Otra victoria de Carolina Marín
La última lección de la gran campeona de bádminton ha sido retirarse para no arriesgar su salud
Carolina Marín se ha retirado convertida en leyenda. Con un impresionante palmarés deportivo, la campeona onubense deja las pistas, con 32 años, siendo mucho más que una colosal jugadora de bádminton: es un “ejemplo de superación, fuente de inspiración y transmisora de valores, dentro y fuera de la pista”, en palabras de la Fundación Princesa de Asturias al concederle el premio de los Deportes en 2024.
Pero más allá de lo simbólico, su gran logro fue mantenerse en la cima mundial en una disciplina que resultaba exótica para la tradición deportiva de España: la Federación de Bádminton no se constituyó hasta diciembre de 1983. La volantista logró reinar en el podio en un juego históricamente dominado por las jugadoras asiáticas, en cuyos países se ha convertido en una celebridad.
Sus 10 años de carrera profesional son una sucesión de títulos que han hecho historia: fue tres veces campeona del mundo —en 2014, 2015 y 2018— y plata mundial en 2023; además, ganó siete campeonatos de Europa y conquistó el oro olímpico en los Juegos de Río, en 2016. Siempre será un referente deportivo por su coraje en la pista, su mentalidad competitiva y su audacia en los momentos decisivos.
No en vano lleva tatuada en el costado izquierdo la palabra “resiliencia”: su carrera ha sido también una exhibición de esta capacidad suya para adaptarse a las dificultades y levantarse tras duros reveses, como sus tres gravísimas lesiones en los ligamentos cruzados. La última y definitiva, en los Juegos de París de 2024: su juego volaba hacia la final olímpica cuando, de repente, la rodilla derecha se quebró, abatiéndola sobre la pista en un quejido de dolor que dejó petrificados a los espectadores.
Le hacía ilusión terminar su carrera desde la pista de juego en su tierra natal, participando en el campeonato europeo que comienza este 6 de abril en el pabellón deportivo que lleva su nombre en Huelva. No ha podido ser. “No quiero poner en riesgo mi cuerpo”, explicaba en el vídeo que publicó el jueves en las redes sociales para anunciar su retirada. Otra muestra de su inteligencia y carácter en un entorno como el deporte de élite, en el que predomina la épica de las carreras construidas sobre el dolor y el sacrificio llevado a niveles extremos, incluso a costa de la salud.
Marín fue un ejemplo de lucha y fiereza en este ambiente de presión. Pero ha vuelto a convertirse en referente para las nuevas generaciones de deportistas al priorizar su bienestar físico y mental por encima de la competición. Ha enseñado que escuchar al propio cuerpo no es rendirse, sino una muestra de madurez y autocuidado. Eso también forma parte del aprendizaje del deporte. Otra victoria de Carolina Marín.