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Slow Fashion Next, moda sin prisas para curar la industria

La ropa de usar y tirar es el paradigma imperante. Para muchos, es necesaria una revolución pacífica y Gema Gómez, que cree firmemente en una industria más justa con las personas y el medio ambiente, está dispuesta a liderar la batalla. Por eso fundó Slow Fashion Next, cocoordina Fashion Revolution España y apuesta por materiales sostenibles desde B2Fabric

Si la historia de Gema te ha hecho pensar y tú también quieres ayudar a esta causa para cambiar el mundo

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La oficina de Gema Gómez (Madrid, 1970) se ubica en plena Gran Vía madrileña así que, de camino a la cita, nos cruzamos con varias decenas de personas portando bolsas llenas de ropa recién adquirida. A pocos pasos de su portal, los hipnóticos escaparates de las grandes cadenas atraen compradores con novedosos caprichos. Hay maniquís vestidos igual que los influencers de Instagram; relucientes zapatos desprendiendo olor a plástico; bolsos de poliéster en oferta y kilos de algodón teñido con los colores de temporada. Los transeúntes que ocupan la acera donde trabaja Gema acaban de comprar una ínfima parte de los 100.000 millones de prendas que se producen cada año en el mundo.

A juzgar por la bulliciosa marea de gente haciendo shopping esta mañana cualquiera, los datos que recoge Greenpeace en el informe Time Out for Fast Fashion y comenta la experta parecen evidentes: el número de prendas que consume el ciudadano medio es un 60% superior al de hace 15 años, pero la vida útil de la ropa que contienen hoy los armarios se ha reducido a la mitad. Tan solo en España, cada año tiramos a la basura el equivalente al peso de 45.000 coches medianos en ropa y la mayoría olvidamos preguntarnos quién hizo nuestras prendas ni bajo qué condiciones laborales. En este contexto, la industria de la moda se ha convertido en la segunda más contaminante del planeta después del petróleo.

Una revolución pacífica

El escenario que traspasa Gema de camino a su despacho es el creado por el fenómeno fast fashion, opuesto al que encontramos cuando nos abre la puerta. En el interior de la oficina, los tejidos naturales de su marca B2Fabric cuelgan de los percheros invitando a la caricia: “Esta de aquí está hecha de hojas de piña”, muestra antes de empezar la entrevista. “Se trata de un nuevo material de cultivo ecológico, resistente y sostenible”. Ella viste una chaqueta en cuya etiqueta no encontraríamos las palabras Bangladés ni poliéster y su estilo aboga por la elegancia atemporal. Además de comercializar las telas que visten el espacio, Gema es la fundadora de Slow Fashion Next, la plataforma desde la que proporciona formación para inculcar valores de sostenibilidad en la moda e impulsa un directorio con más de 120 marcas responsables con el planeta y las personas que lo habitan.

Gema Gómez en su oficina de la Gran Vía de Madrid. ampliar foto
Gema Gómez en su oficina de la Gran Vía de Madrid.

Explica que lo que ocurre en la calle es producto de la “fast fashion o ultra fast fashion, como se empieza a llamar ahora, que son muchas colecciones anuales. Eso provoca un ritmo de consumo muy rápido en las tiendas; hay una especie de ansiedad de compra”. En la actualidad, apenas pasan dos semanas desde el diseño de la prenda hasta que esta aparece en las tiendas, algunas marcas lanzan 20 colecciones al año y existen comercios online que llegan a ofrecer mil nuevos productos diferentes cada mes. Pero Gema cree firmemente que un modelo alternativo es posible y necesario: “Slow fashion te propone que no se necesita tanto, que con dos colecciones al año están perfectas y lo que vale mucho más son los intangibles: el concepto de marca, lo que esa empresa está solucionando a través de su cadena de valor. Lo que es la cadena de producción o la cadena de suministro nosotros lo llamamos cadena de valor porque es una cadena en la que todos ganan”.

En la mesa de su despacho hay un libro más desgastado que el resto y subrayado hasta la saciedad: es Economía rosquilla, de la británica Kate Raworth, cuyo foco se encuentra en el agujero central sobre el que gira la economía circular, representando así las carencias de bienes básicos que sufren muchas personas y cuya cobertura debería convertirse en la prioridad. Entre las páginas de este libro Gema encontró la hoja de ruta con la que dar un giro a la moda y contribuir a solucionar la desbaratada economía actual. “¿El planeta es finito o infinito?”, pregunta, a sabiendas que la respuesta no encaja con el modelo actual. “El planeta es finito, entonces tendremos que crear cosas que estén dentro de los límites del planeta (...) Me gustaría ver una industria que nos cuida a nosotros, que cuida a nuestros hijos, que cuida a los trabajadores. Estamos en el siglo XXI y no es necesario tener tanto. Se pueden crear empresas mucho más razonables, más sensatas, más distributivas, que generen beneficios para todos”.

Gema, mientras lee a Yuval Noah Harari.
Gema, mientras lee a Yuval Noah Harari.

Además de Slow Fashion Next, Gema Gómez coordina junto con Alejandra de Cabanyes el movimiento Fashion Revolution en España, sirviendo de enlace entre profesionales del sector que persiguen unidos el sueño de una revolución pacífica: “Amamos la moda pero no queremos que nuestra ropa explote a las personas o destruya nuestro planeta”, dicta su manifiesto. El movimiento mundial del que es embajadora surgió a raíz del derrumbamiento en 2013 del Rana Plaza, el edificio que albergaba cinco fábricas textiles en Bangladés y que acabó con la vida de 1.134 personas. El desastre expuso a la luz pública la cara oculta de la moda y el mundo conoció con estupor el verdadero rostro de la ropa de bajo coste. Pero, por aquel entonces, Gema ya era consciente del nocivo engranaje de la moda rápida: había formado parte del mismo.

Un futuro sostenible

Fue durante los viajes a Asia como empleada en una gran empresa textil cuando empezó a intuir que algo no iba bien. Algunos compañeros aconsejaban “no visitar ciertas fábricas porque habían visto niños trabajando” y en los traslados observaba “ríos llenos de espuma” tiñéndose con los colores que unas semanas más tarde predominarían en las tiendas. Los informes de Greenpeace acabaron por confirmar sus sospechas: “Ahí es cuando yo empiezo a entender realmente el sector en el que estoy”, recuerda. “No tenía nada que ver conmigo ni con mis valores y yo no quería formar parte de eso”.

Gema, con 23 años, cuando visitó París a raíz de querer dedicarse a la moda.
Gema, con 23 años, cuando visitó París a raíz de querer dedicarse a la moda.

Cambio climático, explotación laboral, las llamadas ciudades del cáncer e incluso la desaparición de las abejas; la creadora de Slow Fashion Next enumera con datos concretos los efectos de la fast fashion: “Empecé a sentir casi como una necesidad contarlo. Había algo de lo que había vivido que necesitaba salir”. Al mismo tiempo, nunca dejó de amar la moda y, a pesar de las cifras que arroja como puñales, no está en contra de comprar ropa, ni mucho menos. Es justamente su profunda pasión por la moda lo que le proporciona impulso para recuperar su esencia: “Es una expresión cultural y social que tiene que representar lo que somos como cultura y como sociedad. Y si somos una camisa de plástico, yo no quiero ser eso. Yo prefiero ser otra cosa”. Cada vez son más los profesionales que, demostrando su creatividad y talento, ofrecen innovadoras alternativas a la moda rápida, y es ese el camino sobre el que Gema apunta la mirada.

Tiene claro que el futuro de las nuevas generaciones será sostenible y como ejemplo, antes de despedirnos, señala con entusiasmo el movimiento contra el cambio climático Fridays for Future impulsado por la joven activista Greta Thunberg. Gema nos recuerda que “el poder hoy en día, mucho más que en votar, está en los modelos de negocio que apoyamos con nuestra compra. Eso es lo que realmente cambia las cosas”. El movimiento slow fashion está de moda.

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Contenido adaptado vídeo de Gema

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Anualmente se producen 100.000 millones de prendas en el mundo. Como alternativa a la fast fashion, Gema Gómez creó Slow Fashion Next. Ofrecen formación en moda sostenible y un directorio de 120 marcas responsables.

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Tengo recuerdos de muy pequeñita de jugar con las muñecas y vestirlas, de estar haciéndoles faldas, además faldas como muy grandes.

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Con 23 años quería hacer algo que fuera creativo pero que al mismo tiempo pudiera ser una profesión, y la moda cubría un poco esas dos cosas. Y me decidí por ir a París.

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Me encantaba diseñar, me encantaba aquel mundo de creatividad, de dibujos, de colorido… A mí lo que hacía me apasionaba. Pero, claro, cuando empezamos a viajar más a las fábricas, empecé a descubrir lo que había detrás, es que no podía estar ahí.

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Hay niños trabajando, un niño no tiene que estar trabajando. Y, por ejemplo, ves un río y es un río lleno de espuma. En la fábrica te traen la comida y tú dices: “Dios mío, si este pez viene de ese río, lo que estoy comiendo no puede ser muy bueno”.

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Estas empresas iban allí de una manera muy prepotente, me horrorizaba la manera en la que les trataban. No podemos funcionar así. A mí aquello me sobrepasaba, no tenía nada que ver conmigo o con mis valores.

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Decidí aportar mi granito de arena y así creé Slow Fashion Next, con el objetivo claro de formar en moda sostenible para toda la industria, para el sector.

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El modelo actual, el modelo fast fashion que se llama, se basa en el crecimiento infinito. El planeta es finito, entonces tendremos que crear cosas que estén dentro de los límites del planeta.

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Para producir los 250 gramos de una camiseta se necesitan 2.700 litros de agua, que es lo que más o menos bebe una persona en tres años; una locura. Y encima, saber que para que yo me ponga 15 de esas camisetas hay una niña sin educación, explotada al otro lado del mundo, y que su vida va a ser eso, no me interesa.

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La moda es una expresión, al final, cultural y social, y tiene que representar lo que somos como cultura y como sociedad. Yo creo que las prendas tienen que ser bonitas por fuera y por dentro.

 

Este contenido ha sido elaborado por Yoigo.

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