La numerología destapó la estafa de la Primitiva de los 4,7 millones en A Coruña
La policía explica ante el tribunal que la víctima solía repetir apuestas singulares y que gracias a ellas descubrió que el lotero ocultó el premio para quedárselo
Las acusaciones que han llevado al banquillo al lotero de A Coruña que presuntamente ocultó a un cliente un premio de la Primitiva de 4,7 millones de euros para quedarse con el dinero empezaron a tomar forma en 2018. Fue en aquel momento cuando la policía inició las pesquisas. Habían pasado ya seis años desde que Manuel Reija, responsable de la administración de loterías de la plaza de San Agustín, había acudido a la Sociedad Estatal Loterías y Apuestas del Estado (Selae) alegando que había encontrado el boleto encima de su mostrador y que no sabía de quién era. Lo primero que hicieron los agentes que asumieron el caso es analizar los movimientos registrados en la máquina del establecimiento de Reija antes y después de comprobar que el resguardo convertía a su propietario en multimillonario. Y saltó la sorpresa gracias a la numerología.
Según han contado los investigadores este miércoles en la segunda jornada del juicio, descubrieron que aquel 2 de julio de 2012, poco antes de las 11.30 horas, no solo se había comprobado si el boleto de los 4,7 millones tenía premio, tal y como había relatado el lotero. Reija también pasó por la máquina más combinaciones y algunas de esas apuestas, en concreto las manuales, se habían vuelto a validar segundos después con los mismos números. Eran unas secuencias numéricas singulares y todo había ocurrido en un intervalo de tiempo muy pequeño: en menos de dos minutos se habían registrado 21 movimientos, entre comprobaciones de cobro y nuevas validaciones. “Llegamos a la conclusión de que había una persona enfrente de quien regenta la administración”, ha señalado ante el tribunal José Manuel López, uno de los mandos policiales que llevó las pesquisas.
Esa deducción chocaba de lleno con la versión del lotero. Reija repetía que se había encontrado el boleto en el mostrador cuando estaba solo, no en presencia del cliente. “Pensamos que había una infracción penal y la siguiente pregunta fue: ¿quién es la víctima”, explica López. En 2019, el lotero fue formalmente imputado y también su hermano Miguel Reija, delegado entonces de Loterías en A Coruña y juzgado ahora por supuestamente encubrir a Manuel en su plan para quedarse con el premio.
Cuando los agentes desmontaron la versión del lotero habían transcurrido cinco años y no se había hallado al dueño del boleto entre las más de 300 personas que lo reclamaron. Como no había habido ninguna denuncia señalando un posible robo, la policía no había intervenido más allá de facilitar un infructuoso cotejo de las 11 huellas que había en el resguardo. Se consideraba que había sido una pérdida y, según han alegado distintos testigos durante el juicio, ni la Selae ni la propia policía tenían competencias para buscar al millonario. “Creo que se podía haber hecho más” en 2012, ha lamentado uno de los policías, convencido de que si, por ejemplo, se hubieran comprobado las cámaras callejeras del establecimiento donde se hizo la apuesta ganadora se hubiera encontrado al afortunado “inequívocamente”.
Para localizarlo de una vez por todas, lo que hicieron los agentes fue centrarse en varias de las apuestas que se comprobaron y validaron en aquellos dos minutos junto al boleto premiado. Eran combinaciones manuales y repetidas. Pidieron información a la Selae para ver en qué administraciones de lotería se habían sellado desde 2011 y en las 800 apuestas que les enviaron detectaron un patrón de conducta. La mayor parte de las semanas se validaban en oficinas de A Coruña y puntualmente se cobraban en otros puntos de España como Fuerteventura, Torremolinos o Huelva. Y fue así cómo localizaron a un jubilado del barrio coruñés de Monte Alto, jugador habitual de estos sorteos, que había estado en esas localidades en viajes particulares y del Imserso.
Cuando dieron con su identidad, los policías descubrieron que había muerto en 2014. Falleció sin imaginar siquiera que había logrado un premio de tal calibre. Su viuda y su hija, personadas como acusación particular, han explicado este miércoles en el juicio que el hombre era aficionado a la numerología y solía repetir cada semana apuestas que jugaban con su fecha de nacimiento y la de sus familiares. Una de las combinaciones que fue comprobada junto al boleto ganador el día en que Manuel Reija le ocultó supuestamente el premio era 03-06-10-19-45. Coincide con su nacimiento (3 de junio de 1945), ha señalado su familia en el juicio. El 10 sale de sumar todas las cifras de esa fecha y los dígitos del número resultante entre sí, operación habitual entre quienes creen en esta disciplina.