IA y democracia en el trabajo
En las manifestaciones del pasado 1 de mayo los sindicatos no limitaron sus reivindicaciones a las cuestiones salariales
En las manifestaciones del pasado 1 de mayo los sindicatos no limitaron sus reivindicaciones a las cuestiones salariales. Conscientes de la complejidad de los desafíos que afrontan los trabajadores, incluyeron en sus demandas otras materias como la vivienda, los suministros básicos y los servicios públicos. Especialmente significativas fueron las referencias a la inteligencia artificial (IA) que está revolucionando el mundo laboral.
El asunto ha sido tratado en un completísimo Informe sobre la democracia en el trabajo, elaborado por una Comisión de Personas Expertas de Alto Nivel sobre la Democracia en el Trabajo. La investigación subraya los verdaderos temores por la implantación de la IA. Más que un desempleo tecnológico generalizado, el temor se centra en que las nuevas tecnologías proporcionen a los empleadores un poder sin precedentes para vigilar, supervisar y disciplinar a los trabajadores.
Inquieta especialmente la llamada gestión algorítmica, que permite la automatización de todas las funciones del empleador, desde la contratación de los trabajadores, la gestión diaria de la empresa a la terminación de la relación laboral.
El informe, encargado por la Vicepresidencia Segunda y el Ministerio de Trabajo y Economía Social, ha contado con la participación de dos eminentes expertos: el profesor del MIT y premio Nobel Daron Acemoglu, y del investigador Valerio De Stefano, profesor de la Universidad de York en Canadá. Ambos coinciden en que el reto de la IA debe afrontarse reforzando la participación de los trabajadores en la empresa.
El profesor De Stefano considera que “los sindicatos son contrapoderes esenciales” para hacer frente a los cambio de la IA. Estima que “la negociación colectiva es vital para controlar y negociar cómo se implementa y utiliza la tecnología en el lugar de trabajo”. A su juicio “la democracia requiere fundamentalmente la voz de los trabajadores en las decisiones del lugar del trabajo”.
El catedrático de Economía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, argumenta que “la IA funciona como una herramienta versátil capaz de apoyar a los trabajadores en lugar de sustituirlos”. En su opinión, “la IA tiene el potencial de mejorar la productividad de los empleados y ampliar las capacidades humanas, siempre que se diseñe y se ponga en práctica pensando en el bienestar de los trabajadores”.
Acemoglu cree que hay que aprender del modelo alemán, “diseñado para facilitar el diálogo continuo entre el trabajo y el capital” y de “los modelos de colaboración de los países nórdicos, que hacen hincapié en la resolución cooperativa de problemas, en lugar de las relaciones conflictivas”.
Dada la velocidad de la implantación de la IA en el mundo laboral, los autores del informe han concluido que “este es uno de los ámbitos de aplicación más urgente del artículo 129.2 de la Constitución Española. El contenido del artículo sorprenderá a más de un lector: “Los poderes públicos promoverán eficazmente las diversas formas de participación en la empresa y fomentarán, mediante una legislación adecuada, las sociedades cooperativas. También establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción”. Los países con empresas más democráticas llevan las de ganar con la IA.