Ir al contenido
suscríbete

Cómo ser racista sin parecerlo

La herencia de François Duprat, el hombre que inventó el Frente Nacional francés, está en las ideas discriminatorias de la “prioridad nacional”

Presentación de los candidatos del Frente Nacional a las elecciones legislativas francesas de 1978. El lema, "los franceses, primero". Michel ARTAULT (Gamma-Rapho via Getty Images)

François Duprat tenía 37 años, conducía hacia la escuela donde daba clases e iba a convertirse en el mártir del Frente Nacional. Estamos a finales de los setenta del siglo pasado y el drama de la violencia política era real en toda Europa. Como si plantase semillas de odio, este profesor de historia había estado en casi todas las batallas del renacimiento de la extrema derecha en Francia desde hacía tres lustros. No había grupúsculo o revistilla radical donde este revisionista, antisemita y anticomunista no hubiese depositado teorías para revitalizar un proyecto condenado por la derrota del fa...

Suscríbete para seguir leyendo

Lee sin límites

François Duprat tenía 37 años, conducía hacia la escuela donde daba clases e iba a convertirse en el mártir del Frente Nacional. Estamos a finales de los setenta del siglo pasado y el drama de la violencia política era real en toda Europa. Como si plantase semillas de odio, este profesor de historia había estado en casi todas las batallas del renacimiento de la extrema derecha en Francia desde hacía tres lustros. No había grupúsculo o revistilla radical donde este revisionista, antisemita y anticomunista no hubiese depositado teorías para revitalizar un proyecto condenado por la derrota del fascismo. Cuenta la leyenda que trabajó a la vez para varios servicios de inteligencia y sigue sin estar claro quien cometió el atentado que acabó con su vida cuando estalló el coche. Para su colega Jean-Marie Le Pen, fue la extrema izquierda radical; se dijo que lo había reivindicado un grupo sionista e incluso se ha barajado la posibilidad que lo matase otro grupo de la derecha radical. Lo seguro es que una bomba mató a aquel personaje tóxico y fascinante.

A él se debe la identificación de un anzuelo para pescar en el malestar social con un argumento que blanqueaba lo que subyace aún en esa propuesta: la aprobación y aplicación de políticas racistas desde las instituciones. “La deuda que tenemos contraída con él es impagable”. Así lo afirmó en su blog Ernesto Milà, un veterano neonazi español que en 2023 publicó textos de Duprat en su editorial revisionista. “Fue quizás uno de los doctrinarios que intentaron por todos los medios encontrar equilibrio y ponderación a su nacionalismo–revolucionario e incluso expresarlo a través de unas propuestas estratégicas que difundió hasta su muerte”. Estas propuestas tuvieron su mejor concreción en el memorándum que Duprat redactó pocos meses antes de ser asesinado y que fue clave en la reformulación del racismo como reclamo electoral de cara a las legislativas francesas de 1978. Lo analizan el documentalista Joseph Beauregard y el historiador Nicolas Lebourg en su biografía de Duprat. ¿Cómo penetrar en el electorado obrero? “Hay que saber lo que se quiere: agradar a un grupo militante y malhumorado o a un simpatizante vago, o ganarse a miles de votantes y miembros para nuestras tesis”. No habría opciones de llegar al poder sin penetrar en el espacio del Partido Comunista. La táctica era dejar de hablar de raza. La clave era hablar de inmigración.

“Tenemos un activo político esencial, el de imponer la ecuación Inmigración (en estado de crisis económica) = desempleo acentuado”. Esa idea se coló en el lema de campaña de Le Pen: “Un millón de desempleados es un millón de inmigrantes que sobran. ¡Los franceses primero!”. Esta era la semilla de la retórica de “la preferencia nacional” que ha sido recurrente en la propuesta ideológica de la extrema derecha francesa. A partir de un momento determinado, como veo en un video de Le Monde que encadena intervenciones de sus dirigentes, los líderes del partido introdujeron una variación léxica en su formulación: “La prioridad nacional”. Aunque tal vez lo más significativo sea el resumen del programa electoral con el que Jordan Bardella se presentó a las elecciones legislativas de 2024 para ser primer ministro de Francia. En un apartado se explicita cómo puede preservarse “el pueblo francés” de su disolución por la inmigración: limitar el acceso a las prestaciones sociales, obligar a presentar las peticiones de asilo en consulados y embajadas, aumentar las sanciones a los empresarios que contraten trabajadores sin papeles. Y, si fuese necesario, institucionalizar la “prioridad nacional” en la Constitución, a través de un referéndum.

Archivado En