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La UE se libra de Orbán

La desaparición de escena del líder ultra húngaro debe ser aprovechada para prevenir nuevos intentos de boicotear la Unión

El vencedor de las elecciones húngaras Peter Magyar, este lunes en una comparecencia ante la prensa en Budapest.TIBOR ILLYES (EFE)

Las elecciones legislativas celebradas este pasado domingo en Hungría han puesto fin a la era de Viktor Orbán de una manera tan aplastante como saludable para el futuro del país y del conjunto de la Unión Europea. Con una participación masiva, los húngaros han otorgado a la oposición liderada por Péter Magyar un mandato inapelable para frenar y corregir la deriva iliberal y antieuropea emprendida por Orbán durante sus 16 años en el poder.

Magyar, que procede de las filas del partido de Orbán (Fidesz), ha logrado una supermayoría que le permitirá acometer reformas de gran calado para devolver a Hungría a la senda democrática y europea. Una gran baza de 138 escaños suficiente para recuperar los logros democráticos de Hungría tras la caída de la Unión Soviética y perdidos bajo Orbán: la independencia judicial, la libertad de los medios de comunicación y de la actividad académica, o los principios de igualdad de derechos.

La salida de Orbán también facilitará una posición común de la UE en ciertos temas de política exterior, en particular, en la ayuda a Ucrania y en las sanciones a Rusia, sujetas hasta ahora a las trabas y chantajes del húngaro.

La espoleta para una sacudida de este calibre ha sido, primero, el estancamiento económico sufrido por Hungría en el último lustro. Pero el hecho de que la mayoría de los partidos políticos, desde el centro a la izquierda, hayan renunciado a concurrir para favorecer a la formación de Magyar (Tisza) indica un deseo mayoritario no sólo de una recuperación económica sino también de la vuelta de Hungría al consenso europeo de valores democráticos y libertades fundamentales que nunca debió abandonar.

El futuro gobierno de Magyar contará con el incentivo de liberar los miles de millones de euros en ayudas comunitarias que Bruselas mantiene bloqueados a Hungría por las violaciones al Estado de derecho cometidas por los ejecutivos de Orbán. La agenda conservadora de Magyar, o incluso ultraconservadora en algunos puntos, no debe ser óbice para que Budapest mantenga una relación pragmática y constructiva con el resto de la Unión.

El futuro primer ministro ya ha dado señales en esa dirección al anunciar que sus primeros viajes oficiales serán a Polonia, enemistada con Hungría por los lazos de Orbán con el Kremlin, y a Bruselas, donde las autoridades comunitarias le esperan con los brazos abiertos y dispuestas a restablecer la relación.

Porque la UE se ha librado de un Gobierno cuyo peligro no radicaba tanto, o no sólo, en sus políticas como en su labor de zapa en el interior de la UE, donde se ha comportado al servicio de líderes como Putin o Trump que no ocultan su intención de socavar y demoler la UE.

La salida de Orbán despeja en gran parte esa amenaza interior, pero ni mucho menos resuelve los grandes retos que afronta la Unión. Los vetos de Orbán, por incómodos que fueran, no han logrado nunca frenar del todo las iniciativas comunitarias, mientras que las discrepancias entre Alemania y Francia mantienen bloqueada desde la unión bancaria a la de mercados de capital o el nacimiento de una verdadera defensa europea. Europa debería aprovechar la oportunidad que ofrece la derrota del populismo euroescéptico en Hungría para avanzar en su integración antes de que la internacional ultranacionalista se recupere del golpe recibido este domingo y logre hacerse con alguna de las capitales europeas que disponen de la fuerza que le faltaba a Orbán para hacer saltar por los aires la Unión Europea.

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