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Vera GRV: una carrera de vértigo desde Almería hasta Las Vegas

La joven artista almeriense, de 26 años, prepara su nuevo trabajo tras el éxito de su primer disco, publicado en 2025 y que le valió una nominación para los Latin Grammy

La artista almeriense Vera GRV, en la Plaza Vieja de Almería.FRANCISCO BONILLA ALARCON

La primera vez que escuchó la canción ya terminada supo que, desde ese momento, todo iba a cambiar. La letra había nacido de sus entrañas en el momento justo: Vera Gil Rodríguez se sentó en la soledad de su habitación frente a un cuaderno cinco años después de sobrevivir a una relación de malos tratos en el instituto. “Cuando pasas algo así tardas mucho tiempo en aterrizar todo. Luego, las tres primeras frases salieron solas, como si estuvieran ya escritas en mi cabeza”, recuerda la almeriense, de 26 años. Pobre Niña, publicado en 2023, fue su primer as en la manga para llamar la atención de una industria, la musical, que entonces se fijó en ella. Tres años después, en su trayectoria hay ya un EP —Amoríos del Albayzín—, un disco —Se me pasó llamarte, mamá— y una nominación a los Latin Grammy. También una gira recién culminada que ha llenado cada sala que ha pisado. Todo desde Almería, su casa, su faro.

En una soleada terraza cerca de la Plaza Vieja, Vera GRV —su nombre artístico— se sorprende al repasar su carrera y cómo le han pasado tantas cosas sin apenas darse cuenta. “¿Cómo pasa el tiempo tan rápido?” se pregunta con sorpresa mientras cuenta que, para mantener los pies en la tierra prefiere seguir su vida alejada de los principales centros musicales. Viaja con frecuencia, pero su día a día transcurre entre Almería y Granada. “Mi equipo está entre ambas ciudades. Estoy formando mi oficina para que no tengamos que irnos a Madrid para hacer cosas. Los que vivimos lejos de grandes capitales tenemos ventajas: no estamos tan contaminados por las modas y todo es más auténtico. En Almería hay menos presión y más calma para crear”, indica rotunda. “Aquí es más fácil vivir más despacio, respirar y tener tiempo para crear tu propio camino”, sostiene. Y añade un ejemplo gráfico: “En Madrid igual necesitas 40 minutos de Metro para hacer un plan. Aquí, en 40 minutos estás en Cabo de Gata”.

A pesar de su edad, su trayectoria se extiende ya a lo largo de una década. Tenía 16 o 17 años cuando la música le cambió la vida. Vivía entonces una pesadilla en el instituto: era diana de bullying entre sus compañeros y sufría malos tratos en su relación. “Cada día era un suplicio”, recuerda. Solo disfrutaba en casa, donde se encerraba en su habitación para poner bases en Youtube y escribir o improvisar letras.

Gracias a una amiga descubrió un estudio de grabación y empezó a entender que prefería pasar las horas allí y olvidarse de las clases. “Era como tener un juguete nuevo: no quería parar de jugar nunca”, relata. Cursaba entonces el Bachillerato de Artes en el IES Alborán y dijo a sus padres que no lo acabaría. “No se lo recomiendo a nadie, pero es que yo lo tenía clarísimo. No sentó bien, aunque confiaron en mí y me dijeron: si no estudias, tienes que trabajar”, añade. Ejerció entonces de camarera. Y con sus ahorros compró su primer micro, su primer ordenador. En esos días llegaba por la tarde al estudio y se iba al amanecer. Las horas volaban.

En cinco años acumuló más de 300 demos, de las que apenas publicaba algunas en sus redes sociales. Hasta que llegó Pobre niña. “Cuando pasan los años te vienen imágenes que no sabes si son sueños o lo has vivido. Entonces lo hablas con el psicólogo y te das cuenta de que la relación que vivías era una locura”, subraya. De aquella experiencia adolescente salieron versos como estos: Se enamora de un pobre / Que le compraba bolsos de Prada / Cada vez que le cruza la cara / Para que ella de nuevo perdone.

“Tenía miedo a mostrar mi lado más emocional. Te abres en canal, ofreces a la gente algo muy íntimo y te arriesgas a sentirte vulnerable. Pero el impacto fue increíble: entendí que podía conseguir que los demás se cuestionen cosas. Y que los artistas tenemos ese deber”, expone. La industria miró entonces a Almería y se fijó en ella. El tema fue otro paso más para afianzar su carrera.

Aquellas letras oscuras que le definían hasta entonces cambiaron tras conocer a Antoni Z y publicar con él, en otoño de 2024, Amoríos del Albayzín. “Descubrí que la inspiración también estaba en las cosas bonitas, la felicidad y el amor”, destaca. Para entonces ya trabajaba en su primer disco, Se me pasó llamarte, mamá, producido por Toni Anzis. Lo publicó en 2025. Pronto Spotify —donde tiene más de 200.000 oyentes mensuales— la seleccionó como parte de su programa RADAR 2025 España. “Teníamos buenas expectativas, pero todo nos ha sorprendido”, explica quien para entonces no solo había cambiado sus letras, también su estilo. “Al principio hacía lo que creía que a los demás le podía gustar. No me arrepiento, pero después, en vez de adaptarme a la música urbana, es la música urbana la que se adapta a mí” afirma.

Algo potente que mostrar

En sus temas muestra una amplia variedad de influencias, herencia de unos padres muy musicales que escuchaban de todo: desde The Eagles o Barry White hasta Niña Pastori. Y entre otros destaca Cura pa mi alma, canción nacida de la sensación de echar de menos a su madre, Pilar, que protagoniza —junto a otras 70 mujeres— el videoclip. Dirigido por Willy Rodríguez, fue nominado a los Latin Grammy 2025 en la categoría de Mejor Vídeo Musical Versión Corta en una sección en la que competía con Bad Bunny, Catriel y Paco Amoroso o Guitarricadelafuente. El reconocimiento cumplía la frase que se había hecho tatuar en el cuello hace unos años convencida de su éxito: You will shine (brillarás).

Entonces llegó el viaje de estudios que nunca tuvo. Y en versión mejorada: con sus amigos y una semana en el corazón de la industria musical en Las Vegas. “Fue un poco ‘Black Mirror’ con la energía de ‘Los Juegos del Hambre’… Pero también una experiencia increíble” repasa la veinteañera, que hasta coincidió con su paisano David Bisbal. Aquella nominación hizo que el público la tomara en serio. Y su paso improvisado por La Revuelta —primero como espectadora y, dos días después, como invitada— multiplicó sus seguidores. “Me hizo hasta más ilusión que los Grammy: llevaba años visualizándome en ese sofá porque sabía que me lo iba a pasar muy bien”, señala. Y añade: “Fue perfecto, porque tenía algo potente que mostrar pero la gente no me conocía. Y cuando lo vieron, fliparon”.

Ahora, tras una pequeña gira, calienta motores para un verano repleto de festivales —solo hay anunciadas dos fechas en Alicante (18 de abril) y Granada (30 de mayo)— y, también, lanzar su nuevo trabajo, del que adelanta poco. Ni siquiera si será disco o tendrá otro formato; solo que será una versión de sí misma más “cruda, orgánica y folclórica”.

“Se vienen cosas grandes, no tengo dudas. Tras lo vivido en los últimos años sé ya que el Wizink o Latinoamérica no están tan lejos”, dice la joven que, eso sí, también siente miedo de hasta dónde puede llegar. “He tenido conversaciones conmigo misma: ‘¿Quieres esto de verdad?’. Yo quiero hacer música y que un estadio entero coree mis canciones, pero que luego la gente no me conozca. Puede parecer que no es compatible, pero creo que podría serlo. Yo he elegido hacer música, no llegar a ser famosa. De todas formas, es algo que tengo que aprender a llevar porque que te conozcan también es bonito”, concluye.

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