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Cuatro anestesistas admiten que varios hospitales privados de Sevilla redujeron el número de especialistas en sus quirófanos

Los centros sanitarios han contado con menos facultativos que salas para operaciones, muchas concertadas con la sanidad pública

Una intervención quirúrgica de cataratas en el hospital Virgen del Rocío de Sevilla, en 2019.PACO PUENTES (EL PAIS)

Cuatro anestesistas, dos de ellos jefes de servicio, han confirmado a este diario que durante varios años intervenciones para lipomas, hernias o amígdalas en varios hospitales sevillanos no han contado con la máxima seguridad. Estos hospitales han utilizado un número de anestesistas inferior al número de quirófanos en operaciones programadas, la mayoría de ellas concertadas con la sanidad pública. Esta práctica irregular ha provocado las quejas internas de numerosos anestesistas, que dieron en persona la voz de alarma a sus asociaciones profesionales porque en caso de imprevistos adversos simultáneos ―como sangrados masivos o depresiones respiratorias― la vida de los pacientes peligraba.

Las razones que hay detrás de hurtar anestesistas a las intervenciones es el ahorro de costes, con la confianza de que el riesgo es mínimo, aunque las consecuencias de accidentes o contingencias múltiples sean fatales. Estos anestesistas sitúan estos riesgos en el pasado y aseguran que hoy se han minimizado, dados los mayores controles de calidad implementados en la actividad quirúrgica de la sanidad privada.

“Muchas veces, al no haber tantos anestesistas, te ves obligado por urgencias a abrir un segundo quirófano. Mientras que a uno le aplicas una técnica anestésica general, al otro le aplicas una anestesia correccional [de cintura para abajo o sedación, por ejemplo], depende de qué cirugía sea. Lo correcto es tener un quirófano por anestesista, pero también debes tener un cirujano titular y otro ayudante, y a veces no es necesario por la técnica quirúrgica (…) Puedes tener unos estándares, pero cumplirlos es otra cosa. La situación es parecida en Alemania, Reino Unido, Estados Unidos… El problema es la falta de personal que hay en todos los ambientes laborales, toda la sanidad, privada y pública”, admitía el pasado otoño el veterano anestesista Antonio Bernar en una pequeña sala del Hospital Quirónsalud Infanta Luisa de Sevilla, ataviado con pijama verde, gorro y chubasqueros azules. Este centro privado, que ha renovado recientemente sus salas de operaciones, asegura que nunca ha tenido menos anestesistas que quirófanos para sus operaciones programadas, según una portavoz.

Los anestesistas deben controlar en todo momento la frecuencia cardiaca, la presión arterial o el ritmo respiratorio del paciente. Su tarea es solventar eventos adversos que van desde una hipoventilación pulmonar, hasta un sangrado espontáneo o una reacción adversa a medicamentos, taquicardias y arritmias. Ante los problemas imprevistos, estos especialistas mantienen la vigilancia neurológica del enfermo y resuelven las complicaciones que afronta en su esfuerzo para sobrevivir a cualquier cirugía, un trasplante de órganos o un parto.

Un jefe de servicio de anestesia de un hospital privado sevillano, comenta bajo anonimato: “En casi todos los hospitales hay alguien que mete la pata y esa práctica de tener más quirófanos que anestesistas no se puede tolerar. Antes era muy frecuente y estaba asumido que el anestesista podía estar en tres sitios a la vez. Hoy menos, entre otras razones porque hay servicios de calidad que vigilan los partes de los quirófanos. Oficialmente ya no pasa, aunque de puertas para adentro es otra cosa”, admite. A continuación, revisa su teléfono y comenta: “Mira, para mañana me falta un anestesista y he lanzado un SOS a un grupo para que se ofrezca alguien, porque operamos mañana y tarde”.

Marina Varela, secretaria general de la Sociedad Española de Anestesiología Reanimación y Tratamiento del Dolor (Sedar), advierte sobre los riesgos de contar con menos anestesistas que quirófanos: “Siempre debemos seguir los estándares de seguridad establecidos, y el único profesional que puede administrar anestesia es el médico anestesista”.

La demanda de anestesistas ha crecido de manera exponencial en los 17 sistemas sanitarios autonómicos porque ciertas pruebas como las endoscopias antes se hacían sin sedación y ahora no. En paralelo, la asistencia analgésica del parto ha evolucionado. Ante esta carencia de médicos especialistas, en algunos países del norte de Europa se está extendiendo la figura del enfermero anestesista y los sistemas sanitarios promueven su uso como sustitutos de los facultativos. En España esta categoría de enfermero anestesista no está aún reconocida, aunque existen másteres universitarios que ofrecen especializarse a los enfermeros.

La Inspección de los servicios sanitarios de la Consejería andaluza de Sanidad, Presidencia y Emergencias debe velar porque las operaciones que concierta con la sanidad privada tengan la máxima seguridad y cumplan las garantías fijadas por los conciertos. Pero no ha multado hasta ahora a ningún hospital privado por contar con pocos anestesistas respecto a los quirófanos con operaciones en marcha. “No se ha detectado que haya un número insuficiente de anestesistas en quirófanos. De hecho, se hace un especial seguimiento de esto y de que tampoco realicen otras tareas dentro del quirófano”, subraya una portavoz de dicha Consejería. El hospital público Virgen del Rocío reitera al respecto: “No ha habido ni habrá un anestesista para dos quirófanos. Una intervención, un anestesista”, zanjan fuentes del centro de referencia andaluz.

La Asociación Profesional Sevillana de Anestesiólogos Reanimadores (Apsar), que reúne a unos 120 médicos, admite que ha habido casos con menos quirófanos que anestesistas, aunque los reduce a ocasiones contadas. “La Apsar defiende un anestesista a cargo de un quirófano, es verdad que en determinadas ocasiones, muy puntuales, menos que en la administración pública por cierto, puede ocurrir que haya un quirófano de locales con una sedación superflua, tres anestesistas estén en sus quirófanos y se hagan cargo de esa anestesia. Propongo que mejor que no, pero hay veces que no hay más remedio y puede ocurrir”, apunta su presidente, Miguel Ángel Merino. “¿Existe la figura de un anestesista que hace lo que no debe? Puede existir, pero que yo no me entere”, alerta.

Sin embargo, esta sociedad ya debió intervenir en un hospital privado hace años para remediar el problema, recuerda Merino. “Un director médico llegó a poner una hoja para obligar a los anestesistas a que tuviera su puesto concreto en cada quirófano. Aquello paró allí, fue antes del covid (…) Hay cosas que se deben saber, que hay enfermeros que anestesian, hospitales que se quedan con dinero que no es suyo, gente que está haciendo lo que no debe… La cuestión es si eso se puede arreglar”, reconoce.

Un anestesista relata bajo anonimato cómo le ofrecieron un contrato en un hospital privado, pero por las condiciones precarias abandonó el puesto: “Hace ocho años me llamaron, pero yo no soy capaz de hacer tres quirófanos a la vez. No pasan más cosas por la suerte que tenemos. Siempre nos repetían como mantra ‘mañana hay que apretarse”. Las cirugías, gran parte concertadas en los últimos años con el Gobierno andaluz (PP), duran entre media hora y seis horas en función de su complejidad, y abarcan todo el espectro: desde vesículas, lipomas o hernias en la cirugía general, a cataratas, histeroscopias, amígdalas o mastectomías.

A pesar de que los anestesistas escasean y tanto la sanidad pública como la privada se los rifan, las condiciones ofrecidas por la sanidad privada a veces no son las ideales. Un mensaje en uno de los chats de facultativos de un hospital privado sevillano revelaba el pasado otoño el ritmo frenético ―sin pausas― que se les impone para la nueva tanda de operaciones concertadas con el SAS: “Anestesia debe estar 8am- En planta el paciente vía canalizada Cefazolina y Tranexamicoa a las 8.10h Urpa-paciente. Ellos no paran para comer. Tendrán celador exclusivo. Hora estimada finalización 17h tras el pim pam pim pam”.

Los hospitales suelen cobrar un recargo de entre el 14% y el 18% a los honorarios de los anestesistas, se quejan las sociedades profesionales que les sirven de paraguas para facturar. “La tarifa va en función del carisma del jefe de la sociedad, así le meten más o menos”, cuenta un cirujano bajo anonimato. Los anestesistas de la sanidad privada no son capaces de generar pacientes, salvo en el tratamiento del dolor. Es decir, acompañan a los médicos cirujanos y forman un equipo para que las operaciones tengan éxito, pero esa dependencia de los cirujanos hace que su figura tenga menos fuerza a la hora de negociar tarifas y condiciones.

Si tiene más información, puede escribir a jmartina@elpais.es

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