Contradecir la contradicción
Todo aquello que hacemos por capricho nos delata y nos explica mejor que tanta soflama y pantomima en redes
Los dogmas políticos embarrancan siempre en contradicciones. Porque resulta muy complicado aplicar una doctrina firme sobre algo tan flexible como es la sociedad. Además, el componente de capricho en las actuaciones humanas no se puede despreciar, porque significa la más alta traslación del espíritu al acto cotidiano. Todo aquello que hacemos por capricho nos delata y nos explica mejor que tanta soflama y pantomima en redes para parecer quienes no somos. A menudo vemos a gente tirarse de los pelos de incredulidad porque no entienden que el voto de una parte importante de la clase obrera haya v...
Los dogmas políticos embarrancan siempre en contradicciones. Porque resulta muy complicado aplicar una doctrina firme sobre algo tan flexible como es la sociedad. Además, el componente de capricho en las actuaciones humanas no se puede despreciar, porque significa la más alta traslación del espíritu al acto cotidiano. Todo aquello que hacemos por capricho nos delata y nos explica mejor que tanta soflama y pantomima en redes para parecer quienes no somos. A menudo vemos a gente tirarse de los pelos de incredulidad porque no entienden que el voto de una parte importante de la clase obrera haya virado hacia la derecha conservadora por la animadversión ante la llegada de los inmigrantes. Y, sin embargo, forma parte de esa mutación constante de la sociedad, receptiva a que le doren la píldora. El impacto migratorio, es evidente, favorece al desarrollo económico del país, por eso debería ser la patronal la que demandara constantemente desde su posición de poder la regularización de aquellos que pululan por el país sin permiso de trabajo. Sin embargo, cuando lo hacen, si es que lo hacen, lo hacen en voz tan baja que nadie les escucha. De este modo, el discurso de la ultraderecha pocas veces afea a los empresarios la demanda de mano de obra extranjera, que sería el efecto llamada del que tanto hablan, sino que se centra en seguir culpando a los más débiles por querer revertir su destino cruel.
Los barrios obreros, que son los que reciben a los recién llegados, tienen que gestionar el impacto social sin que nadie desde el poder económico les eche una mano ni la izquierda ofrezca soluciones. De ahí el posicionamiento de clases humildes en favor de una xenofobia urgente y poco elaborada. Las protestas de la derecha española por la regularización de inmigrantes que ya tienen arraigo en el país ha sido un ejercicio de retórica basado en un bulo, el del relevo del censo. Incluso en algunos casos podría suceder que el inmigrante latino, precisamente el que se va a beneficiar en buen número de la nueva regulación, se inclinara, como ha sugerido un miembro del partido de Marine Le Pen, hacia un catolicismo conservador cuya deriva electoral no es para nada progresista. Así que la mentira es además una patraña. En cualquier caso predecir lo que votarán años después los ciudadanos que logran la nacionalidad es un ejercicio estúpido, porque será su capricho el que resuelva esa duda. Y ellos harán como todos, votar según les vaya en la feria. Alimentar bolsas de inmigración sin papeles solo beneficia a la economía sumergida, que es una pata de nuestra empresa difusa pero muy suculenta. Ahí entra desde el ingente negocio de la prostitución hasta la explotación laboral que elude las normativas y las inspecciones.
Parecida contradicción ha asomado la pata después del trágico accidente ferroviario que ha dejado 46 víctimas mortales. Algunos han corrido a exigir que los gastos de mantenimiento de las vías se multipliquen para ofrecer garantías máximas de buen servicio. Pero son, curiosamente, los mismos que en campaña reclaman que el Estado reduzca su factura y se rebajen los impuestos, el funcionariado y las redes de vigilancia y control. Sinceramente, la ecuación no cuadra. Lo queremos todo a coste cero. Y nadie quiere explicar que las infraestructuras españolas son las que más sufrirían si aceptáramos la exigencia de los Estados Unidos para elevar al 5% del PIB nuestro gasto militar. Y así, envueltos en una red de contradicciones nos tragamos los dogmas equivocados que nos venden gente que se pone muy seria y muy autoritaria.