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Vecinos invisibles

Los estudios señalan sólidos argumentos económicos a favor de la regularización, pero lo importante es que es gente de carne y hueso que ya vive entre nosotros

“Deje de avergonzar a esta Iglesia”. Así comienza el durísimo comunicado firmado por más de cien personas vinculadas a la Iglesia asturiana en respuesta al arzobispo de Oviedo. Decía Jesús Sanz Montes sobre la regularización de inmigrantes que “todos no caben”. Al prelado parece no importarle que Cáritas ...

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“Deje de avergonzar a esta Iglesia”. Así comienza el durísimo comunicado firmado por más de cien personas vinculadas a la Iglesia asturiana en respuesta al arzobispo de Oviedo. Decía Jesús Sanz Montes sobre la regularización de inmigrantes que “todos no caben”. Al prelado parece no importarle que Cáritas sea una de las promotoras de la iniciativa legislativa popular (ILP) donde nace esta regularización o que la Conferencia Episcopal la apoye. Monseñor politiza la inmigración y desoye a León XIV cuando afirma que la misión de la Iglesia “es construir puentes, no muros, ver hijos donde otros ven amenazas y descubrir que cada migrante rechazado es Cristo llamando a la puerta de la comunidad”. Hasta parece olvidar que los inmigrantes cuya situación se regulariza ya están aquí. Ya caben.

La postura del arzobispo se asemeja a la de nuestras derechas. A la de un Vox, experto en criminalizar a los migrantes de cualquier edad, y su teoría del reemplazo poblacional. Al llamativo quiebro del PP, que ahora dice que todo es una estratagema de Pedro Sánchez para alterar las próximas elecciones y un nuevo anuncio de colapso. Como si no supieran que regularizar es dar permiso de residencia y trabajo, no nacionalidad. Y que sin nacionalidad no se vota en unas elecciones generales. Como si Borja Sémper no hubiera dicho en agosto de 2024 que a los inmigrantes sin papeles había que “darles una salida, faltaría más”, defendiendo la vocación de partido de Estado de su formación frente a la política de “bandazos”, “improvisación” y “patada hacia adelante del Gobierno”.

Frente al ruido, los estudios señalan sólidos argumentos económicos a favor de la regularización. El más evidente, que permite transformar una realidad de economía sumergida en contribución neta al Estado. Pero además de mejorar la recaudación fiscal, también impulsa la actividad económica general, contribuyendo a un aumento del PIB, reforzando el sistema de cotizaciones o apuntalando las pensiones. Y es que los números nos cuentan que ocho de cada 10 personas que llegaron a España durante el siglo XXI se han incorporado a la población activa.

Pero quienes viven entre nosotros sin papeles son mucho más que una abstracción estadística. Son personas que ríen y sufren, trabajan en el campo, nos ponen un café, limpian nuestras escaleras o sostienen la mano de nuestros mayores mientras son invisibles para el Estado. Regularizar su situación permite sacarlos de la sombra, que aporten al sistema público y vivan con plenos derechos.

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