El PP agranda su poder en Galicia a base de pactos con tránsfugas
El partido de Rueda alega que ha sumado seis gobiernos municipales con estas polémicas operaciones para “garantizar la gobernabilidad”. La izquierda lo acusa de “comprar voluntades”
Los salones de plenos más agitados de España están en Galicia. En los dos años y medio que van desde las municipales de 2023, en los ayuntamientos de la esquina noroeste de la península han prosperado 13 mociones de censura y nueve de ellas se han encadenado en los últimos cinco meses. El PP de Alfonso Rueda es el gran beneficiado por estas operaciones, espoleado por ...
Los salones de plenos más agitados de España están en Galicia. En los dos años y medio que van desde las municipales de 2023, en los ayuntamientos de la esquina noroeste de la península han prosperado 13 mociones de censura y nueve de ellas se han encadenado en los últimos cinco meses. El PP de Alfonso Rueda es el gran beneficiado por estas operaciones, espoleado por una resolución del Tribunal Constitucional que en junio permitió a los partidos aliarse con tránsfugas para arrebatar al contrario el bastón de mando. Desde entonces, los populares gallegos han logrado persuadir a ocho concejales que traicionaron las siglas con las que se presentaron a las elecciones, cuatro de ellos procedentes del PSOE. Gracias a sus votos, los de Rueda se han hecho con seis nuevas alcaldías.
Todas las mociones de censura con tránsfugas las ha impulsado el PP salvo una, la de Noia (A Coruña), en la que fue el PSOE quien desalojó al alcalde popular con el respaldo de un edil que abandonó la formación de Rueda. Los abucheos y gritos de “traidor” o “traidora” han sido la tónica en los acalorados plenos que se han sucedido en ayuntamientos como Forcarei (Pontevedra), Touro (A Coruña), Outes (A Coruña), Fisterra (A Coruña) o, esta misma semana, Manzaneda (Ourense). Los populares justifican sus polémicas alianzas. “El principal objetivo del PPdeG siempre es garantir la gobernabilidad”, esgrimen fuentes del partido. “Buscar mayorías estables de gobierno en aquellos ayuntamientos donde se ha instalado la parálisis y la ingobernabilidad, que principalmente perjudica a los vecinos y vecinas, siempre es una buena noticia. Sus habitantes ven mejorada la gestión”.
En Carral, a 20 kilómetros de A Coruña, el cambio de gobierno en favor del PP se consumó en el pabellón municipal, el espacio elegido para dar cabida al multitudinario pleno del pasado 10 de septiembre. Entre el público un hombre agitaba su cartera con gesto burlón. Se trata de Ángel García Seoane, conocido como Gelo. No es solo el fundador del partido independiente en el que milita el alcalde de Carral defenestrado ese día (Alternativa dos Veciños) sino que, entre loas a la Revolución Cubana y arremetidas contra el Estado de Israel, lleva más de 30 años gobernando Oleiros, la localidad con más nivel de renta de Galicia. “Estamos ante una operación de compra de cerdos para las cochiqueras del PP. Es una campaña planificada para ocupar el poder en la Diputación” de A Coruña, aguijoneó García Seoane en una entrevista en La Opinión de A Coruña.
Con una dilatada experiencia en política municipal, el exregidor de Vigo por el BNG Lois Pérez Castrillo dice tener muy estudiado el comportamiento del PP gallego, la maquinaria electoral más envidiada de España por su capacidad para lograr mayorías absolutas en la Xunta. Asegura que es “un clásico” de la formación fundada por Manuel Fraga presentar estas mociones en los ayuntamientos que no gobierna justo cuando llega el ecuador del mandato. “Es marca PP de Galicia. Pocos meses después de que comienza el mandato, empiezan a conspirar para tumbar a los gobiernos [de otras fuerzas] que no tienen mayoría”, afirma. “La sentencia del Constitucional simplemente eliminó un obstáculo”.
El también responsable de Política Municipal del BNG destaca que estas operaciones “con métodos subrepticios y censurables” las impulsa el PP en municipios que son determinantes para ganar la diputación de turno. Según ese modus operandi que describe Pérez Castrillo, los municipios conquistados reciben luego apoyo de las administraciones dirigidas por los populares para ganar lustre de cara a las siguientes elecciones. En Ribeira, donde el partido de Rueda arrebató la alcaldía al BNG el pasado octubre a través de una moción de censura sin tránsfugas, la Xunta anunció avances en la construcción de una residencia pública de ancianos cinco días después de este cambio de gobierno. Lo hizo personalmente la conselleira de Política Social, la popular Fabiola García, en un acto junto a la nueva alcaldesa. Este viernes fue el conselleiro de Sanidade, Antonio Gómez Caamaño, quien se reunión con la regidora del PP para comunicarle que se ampliará el centro de salud.
El PSdeG-PSOE acusa al PP de agrandar su poder “por la puerta de atrás”. “Evidentemente está aprovechando el fallo del Constitucional para conseguir lo que no es capaz de lograr en las urnas”, señala la secretaria de Organización de los socialistas gallegos, Lara Méndez, sobre el partido de Rueda. “El PP no tiene interlocutores para sellar pactos de gobierno y lo que hace es comprar voluntades”. Méndez aduce que la estrategia de los de Rueda consiste, por un lado, en atender “las necesidades o debilidades” de los tránsfugas que “se dejan comprar” y, por otro, en agasajar desde la Xunta al gobierno entrante con diversos “incentivos”, desde la construcción de infraestructuras hasta la aprobación de planes urbanísticos: “Es un uso partidista de recursos públicos”.
El PP ha eludido contestar a las preguntas de este periódico sobre el contenido de sus acuerdos con los tránsfugas y sobre futuras mociones en otros municipios. Sí se queja el partido de Rueda de que en 2023 fue el más votado en 191 de los 313 ayuntamientos de Galicia y no puede gobernar en muchos de ellos porque no encuentra socios para sumar una mayoría.
La muerte del consenso antitransfuguista
El aval que el Constitucional ha dado a las alianzas con tránsfugas para presentar mociones de censura ha dejado herido de muerte en Galicia el pacto antitransfuguismo firmado en España en 1998. “Está más muerto que mi difunta abuela”, sentencia el nacionalista Pérez Castrillo, quien ve detrás de los movimientos del PP un “intento desesperado” por salvar los muebles en las municipales de 2027. En Galicia, los populares gobiernan con mayoría absoluta la Xunta, pero solo ostentan la alcaldía en una de las siete ciudades (Ferrol) y dos de las cuatro diputaciones (A Coruña y Lugo) están en manos de coaliciones entre socialistas y nacionalistas. “El PP da por abandonadas las ciudades y lo único que puede ofrecer Rueda como victoria es conseguir alguna diputación, pero no lo tiene fácil”, apunta el dirigente del BNG.
La socialista Méndez lamenta la ruptura del consenso que se logró cuando en 2010 se reformó la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG) para frenar a los tránsfugas. Entonces se decidió vetar las mociones de censura cuando su éxito dependiera del voto de un edil que hubiera abandonado el partido en el gobierno. Exigía incrementar la mayoría y, en la práctica, imposibilitaba la operación, pero el fallo del pasado junio que emitió el Constitucional dictamina que ese precepto lesiona el derecho constitucional a la participación política. El PSdeG también se ha hecho con una alcaldía, la de Noia, pactando con un edil que traicionó al PP. Méndez alega que los populares “han abierto la veda”.
Municipios de extrañas alianzas
Desde que en junio el Tribunal Constitucional avaló que las mociones de censura puedan basarse en pactos con tránsfugas, se han celebrado nueve en Galicia. Seis de ellas auparon al PP al poder gracias a concejales que traicionaron al PSOE y al partido independiente Alternativa dos Veciños: Forcarei (3.100 habitantes), Touro (3.400), Outes (6.000), Fisterra (4.400), Carral (6.800) y, esta misma semana, Manzaneda (800). En otra de las mociones, la de Ribeira (27.000 vecinos), los conservadores no han necesitado de este tipo de ediles para desalojar al regidor del BNG. Por su parte, el PSOE se sirvió de un tránsfuga del PP desbancar a los de Rueda y hacerse con el bastón de mando en Noia (15.000 habitantes); y también arrebató el gobierno a los populares en Viana do Bolo (2.700) pero sin traiciones de por medio, sino a través de un pacto con el BNG.
Antes de junio, hubo otras mociones de censura en Galicia, algunas con extrañas alianzas. Dos de ellas se produjeron en el mismo pueblo de Ourense: O Irixo. Allí fue primero desbancado el alcalde del PP por una regidora independiente que se alió con el PSOE y, más tarde, fue ella desalojada porque se unieron socialistas y populares. Otra de las mociones se celebró en Muxía (A Coruña): cayó el primer edil socialista por una entente entre el PP, dos independientes y la única concejala del BNG. En Viveiro (Lugo), el PP se hizo con el bastón de mando tras 22 años de gobiernos socialistas gracias a su acuerdo con Por Viveiro, un partido liderado por un ex del BNG.