedos e incertidumbres, que deja suturas para siempre en cuerpo y alma y que te separa del maldito estereotipo del encanto social. Pero, sobre todo, es esa marca que pone en valor la lucha por reforzar la identidad del otro 80% de mujeres que sobreviven. Mujeres que trabajan por la desacralización del pecho, por reconstruir su salud y su autoestima, por enderezar el rumbo de sus vidas y, sobre todo, mujeres que hacen todo eso y más por otras mujeres.

Ariadna Sempere (22 años) y Jessica Orera (28) son primas y responsables de este bonito proyecto familiar que escucha, viste y acompaña. No son una ONG, no son una fundación, ni un gabinete psicológico, ni manejan cifras de escándalo; simplemente aportan la experiencia de una tragedia personal para tejer una comunidad que pueda ayudarse a sí misma y a otras mujeres.

La gran familia

La historia empezó cuando Ariadna tenía tan solo 15 años, una edad para construir castillos en el aire, no para bombardear sus cimientos. A Sonia –su madre– le diagnosticaron por primera vez un cáncer de mama. Esa zancadilla a su referente vital le puso en guardia y le echó unos cuantos años encima: “Fue un shock. Yo en ese momento recuerdo que el cáncer lo veía directamente como la muerte”, nos recuerda emocionada. Uno de los objetivos de su proyecto es, precisamente, combatir esa desinformación que degenera en pánico cuando te encuentras cara a cara con el drama. “Vas a tener secuelas físicas a raíz de la enfermedad y del tratamiento, psicológicas, emocionales, etcétera que, por mucho que el cáncer esté controlado por los médicos, te van a durar muchísimo tiempo”, nos recuerda Jessica, su prima del alma. Y nadie te prepara para superar todo eso.

Sonia, con sus hijas en 2000.
Sonia, con sus hijas en 2000.Archivo de la familia Sempere

Sin embargo, aquel trauma no desestabilizó ninguna estructura familiar, sino que tonificó la identidad de grupo, esa gran piña cultivada durante años por Sonia y la abuela Laura, la matriarca. Una elegante mujer de pelo y ojos plateados que siempre está en el centro de todo. “Mi abuela siempre ha tenido miedo a la soledad. Como no le gusta nada estar sola nos ha inculcado que no estemos nunca solos. Siempre ha buscado la manera de hacer cosas juntos: viajes, cenas, comidas...”, nos explica Ariadna.

Los siete enanitos (así se hacían llamar todos los primos) eran inseparables, compartían vidas y veranos en Barcelona mientras construían ese andamio de mil apoyos diseñado para compensar la rotura de cualquiera de sus patas. Y la pata que quebró fue la de Sonia. En octubre de 2016, cinco años después del diagnóstico, la madre de Ariadna y Mireia, tía de Jessica e hija de Laura, moría víctima del cáncer HER2+, una de las variantes más agresivas de la enfermedad. Otra cosa que aprendieron en este duro tránsito por lo desconocido.

Una sudadera de la marca Save the Mama.
Una sudadera de la marca Save the Mama.

Pocas semanas antes Ariadna tuvo la necesidad de hacer una última cosa por su madre, devolver todo ese cariño natural regalado, esa forma de consolar en su propia enfermedad con tanto optimismo. Y lo hizo soñando con la idea de recaudar los fondos necesarios para curar ese tipo de cáncer tan violento. Una utopía legítima que la familia recogió e hizo suya. Así nació Save the Mama, como un regalo para todos, como un sueño para ella.

Hoy tía Gina, tía Laurín y la yaya Laura se ocupan del stock y de las cosas de la tienda. Jessica de la parte de comunicación y desarrollo web y Ariadna y Mireia, las hermanas más unidas del mundo, están un poco en todas partes: con la atención al cliente, en los talleres, en la tienda... Pero sobre todo con el recuerdo inspirador de Sonia: “Cuando nos pasan cosas muy guays pienso que mi madre debe estar flipando. Nos hace sentirla viva todo esto”, dice emocionada Ariadna.

Todo está cerca en el local que tienen en el centro de Barcelona, quizás porque es pequeñito o quizás porque las chicas están siempre a la distancia de cogerte el hombro, de preguntarte y acompañarte en el dolor propio o ajeno. Un sofá, una mesita de té, fotos de amigas por las paredes; esa tienda se ilumina con la luz de un hogar y con las mismas sonrisas de Instagram no con el frío de un hospital. De allí han salido ya 7.000 camisetas y más de 18.000 euros donados a la investigación del HER2+ pero, sobre todo, un montón de talleres y abrazos; es un lugar donde aprender a cubrirse la cabeza de mil formas con un pañuelo, a gestionar tu resiliencia o, simplemente, para que puedan arroparse con manta, charla y cojines todas esas mujeres que están sufriendo una yincana de química y pruebas en el Hospital Clínic, a tan solo dos manzanas de allí.

Esa idea de cobijo y amparo se proyecta también en la escucha que hacen en redes sociales a mujeres anónimas buscando más refugio. “No me acuerdo de despertarme ningún día sin pensar en el '¿Volverá?'. Es injusto tener que vivir así después de todo”, comenta atemorizada una superviviente en Instagram. Nadie te enseña a gestionar y convivir con ese monstruo invisible que te acompañará el resto de tu vida, pero “hay cosas que son mucho más fáciles de compartir con alguien que está pasando por el mismo proceso que tú”, nos recuerda Jessica y el hecho de ver cómo otras mujeres acuden al mismo hilo para escuchar, consolar y compartir. Eso es Save the Mama, no solo un bonito logo en miles de camisetas.

No podemos predecir los baches del destino, pero sí elegir con quién protegernos en la dureza del camino. Encontrarse con una familia que abraza así a desconocidas, con gente apaleada por la vida que luego da la vuelta a su mala suerte para servir a los demás es un privilegio inspirador, un regalo que nos hace ese caprichoso destino para compensarnos y enseñarnos el buen camino a todos. Gracias.

Contenido adaptado del vídeo de Ariadna y Jessica

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Cuando la madre de Ariadna enfermó de cáncer de mama, Ariadna y su prima Jessica fundaron Save the Mama, una asociación que recauda fondos para la investigación y ofrece apoyo a pacientes, familiares y amigas.

Más información

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(Ariadna) Mi madre se notó un bulto, realmente era un cáncer de mama, le dijeron que no había nada que pudiese curarlo, ese momento fue un shock. Ella en todo momento mantuvo la esperanza y en ningún momento lo veía como algo que fuese a acabar con ella.

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(Jessica) Lo único que salva vidas realmente es la investigación, se nos ocurrió la idea de Save the Mama, que a parte de ser un pecho también es una palabra para identificar a la madre.

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(Ariadna) A mi madre le ilusionó mucho, nos apoyó y le gustó la idea, lo único que solo vio al principio. Me costó un poco cuando murió que arrancase el proyecto pero me animó toda la familia y Jessica estaba dispuesta a ayudarme.

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(Ariadna) Empezamos diseñando las camisetas y las bolsas.

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(Jessica) Si hay una camiseta de dos pechos, pues vamos a hacer una de mastectomía, ¿no?

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(Ariadna) Y de repente nos encontramos con un boom de gente que nos desbordó totalmente.

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(Jessica) Que nos conocieron a través de instagram, realmente tampoco nos lo esperábamos.

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(Ariadna) No solo gente próxima a ti, sino que también estás llegando a gente de otros continentes.

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(Jessica) El cáncer de mama no es solo un lacito de color rosa, vas a tener secuelas físicas, psicológicas, emocionales, etcétera, que por mucho que el cáncer esté controlado por los médicos te van a durar muchísimo tiempo. ¿Cómo podíamos ayudar en este proceso? A través de los talleres, de información, creando estos puntos de contacto entre pacientes. También utilizamos las redes sociales para escuchar reivindicaciones para que puedan generar sus propios grupos de apoyo, ¿no? Para mejorar la calidad de vida durante y después del tratamiento. Compaginarlo con nuestros trabajos, estudios y demás, no podíamos solas. Entonces se sumaron a nosotras al proyecto tía Gina, tía Laurin y la yaya Laura, que son las encargadas totales de que esté todo organizado y todos los pedidos salgan online.

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(Ariadna) El 100% de los beneficios que obtiene Save the Mama se destinan a la investigación.

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(Jessica) Nuestro objetivo al final es no hablar de un 20% si no de un 0% de personas que mueren por causa del cáncer de mama.

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(Ariadna) No hay que tener miedo a ello y que siempre se han de ver bellas, tengan dos pechos, tengan uno, no tengan ninguno.

02:47

(Jessica) Y puede ser igual de poderosa, igual de femenina, igual que lo que le dé la gana ser.

Este contenido ha sido elaborado por Yoigo.

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