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Beber agua para llevarla adonde más se necesita

Antonio Espinosa, Pablo Urbano y Luis de Sande son los fundadores de Auara, una marca de agua mineral natural 100% social y 100% ecológica que canaliza el agua hasta las personas que no tienen acceso a ella

Si la historia de Antonio te ha hecho pensar y tú también quieres ayudar a esta causa para cambiar el mundo

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En una de sus clases, mientras estudiaba Arquitectura en la universidad, un profesor pidió a Antonio y a sus compañeros que dibujasen el sonido de una regla de metal al golpear una pizarra. “Pintar el sonido; a mi aquello me pareció un reto enorme”, nos explica Antonio durante la entrevista. Quizás lo último que podía imaginarse entonces era que, apenas unos años después, el verdadero reto de su vida iba a ser encontrar la fórmula para llevar agua potable a cientos de miles de personas que no tienen acceso a ella.

A Antonio, la obsesión por el agua no le llegó de repente, sino que se gestó a lo largo de muchos viajes. Aprovechaba sus clases de Arquitectura durante el curso para poder irse durante las vacaciones muy lejos, al otro lado del mundo, todo lo lejos que él entendía que se encontraban otras culturas, otras formas de entender el mundo, otros modos de vivirlo. Durante sus viajes, se metía de lleno en la construcción y en experiencias de voluntariado que, poco a poco, fueron esculpiendo la motivación interior con la que él verdaderamente se sentía identificado. Uno no siempre sabe dónde está la persona que quiere ser, pero hay veces que la encuentra y, entonces, ya no hay forma de volver atrás.

Los problemas del agua

Cuando es algo habitual, caemos en el error de pensar que el agua solo es agua. No vemos, y ni siquiera intuimos, que para muchos millones de mujeres y niños significa más de tres horas de trayecto diario que les impiden hacer otras cosas imprescindibles como ir a la escuela o que les exponen a peligros tan tristemente cotidianos como estructurales (las agresiones sexuales). No vemos que la falta de agua arruina las cosechas de países enteros y llena de hambre los estómagos vacíos. No vemos las heridas que nunca se limpian, los minúsculos microbios que campan a sus anchas por estanques y charcos y que acabarán convirtiéndose en enfermedades mortales. Cada día mueren cerca de mil niños menores de cinco años a causa de las diarreas provocadas por las malas condiciones del agua, saneamiento e higiene.

En todo el mundo, 748 millones de personas tienen serios problemas para acceder al agua. Una cantidad que es como toda la población de Europa… pero, claro, no están en Europa. Es una de cada diez personas en el mundo… pero, claro, no las conocemos. El problema de las cifras es siempre el mismo: que no tienen nombre, ni padres, ni recuerdos, ni hermanos, ni infancias, ni futuro.

Espinosa, trabajando en uno de los pozos construidos por Auara. ampliar foto
Espinosa, trabajando en uno de los pozos construidos por Auara.

En uno de sus viajes, Antonio llegó a la región de Afar, en Etiopía, una de las zonas más cálidas y áridas del mundo. Afar es también el lugar donde se encontraron los restos más antiguos del hombre actual. Etiopía es realmente un mundo aparte en todos los sentidos, cuna de civilizaciones, de paisajes y tradiciones y uno de los países con la historia más rica del mundo (a los etíopes les encanta hablar con orgullo de sus hazañas históricas). Allí estaban ayudando a construir un quirófano en un hospital y, cada día, llegaba un montón de gente con problemas sanitarios que compartían, de un modo u otro, una relación directa o indirecta con la falta de agua. “Recuerdo una pareja de ancianos. El hombre venía con la pierna absolutamente gangrenada y necesitaba que se la amputasen”, cuenta Antonio. “En realidad, en origen el problema era solo una herida, pero al no tener agua para limpiarla, con el tiempo había degenerado tanto que ese hombre iba a perder su pierna”.

Ocurre con las cifras que cuando conoces de cerca una de las historias que esconden, ya nunca vuelve a ser una cifra. Le ocurrió a Antonio, que los números pasaron a ser nombres, a ser niños, ancianos, mujeres, el futuro. Y pasó que para Antonio el agua empezó a convertirse en una obsesión. “Poco a poco te vas metiendo en la rueda del agua, en todo lo que significa, y luego ya es muy difícil escaparte”, trata de justificar él.

Coherencia en medio de la competitividad

Después de aquel camino sin retorno al universo del agua seguirían otros tres viajes a Etiopía, de los que Antonio ya volvió siendo distinto. Una tarde de cumpleaños, él y su amigo de la infancia, Pablo Urbano, se entusiasmaron con la idea de crear una empresa social que les permitiese llevar agua a puntos del planeta donde no tienen acceso. “En aquel momento, montar una empresa social nos pareció lo más coherente y lo más fácil para conseguir lo que queríamos hacer. Quizás si no nos hubiera sobrado ingenuidad, hoy Auara no sería una realidad”.

Y así, sin miedos, sin filtros, y quizás sin consciencia, se lanzaron a vender agua en el que probablemente sea el sector más competitivo del mercado del consumo. “En todos los sitios a los que nos presentábamos nos echaban para atrás. Tardamos más de dos años en vender la primera botella y ahí todavía fuimos más conscientes todavía de lo difícil que era este mercado en el que compiten las multinacionales más grandes”.

Auara, que en amárico (el idioma oficial mayoritario en Etiopía) significa tormenta de arena, llegó al mercado para romper las reglas. Como empresa social, el 100% de los dividendos que generan con la venta de las botellas de agua se destinan a proyectos para llevar agua adonde las personas no tienen acceso. “El planteamiento no fue montar una empresa para vender botellas de agua, sino vender botellas para lograr llevarla donde hace falta”.

Antonio aparece en la foto con un niño beneficiado por la canalización de agua y saneamientos desarrollados en África gracias a Auara. ampliar foto
Antonio aparece en la foto con un niño beneficiado por la canalización de agua y saneamientos desarrollados en África gracias a Auara.

Pero, al reto del mercado competitivo, ellos añadieron sin dudarlo el de que la coherencia absoluta atravesase toda su actividad. “No puedes tratar de solucionar un problema favoreciendo otro más grande”, resume Antonio. El agua de sus botellas procede de Los Barrancos, en León y, para reducir el impacto ambiental, los envases se producen en España con un 100% de plástico (PET) reciclado, que no proviene del petróleo sino de reciclar otras botellas. Es la primera marca de agua que emplea este tipo de envases reciclados. Para optimizar el transporte, el diseño de las botellas es cuadrado, lo que permite ahorrar hasta un 20% de espacios en cada palé.

El poder extraordinario de los gestos cotidianos

Ese mismo rigor y coherencia que buscan para competir lo buscan también en los proyectos de agua y saneamiento que desarrollan. “Trabajamos siempre con socios locales que seleccionamos con mucho empeño y nos aseguramos de que tienen un impacto real, son transparentes y, sobre todo, tienen un seguimiento en el largo plazo”. Buscan la implicación absoluta de la comunidad local, que sean sus miembros los que perciban como necesario el proyecto y que, por tanto, entiendan la necesidad de cuidarlo. “Nosotros nos comprometemos a hacer un seguimiento de cada infraestructura durante cinco años porque, si construyes un pozo y después se estropea y nadie lo soluciona, generas un problema mayor del que habías solucionado”.

A día de hoy ya han conseguido llevar más de 13 millones de litros de agua a través de 37 proyectos en 15 países del mundo (la gran mayoría en África). No conocen sus nombres pero, para ellos, cada una de las 24.000 personas que se han beneficiado de los proyectos son igual de importantes que las que han elegido comprar una botella de agua para colaborar con el cambio. “Cuando voy por la calle y veo que alguien lleva una botella de Auara me dan ganas de darle un abrazo”, reconoce Antonio.

Pero con Auara no buscan solo responder a la necesidad de agua que tiene la población mundial y que en algunos lugares es mucho más difícil de satisfacer, sino que también sienten que ofrecen una opción (entre muchas otras) a esa otra necesidad tan humana de actuar y de hacer algo para cambiar las cosas.

“Queremos convertir un acto tan cotidiano como beber agua en un acto extraordinario. Creemos que la forma más fácil que tenemos las personas de poder influir en nuestro mundo está en lo que consumimos y en los valores que hay detrás”, concluye Antonio Espinosa.

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Contenido adaptado del vídeo de Antonio

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La falta de agua potable afecta a más de 700 millones de personas, la mayor pobreza del mundo. Antonio Espinosa decidió invertir todo su esfuerzo en la creación de una empresa social que dedica el 100% de los beneficios al desarrollo de proyectos de acceso al agua potable. Hoy, Auara es un agua embotellada española que cambia el mundo, y ha abierto pozos en más de 15 países.

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Para mí, la arquitectura era el trabajo que yo quería hacer, me gustaban muchos los rascacielos cuando era pequeño, no sé, lo veía como una responsabilidad muy grande porque luego es el paisaje que ve la gente.

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Tuve la oportunidad de irme a Etiopía; estuve un mes ayudando en la construcción de un hospital, en la región más pobre del país. Fui más con la inquietud técnica, quería conocer cómo era un proyecto, una obra por dentro. Allí me di cuenta de que la gente tenía muchas pobrezas materiales, pero la pobreza más grande que existía, la pobreza más terrible que había, era la falta de agua.

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Había muchos problemas de malnutrición, problemas estomacales, por beber agua contaminado, unas heridas terribles porque estaban infectadas porque no tenían higiene en casa para lavarse. Ahí tuve un poco el clic, ¿no?, el decir, el agua es como la base de la vida y es lo más necesario. La locura es que en el mundo hay 700 millones de personas que no tienen acceso a agua potable, así que decidí que quería dedicar mi vida a trabajar para intentar solucionar y luchar contra este problema.

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Montamos una empresa social para llevar agua potable a estos lugares, era una relación conceptual muy directa: yo bebiendo agua aquí ayudo a que otra persona pueda tener agua en otro lugar del mundo.

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Estamos llevando agua potable a más de 24.000 personas y hemos llevado saneamiento a casi 2.000 ya. No se trata solo de construir un pozo, de hacer una infraestructura, sino de que eso tenga impacto en el largo plazo y sea sostenible. Necesitamos que la gente conozca esto y hable de ello, ¿no?, pues el boca a boca, y el Facebook a Facebook, y el Instagram a Instagram, funcionan muy bien.

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Yo no dejo nunca de sorprenderme cuando voy por la calle y veo a alguien que lleva una botella de Auara en la mano; me dan ganas de darle un abrazo y muchas veces la gente flipa porque me acerco a alguien que va con su botella y le hago un comentario, le digo algo, le doy las gracias o le digo “Oye, esa botella que llevas es muy especial”.

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Al final, el concepto detrás de Auara no es tanto una botella de agua, una marca de agua, sino introducir lo extraordinario en lo cotidiano.

 

Este contenido ha sido elaborado por Yoigo.

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