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El imán fiscal vasco para los rodajes

La región consolida un modelo basado en incentivos públicos y nuevas infraestructuras que refuerzan su industria audiovisual

Euskadi ya no solo compite por proyectos audiovisuales, sino por el modelo que los hace posibles. A la sombra de acantilados, calles patrimoniales y estudios 3D, las diputaciones forales han sabido tejer un ecosistema que convierte los rodajes en laboratorio vivo de innovación. Y los incentivos fiscales, lejos de ser un complemento, se han convertido en palanca. “Hay dos vertientes: ayudar a crecer a las productoras independientes, e impulsar el ecosistema audiovisual atrayendo rodajes externos, nacionales e internacionales”, señala Egoitz Rodríguez, presidente de Baleuko, productora vasca con trayectoria en animación, ficción y documental.

Los tres territorios históricos encadenan varias campañas de crecimiento sostenido al calor de un marco fiscal propio que inauguró Bizkaia en 2023. Un año después firmaba su mejor curso reciente: 168 producciones apoyadas por la Bilbao Bizkaia Film Commission, en un terreno fértil donde conviven la serie Kill Jackie, protagonizada por Catherine Zeta-Jones, y el rodaje de The Walking Dead en el museo Guggenheim. La San Sebastián–Gipuzkoa Film Commission registró 33 proyectos ese mismo año y suma ya una treintena más hasta septiembre de 2025, con Berlín o Cada día nace un listo, de Arantxa Echevarría, entre los nombres propios. En Álava, la oficina provincial cuadruplicó su actividad hasta superar el medio centenar de proyectos gestionados el año pasado.

El escaparate no es casual. Los tres territorios comparten una arquitectura común: deducir en torno al 60% de los costes de producción —hasta el 70% si la obra es íntegramente en euskera—, con mejoras adicionales para determinados proyectos; “sea porque participen mujeres o porque estemos ante óperas primas”, desgrana Irene González, abogada experta en estructuración de proyectos audiovisuales en LKS Next Legal, entre otros ejemplos.

Las diferencias residen en los porcentajes concretos y en el volumen de gasto exigido en cada territorio, si bien el conjunto queda muy por encima del estatal, que se limita al 30% sobre el primer millón de euros y al 25% sobre el resto, “lo cual refleja que la deducción estatal es notablemente inferior a la foral”, recuerda González.

Estrategia efectiva

El impacto real se mide en proyectos que hoy sí logran cerrar su financiación. Un ejemplo reciente: la producción de la serie Odol Illargia, íntegramente en euskera, con la financiación de la televisión pública vasca y los incentivos fiscales. “Solo con ETB como agente financiero habría sido impensable”, resume Egoitz Rodríguez desde Baleuko, encargada del proyecto que verá la luz en 2026. En el otro extremo, los incentivos les han permitido coproducir proyectos consolidados como la serie Momonster, de Clan TV, a la que han podido aportar músculo financiero y una capacidad tecnológica y de I+D que también se alimenta de ventajas fiscales.

Para las empresas locales el cambio es cualitativo. “Antes, cerrar un presupuesto implicaba ceder a una cadena o plataforma parte de la propiedad y derechos de explotación”, explica Rodríguez; “con las deducciones, el capital entra a través de inversores que buscan rentabilidad, pero se mantienen los derechos; buena parte del control permanece en la productora”, reconoce.

Completan las deducciones una ventanilla ágil y un catálogo de escenarios muy concentrados. Tal y como explica el localizador de cine Gorka Askasibar, “el reclamo de las deducciones fiscales es la base, pero hay que tener muy en cuenta las posibilidades que ofrecen las distintas localizaciones, desde el mar hasta el desierto y desde lo rural hasta lo más cosmopolita e industrial”, siendo las capitales las ubicaciones principales al concentrar la mayoría de los servicios necesarios. “Desde ahí, las producciones se pueden mover en un radio de 45 minutos para conseguir otras localizaciones que no se encuentran en las ciudades”, añade Askasibar. El radio lo establece el convenio audiovisual para evitar que compute como jornada y no reduzca las horas efectivas de rodaje.

En paralelo, Euskadi empieza a levantar también su propia infraestructura para sostener el ritmo de rodaje. Mientras Álava y Bizkaia se preparan para dar el siguiente salto —a través del Hub Audiovisual Araba y la construcción de un gran estudio de cine en antiguos pabellones, respectivamente —, en Gipuzkoa el estudio de Zinealdea se ha consolidado como el mayor complejo audiovisual de Euskadi: sus platós situados en Oiartzun han acogido La trinchera infinita, Patria o Agur Etxebeste, entre otros títulos.

El futuro del sector pasa por afinar su engranaje. Desde el terreno, los localizadores reclaman una mayor implicación de los ayuntamientos, todavía desiguales en agilidad y comprensión sobre lo que supone un rodaje, sujeto a cambios e imprevistos. Las productoras miran a la consolidación como el siguiente paso lógico. “Los incentivos nos han permitido crecer y entrar en coproducciones de mayor alcance, ahora toca mantener ese impulso”, señala Egoitz Rodríguez. El incentivo vizcaíno autorizado por la Comisión Europea hasta 2028 marca un límite que el sector confía en superar. “Nos gustaría que la certeza que tenemos hoy se mantenga más allá de los plazos actuales e, incluso, que se armonice la normativa para poder usar el territorio autonómico de forma común”, concluye Rodríguez.

Agilidad en las deducciones

Sobre la base común, Bizkaia aplica una deducción que varía entre el 35% y el 60% en función del gasto que se realice en el territorio, mientras que Gipuzkoa y Álava mantienen un 50% siempre que una parte considerable del gasto se haga en Euskadi, y alcanza el 60% si más de la mitad del gasto se localiza en la comunidad foral. En los proyectos rodados íntegramente en euskera, el incentivo puede llegar hasta el 70%, con mejoras adicionales en función de criterios de sostenibilidad o igualdad. La letra pequeña está en el criterio de caja: la deducción se genera cuando se pagan los costes incentivables, a diferencia del marco estatal, que obliga a que la obra esté terminada.

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