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Yo a tu edad 

Uno puede creer que va tarde o va muy rápido según con quién se compare

Un joven mira anuncios de pisos en venta.EUROPA PRESS (EUROPA PRESS)

Hay biografías que abruman, tan precoces y llenas de vida. Importa apreciar esa diferencia, que es crucial: la diferencia entre la vida y el tiempo, porque hay quien vive mucho en pocos años y hay quien convierte su vida en una acumulación del tiempo, a la espera de que pase algo que igual no pasa nunca. Ocurre, claro, que la vida es una idea distinta para cada cual, como lo son el éxito y el fracaso. La vida, de hecho, puede ser algo distinto en nosotros mismos, según la hora a la que se nos pregunte.

Será por eso que se da tanta importancia a la edad de las personas. Es lo primero que...

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Hay biografías que abruman, tan precoces y llenas de vida. Importa apreciar esa diferencia, que es crucial: la diferencia entre la vida y el tiempo, porque hay quien vive mucho en pocos años y hay quien convierte su vida en una acumulación del tiempo, a la espera de que pase algo que igual no pasa nunca. Ocurre, claro, que la vida es una idea distinta para cada cual, como lo son el éxito y el fracaso. La vida, de hecho, puede ser algo distinto en nosotros mismos, según la hora a la que se nos pregunte.

Será por eso que se da tanta importancia a la edad de las personas. Es lo primero que vamos a mirar cuando buscamos información de cualquiera: los años que tenga. Así nos hacemos una idea de si son jóvenes o viejos, o sea de si lo son en relación a nosotros. En eso reside el punto crítico: en la comparación, porque es sabido que nosotros somos, aunque sea sin querer, la medida de todas las cosas.

Algunas personas escribieron a los 20 años su primer libro y a los 23 el segundo, y a los 30 ya eran escritores de renombre. A algunos médicos o periodistas o funcionaros o arquitectos les llegó antes el reconocimiento que la madurez, sin la que no se sabe bien de qué sirve el reconocimiento. Uno puede sentir la plenitud según con quién se compare. Uno puede creer que va tarde o va muy rápido según con quién se compare. En cambio, no hay edad en la que se aprenda que cada uno lleva su ritmo para alcanzar metas distintas: esa epifanía, tan liberadora, no la dan los años, sino la vida.

Será la vida la que nos someta al rigor de las comparaciones ajenas, y quizá tengamos que sobreponernos al yo a tu edad ya tenía piso y yo a tu edad ya había ahorrado y yo a tu edad ya sabía qué quería hacer y con quién, como si la vida fuera siempre la misma y al mismo coste. Como si no cambiaran las cosas y los precios. Como si no bastara con llegar a la conclusión de que, antes que afectarse por el juicio de los demás, conviene ser justo con nuestros tiempos: que el éxito o el fracaso nunca lo son en relación a los demás, sino con uno mismo.

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