“Tranquilízate”
Ante la imposibilidad de mantener la calma cuando alguien te está apretando la cabeza contra el suelo, el “tranquilízate” igual no es tanto una orden dirigida a quienes arrestan sino como un mantra que se repiten los policías nacionales y los guardias civiles a sí mismos
“Tranquilízate”. Hay policías nacionales que dicen: “Tranquilízate”. Lo dicen, sobre todo, cuando inmovilizan a ciudadanos en el suelo: boca abajo, con los pies separados, las manos a la espalda, y mientras colocan su rodilla o brazo en el cuello del ciudadano. Justo ahí, dicen: “tranquilízate”. En Madrid lo dicen mucho, sobre todo en Lavapiés: “Eh, ¡tranquilízate! ¿Vale? ¡Tranquilízate!”. En Marzo de 2024 un policía nacional hizo esto mientras su compañero aporreaba al vecino que tenía inmovilizado en el suelo para después intentar agarrar del cuello y empujar en varias ocasiones a otro vecino. Tranquilízate. En Tirso de Molina pasa también a menudo: detención, mano a la espalda, “tranquilízate”. En Usera hay mucho “tranquilízate”, lo sé porque vivo ahí y lo oigo por las mañanas, por las tardes y por las noches. El último “tranquilízate” creo que fue al ex-diputado Serigne Mbayé. Escribo “creo” porque igual hubo más este fin de semana pero dependemos de los vídeos grabados con los móviles de los vecinos para saberlo. En junio de 2025, Abderrahim El Akkouh, vecino de Torrejón, murió porque un policía nacional que estaba fuera de servicio lo acusó de haberle robado el móvil y lo asfixió hasta acabar con su vida. No sé si le dijo “tranquilízate”.
Fuera de Madrid, poco antes, el 17 de mayo de 2025, en el aeropuerto de Gran Canaria, la policía nacional mató a un joven de 19 años tras dispararle cinco veces, una de ellas en el cuello. En diciembre de 2025 falleció Haitam Mejri a causa de una intervención policial en Torremolinos. Su cuerpo tenía “un número total de 86 lesiones externas objetivables”, incluyendo traumatismos “de alta energía”, compresión cervical y ocho descargas de pistolas táser en torso y flanco. Tranquilízate. El 22 de marzo de 2022, Djack, un joven que, por aquel entonces era menor de edad, saltó la valla de Melilla y se encontró con un guardia civil que le golpeó la cara y la espalda hasta dejarle sin visión en un ojo. En junio de 2022, al menos 37 personas murieron tras la intervención de fuerzas policiales a ambos lados de la frontera, cuando intentaban cruzar de Marruecos a España y en febrero de 2014, al menos 200 personas intentaron entrar a nado a España bordeando el espigón del Tarajal, en Ceuta. La Guardia Civil respondió disparando material antidisturbios: pelotas de goma y botes de humo, lo que provocó la muerte por ahogamiento de 14 personas. Ah, por cierto, hay un punto en común en todas estas historias y es que ninguna de las víctimas era blanca.
“Tranquilízate” se ha convertido casi en un lugar común del lenguaje policial como cuando escriben comunicados que dicen: “la Policía Nacional actuó en respuesta a un requerimiento ciudadano, en el ejercicio de sus funciones de prevención, identificación e intervención ante una situación que fue escalando por la negativa de uno de los implicados a colaborar y por la resistencia posterior de varias personas”. La lógica justificativa.
El cantautor Chicho Sánchez Ferlosio, en el documental Mientras el cuerpo aguante, reflexionaba sobre la resistencia pacífica y decía: “No es de esperar una respuesta agresiva por parte del adversario sino una respuesta racional. El enemigo es muy burro. Uno no pretende acorralar al adversario porque uno espera que deje de serlo de alguna forma pero es que el adversario te acorrala constantemente”. Cómo asustan los cuerpos que se agitan. Me recuerdan a los de esos hombres que dan vueltas sobre sí mismos y que parecen buscar con la mirada las manchas en el suelo mientras les dicen a sus parejas: “Cállate, no me pongas más nervioso”.
Ante la imposibilidad de mantener la calma cuando alguien te está apretando la cabeza contra el suelo, te asfixia, pega con una porra, dispara con un táser, pelotas de goma o directamente, una pistola, he llegado a la conclusión de que el “tranquilízate” igual no es tanto una orden dirigida a quienes arrestan sino algo así como un mantra, como una frase que se repiten los policías nacionales y los guardias civiles a sí mismos. Con el nervio en la voz y la respiración agitada lo van soltando a lo largo del día para que vaya entrando lentamente en el cuerpo. Se dicen “tranquilízate”, se dicen “por seguridad”, “por seguridad”, “requerimiento ciudadano”, “tranquilízate”. Se dicen “esta situación está escalando por la negativa de los implicados a colaborar”. “Esto es un ejercicio en mis funciones de prevención”. “Por seguridad, tranquilízate”.