Más de la mitad de los títulos universitarios que se ofertan en Madrid no tienen una verificación externa de calidad
En la región se imparten 1.873 títulos oficiales que se ven sometidos a una verificación externa de calidad, pero títulos propios (al menos 1.897, según ha calculado EL PAÍS), solo son evaluados por su centro de estudios
En los últimos meses, han circulado decenas de videos en redes sociales en los que estudiantes, nacionales y extranjeros, critican y alertan acerca de la baja calidad de ciertas titulaciones universitarias madrileñas. “Hay algunos profesores buenos, pero hay profesores súper malos que lamentablemente solo leen su presentación de Power Point, que es algo que yo podría hacer en mi casa; es una pena”, cuenta una graduada de un máster propio en Marketing Digital de una escuela de negocios. Declaraciones como estas colgadas en internet tienen cientos de vistas y comentarios de personas inter...
En los últimos meses, han circulado decenas de videos en redes sociales en los que estudiantes, nacionales y extranjeros, critican y alertan acerca de la baja calidad de ciertas titulaciones universitarias madrileñas. “Hay algunos profesores buenos, pero hay profesores súper malos que lamentablemente solo leen su presentación de Power Point, que es algo que yo podría hacer en mi casa; es una pena”, cuenta una graduada de un máster propio en Marketing Digital de una escuela de negocios. Declaraciones como estas colgadas en internet tienen cientos de vistas y comentarios de personas interesadas en estudiar en Madrid, pero que dudan de la calidad de algunos centros. Al adentrarse en el proceso se dan cuenta de que en el sistema universitario español hay dos tipos distintos de diplomas, oficiales y propios, que atraviesan procesos diferentes de aseguramiento de la calidad. En la Comunidad de Madrid se imparten 1.873 enseñanzas oficiales en universidades, centros adscritos y escuelas de negocios, según la Consejería de Educación; un dato que está bien mapeado en los registros debido al proceso de verificación de calidad al que deben someterse. Pero la cantidad, y por ende, la calidad de los títulos propios no la conoce la Comunidad, ni tampoco el Ministerio de Universidades, debido a que no pasan los mismos filtros. Estos títulos no son válidos para poder realizar un doctorado, ni son homologables en otros países.
EL PAÍS ha recogido esa información universidad por universidad y el dato es llamativo, ya que se trata de un número importante de títulos que no atraviesan una verificación externa y oficial de calidad, es decir, que solo pasan por una valoración interna del centro al que pertenece. Y ese número es algo mayor que el de los títulos oficiales: los datos de las 19 universidades madrileñas muestran que hay al menos 1.897 títulos propios ―sin tomar en cuenta la mayoría de los centros adscritos ni escuelas de negocios―. Es decir, más de la mitad de las enseñanzas universitarias que se ofertan en la Comunidad solamente son evaluadas por los propios centros que imparten esos títulos. Los que tienen más oferta son la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA), con 430, seguida por la Complutense, con 331, y la Universidad de Alcalá, con 269.
En Madrid, la segunda comunidad con mayor cantidad de alumnos en el sistema universitario, 114.554, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), solo por detrás de Cataluña (148.200) y delante, con diferencia, de la Comunidad Valenciana (51.088), la agencia de calidad que se encarga de revisar los títulos oficiales y acreditar a los centros universitarios es la Fundación Madri+d, un órgano designado por el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso. Sus paneles de expertos verifican estos 1.873 programas oficiales. Pero los propios, como la palabra dice, son programas que ofrecen tanto las universidades públicas como las privadas, que no pasan por ese mismo proceso. Estas titulaciones se ven sometidas solamente a un sistema de garantía de la calidad interno.
Las autoridades ya han empezado a poner el foco en este tema. En 2021, por primera vez, la legislación habló sobre la “regulación” de los títulos universitarios propios en toda España. El Real Decreto 640/2021, en el artículo 5, punto 7, estableció que “las universidades deberán velar por la calidad de toda su oferta académica, oficial y propia, incluyéndose en esta la formación permanente, a través de los sistemas internos de garantía de la calidad que deberán ser certificados por la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación o por las agencias de calidad creadas por Ley de las Comunidades Autónomas”. “Eso fue algo totalmente novedoso”, apunta Sandra Marcos Ortega, asesora en materia de calidad de la Red Universitaria de Estudios de Postgrado y Educación Permanente (RUEPEP) y adjunta al Rector para la calidad en la Universidad Pontificia de Salamanca, en Castilla y León. El decreto también establecía que las universidades debían comprometerse a implementarlo en un plazo máximo de cinco años. Pero, de momento, ningún centro de la región madrileña lo ha hecho. “Ninguna de las universidades de la región tiene certificado el diseño o la implantación de los Sistemas Internos de Garantía de Calidad para sus títulos propios a día de hoy”, reconocen desde la Consejería tras una pregunta de este diario. En Castilla y León, por ejemplo, ya varias universidades han iniciado el proceso y al menos una, la Pontificia, ya lo tiene certificado, según confirma Marcos.
La Consejería madrileña asegura que el proceso funciona similar en todas las comunidades autónomas, y que la certificación “es voluntaria y no es un requisito exigible para obtener la acreditación institucional del centro, porque esta acreditación solo afecta a títulos oficiales”.
Que la calidad sea revisada únicamente de manera interna no quiere decir que los títulos estén mal evaluados. Cristina Masa, vicerrectora de Enseñanzas de la Universidad CEU San Pablo, explica que, en su caso, a los títulos propios se les da el mismo tratamiento que a los oficiales. “Nosotros tratamos a la formación permanente como si fuera un título oficial. Lo único que no se ve sometida a procesos de evaluación externa. De momento es 100% la universidad”. Y defiende que ellos garantizan la misma calidad que uno oficial. “Hemos pasado la acreditación de títulos oficiales y la del centro. Al final eso te permite gozar de mayor autonomía porque tú has demostrado que sabes hacerlo con los oficiales, ¿cómo no vas a saberlo con los propios?”. Actualmente, están trabajando en el sistema de garantía interno para que sea evaluado en su próxima acreditación. “Cuando acreditamos el sistema solo había títulos oficiales porque los propios eran voluntarios. Se hizo un grupo de trabajo con vicerrectores, profesores, también con personal de las unidades técnicas y estudiantes y en ello estamos”, asegura. Insiste en que, para su criterio, definitivamente se debe poner más atención a las universidades de nueva creación que aún no tienen todos los sistemas certificados ni la acreditación institucional. En esa misma línea, Marcos añade que “el hecho de que un estudiante curse un título y quede decepcionado puede pasar siendo oficial o siendo propio”, independientemente de que haya una verificación detrás.
La Universidad Complutense de Madrid también está trabajando en implementarlo. Desde el centro aseguran que están en proceso de diseño de un modelo de garantía de calidad que podría ponerse en práctica a partir del siguiente curso, pero que de momento no se ha certificado. “Actualmente, las universidades estamos en pleno proceso de diseño de un modelo de calidad adaptado a cada universidad en línea de lo requerido por la Fundación”.
Burocratización
Juan Cayón, rector de la Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología (UDIT) y miembro del Consejo Consultivo de la Fundación Madri+d, considera que, sin duda, se deben denunciar y estudiar los casos de centros que reciben números llamativos de quejas por mala calidad, ya sean propios u oficiales. Incluso insta, por un lado, a que las personas dejen sus comentarios en el buzón de Quejas de la agencia y las universidades, y por otro, a que ellos las revisen de manera rigurosa. Sin embargo, cree que Fundación Madri+d “ya está desbordada” y defiende que sería “imposible” verificar externamente también las enseñanzas propias. “Yo estoy muy de acuerdo con que se controle la calidad, pero si hay que acreditar la calidad de cada titulación propia que se imparte, nos va a hacer falta un ejército de funcionarios”. Y remata: “Es inviable. Si ya están desbordados solo con los oficiales habría que multiplicar por 10 el trabajo”.
No está solo en ese pensamiento. Masa defiende que los títulos propios “deben responder a las demandas del mercado”, y, por lo mismo, las universidades deberían de tener la capacidad de modificarlos cuando sea necesario. “Los títulos propios y de formación permanente tienen que ser ágiles (...) Si les sometemos a todos los procesos externos sería inviable en tiempo y en plazos”, asegura. La asesora en materia de calidad de la Red Universitaria de Estudios de Postgrado y Educación Permanente (RUEPEP), Sandra Marcos, reconoce que verificar externamente la calidad de los diplomas propios sería muy complicado y, al final, hacerlo le quitaría autonomía a las universidades. “Tienen que tener calidad, pero debe ser un sistema un poco más flexible”, dice. Y defiende: “La ventaja de los títulos propios frente a los títulos oficiales precisamente es que te permiten una mayor agilidad a la hora de rediseñarlos y de revisarlos para adaptarse a las demandas del mercado. Es algo más vivo”.
Los vídeos de las malas experiencias de los jóvenes, especialmente en escuelas de negocios, siguen llenando las redes sociales, con el objetivo de que otros alumnos interesados se informen antes de tomar cualquier decisión. Los portavoces coinciden en que, al final, son los mismos estudiantes los máximos jueces de las universidades. “Es cierto que tienes que cumplir unos criterios europeos para asegurar la calidad, y las universidades son las responsables de garantizarla, pero también es cierto que, al final, quien te dice si tú estás ofertando algo bueno o malo son los alumnos. No hace falta que venga una agencia de calidad a decirme: ‘Tienes un problema aquí’, cuando yo estoy teniendo 200 quejas por día. Otra cosa es que yo meta mano ahí o no meta mano ahí como universidad”, concluye Marcos.