El enorme lío de Tarteso y la Atlántida
El arqueólogo alemán Adolf Schulten, al no encontrar restos de la cultura tartésica, provocó una mayúscula confusión que perdura un siglo después
La cultura tartésica es uno de los temas más apasionantes de la Arqueología mundial. Pero también lo es de la Historia Antigua. Y eso genera un problema descomunal, porque ambas disciplinas no coinciden a la hora de definir qué era exactamente Tarteso. La primera referencia a esta civilización proviene “del siglo XVI, en la Crónica General de España, donde ya se habla de su longevo monarca Argantonio como una muestra de la antigüedad y legitimidad de la monarquía española”. Todo esto lo cuenta en el ameno y educativo artículo Tarteso: pasado, presente y futuro. Esther Rodríguez González, del Instituto de Arqueología (CSIC–Junta de Extremadura) y codirectora del yacimiento tartésico de El Turuñuelo, la joya de la corona de arqueología nacional. [Este texto es un extracto del boletín semanal sobre arqueología de EL PAÍS, ‘Cuatro piedras’. Para recibir la newsletter, puedes apuntarte aquí].
Relata Rodríguez en la revista Complutum que el comienzo del embrollo parte del arqueólogo alemán Adolf Schulten (1870-1960), que, como no pudo encontrar a Tarteso, aseguró que se lo había tragado el mar, por lo que llegó a la conclusión de que Tarteso era la Atlántida de la que hablaba Platón. Asunto arreglao.
Schulten, al que se le atribuye el descubrimiento de Numancia —en realidad fue el español Eduardo Saavedra y Moragas en 1861, pero de eso nadie se acuerda—, ya montó otro lío en la ciudad soriana, del que hablaremos otro día. Admito que este personaje no me cae nada bien: se llevó numerosísimos objetos a Alemania y nunca los devolvió. Solo el Museo de Mainz en Alemania tiene casi 500. En fin...
“La falta de un consenso a nivel científico nos ha colocado al límite de corromper el significado original de Tarteso, hasta convertirlo en un auténtico comodín adaptable a las necesidades de cada uno”, asevera Rodríguez. De todas formas, en las últimas décadas, las investigaciones en torno a esta cultura han avanzado y evolucionado a pasos agigantados, hasta el punto de haber reavivado debates que parecían haber quedado apaciguados.
Esto se debe, en buena medida, a los avances que la arqueología ha experimentado en enclaves como Huelva, cuyo patrimonio vinculado a Tarteso es más que significativo, pero también es consecuencia de la plena incorporación a la geografía de Tarteso de nuevos enclaves y territorios al norte de la provincia onubense. Ahora se sabe que todo el valle medio del Guadiana formaba parte de esta civilización y que los hallazgos realizados en esta zona “son hoy los que mayores novedades están aportando por su excelente estado de conservación”.
Se queja la experta de que Tarteso es foco de “uno de los debates históricos más controvertidos, carente de un consenso dentro de la investigación”. Las preguntas que no han sido resueltas y que provocan la controversia son: ¿Cuáles eran sus límites geográficos y cronológicos? ¿Y cuál era su composición étnica cultural? Dice la autora que el debate es tan intenso “que se ha producido una quiebra del diálogo entre la Arqueología y la Historia Antigua”, las dos fuentes fundamentales para conocer el pasado.
Y para más inri, han aparecido los pseudohistoriadores. Mediante numerosos “títulos y recursos carentes de una base científica, están propiciando la banalización del término Tarteso. Quizás el mejor ejemplo de ello sea la tan popularizada, a la par que infundada, vinculación entre Tarteso y la Atlántida, un mito que no ha dejado de alimentarse desde que Schulten lo creara como consecuencia de su frustración por no encontrar la ciudad de Tarteso”.
Ya dije que el Schulten este no era de fiar. Otro día hablaremos de él, porque era un personaje, con todo, fascinante.
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