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Por qué los hombres son tan (pero tan) sumisos

El servicio militar alemán es un recordatorio de que el cuerpo de los hombres pertenece al Estado. Y ese varón sometido todavía pretende someter a “su mujer” cuando llega a casa

El canciller alemán, Friedrich Merz, durante un acto del Ejército en Berlín, en marzo de 2023.Florian Gaertner ( Imago / Contacto )

Se ha liado un poco en Alemania porque una nueva ley de la mili obligaba a los hombres de entre 17 y 45 años a pedir permiso para salir del país más de tres meses. Menos mal que ...

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Se ha liado un poco en Alemania porque una nueva ley de la mili obligaba a los hombres de entre 17 y 45 años a pedir permiso para salir del país más de tres meses. Menos mal que el Parlamento ha reculado y ahora dice que mientras no haya guerra pueden ir y venir a su antojo. Lo que sí recibirán los hombres y mujeres alemanes mayores de 18 años es un formulario para evaluar su motivación y aptitud para el servicio militar. Lo recibirán también las mujeres, pero solo ellos tendrán la obligación de responder, además de pasar un reconocimiento médico y decir dónde viven para que puedan estar localizables en todo momento. Y yo me pregunto: ¿por qué la idea de someter exclusivamente el cuerpo de los varones a la guerra no hace que toda Europa ponga el grito en el cielo?

El pacto implícito en esta medida es que el cuerpo de los hombres pertenece al Estado y por tanto a la ley. Que en el seno de Europa, los varones pueden tener libertad de pensamiento pero no libertad de cuerpo. ¿Y cómo puede ser que no estén todos los hombres de Europa clamando en su contra? La razón por la que los machos aceptan someter su cuerpo al Estado es porque hay una contrapartida implícita en esta exigencia y es que cuando llegan a casa ellos son la ley. O dicho de otra manera: el cuerpo de los hombres pertenece al Estado, pero, en contrapartida, el de las mujeres pertenece a los hombres.

Querido varón, es usted casi libre, dice el Estado. Puede usted tener libertad de pensamiento siempre que su culo esté geolocalizado y sumiso. Haga lo que quiera con su alma y su dinero, pero recuerde que su cuerpo es solo mío. Que es exactamente lo mismo que el varón sometido exige a “su mujer” cuando llega a casa. Puedes salir e ir con tus amigas, pero que yo sepa dónde estás, que respondas a mis llamadas en el acto, que te tenga siempre localizada. Porque, querida, eres libre de votar, pensar y hasta ganar tu propio dinero, pero nunca olvides que tu cuerpo me pertenece.

Jugarse la vida por el Estado no tiene ningún sentido en un contexto donde las mujeres ya no aceptamos que los hombres manden en casa ni en nuestros cuerpos ni en ningún espacio público por encima de nosotras. De hecho, el soldado sumiso bien podría tener que obedecer a la coronela o generala una vez metido en harina. Entonces, ¿qué les pasa a los hombres?, ¿por qué son tan sumisos? Pues porque muchos obedecen a una ley injusta basándose en la glorificación de cualidades, como el valor y aspiraciones, como el heroísmo y la gloria, que todavía alimentan la vieja ideología masculina.

¿Y las mujeres? ¿Por qué no denunciamos esta discriminación que pretende obligarnos a quedarnos en casa a cuidar de niños y ancianos en caso de guerra y que alimenta el machismo en el imaginario heroico masculino? Es porque nuestra desobediencia está fuera de toda duda. No vamos a obedecer ni en la guerra, ni en la casa, ni en el trabajo ni en la pareja. Las mujeres somos los sujetos políticos menos manejables de este siglo y el Estado lo sabe. Y solo falta que los héroes espabilen de una vez, den la espalda al machismo y se sumen a la rebeldía feminista. Al final tendrán que elegir entre feminismo o muerte, ellos también.

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