Crisis galopante, pero (aún) no catastrófica
Tras dos meses de guerra en Irán, la economía europea se estanca, sin desplomarse
Entre los augurios catastrofistas y la inquietante realidad, aún hay brecha. La crisis de Irán acaba de cumplir dos meses. Galopa a peor, pero (aún) no es catastrófica. Dependerá mucho de su duración.
“La crisis actual es más grave que las de 1973, 1979 y 2022 juntas”, advertía el 7 de abril el director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol. Y es que la producción de petróleo y gas de la OPEP se desplomó casi un 25% de febrero a marzo, y rozó el -27% en abril (ver gráficos).
Se insinuaba la catástrofe. Las crisis de 1973 (Yom Kippur) y 1979 (ayatolás) m...
Entre los augurios catastrofistas y la inquietante realidad, aún hay brecha. La crisis de Irán acaba de cumplir dos meses. Galopa a peor, pero (aún) no es catastrófica. Dependerá mucho de su duración.
“La crisis actual es más grave que las de 1973, 1979 y 2022 juntas”, advertía el 7 de abril el director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol. Y es que la producción de petróleo y gas de la OPEP se desplomó casi un 25% de febrero a marzo, y rozó el -27% en abril (ver gráficos).
Se insinuaba la catástrofe. Las crisis de 1973 (Yom Kippur) y 1979 (ayatolás) multiplicaron el precio del petróleo por doce, a 1981. El remedio de la austeridad monetaria (tipos de interés de más del 20%) de Paul Volcker en la Fed, y de sus colegas, sajó la inflación, pero segó el crecimiento. Propició la peor recesión desde la guerra mundial. E inauguró una insólita estanflación, estancamiento con inflación.
La Gran Recesión de 2008 saqueó el crecimiento económico. La eurozona creció ese año solo un 0,4%. El último trimestre, tras la quiebra de Lehman Brothers, cayó un 1,6% respecto al anterior.
En sus derivadas crisis del euro y de la deuda soberana desde 2011, la economía se hundió por barrios. El PIB griego cayó un 9,9% del PIB en 2011 sobre el año anterior. El área euro dio negativo en 2012 (-0,79%), 2013 (-0,3%) y 2014 (-1,39%). Un episodio griego aún peor —aunque muy breve— ocurrió en 2017. Pero los efectos restrictivos de la política fiscal austeritaria castigaron durante largo tiempo el gasto social y la inversión pública productiva, solo compensados por la política monetaria expansiva de Mario Draghi.
A la declaración de pandemia (11/3/2020) le siguió un resto de año duro. Como en 2012, 2013 y 2014, pero con el PIB más tocado, a -6,8 puntos (mucho peor, caída del 10,9% en España por la parálisis del turismo), con pico de -11,3% el segundo trimestre (del año y de la misma covid), y una rauda recuperación de 12,2 puntos positivos el cuarto trimestre.
Sin infraestructuras dañadas ni colapsos financieros, la rápida reacción desde mitad de marzo del BCE –tras una duda, el error Lagarde— y de la primera Comisión Von der Leyen, lanzando programas como el SURE y (con fuerte protagonismo español) el Next Generation, salvó el abismo: las dos grandes políticas, fiscal y financiera, remaban en sintonía expansiva, a la inversa del austeritarismo.
Tras un fuerte pero breve repunte en 2021 (PIB al 3,5%), la invasión de Ucrania por Rusia (22/2/2.022) no impidió el previo efecto arrastre en la eurozona, hasta completar el año con un 3,5%. Aunque sus efectos ralentizadores se extendieron a 2023 (crecimiento del 0,5%) y 2024 (0,9%). Territorialmente, el Norte supuestamente frugal empezó a ceder su dinamismo económico al Sur: los de la cohesión y los rescates, los meds o PIGS y ahora estrellas, encabezados por España y sus políticas expansivas.
El primer ejercicio de Donald Trump, 2025, se saldó aún con un PIB de la eurozona recrecido al 1,4%, pues los aranceles asumidos por una genuflexa Von der Leyen (27/7/2025) en el golf escocés del magnate, impactaron lentamente en la desviación de comercio: y de modo preocupante, desde enero-febrero de este año, al desplomarse las exportaciones europeas a EE UU un 27%, también resentidas por la depreciación del euro sobre el dólar (de un 7%).
El ataque a Irán se solapa pues con los efectos duraderos de las crisis ucraniana (volatilidad energética) y arancelaria (menores exportaciones, sesgo al decrecimiento). También los destrozos de instalaciones energéticas (Qatar) o el revés en la navegación por Ormuz exigirán reparación, acomodo. Y tiempo.
La memoria de estos avatares y el pesimismo energético de la AIE contagia a los otros organismos económicos al inicio de los bombardeos en Irán: llaman a no gastar mucho, y por poco plazo, lo que chirría con sus augurios cifrados, más suaves. El FMI rebaja el 14 de abril su previsión de crecimiento mundial solo dos décimas, al 3,1%. Y el de la eurozona, tres décimas, al 1,1%: sin catástrofe a la vista. Pero el dato del primer trimestre es preocupante: un enfriamiento del PIB al 0,1% Eurostat); quizá abril habrá sido peor, pues hay indicios más negativos desde el sector privado. La inflación escaló seis décimas en marzo, al 2,5%, aún moderado. Con España volviendo a liderar el crecimiento económico de los grandes a un ritmo casi doble de la media (2,1%).
Cuatro evidencias surgen de destripar y comparar estas crisis. Una, a mayor duración, mayor gravedad: el suministro empeora, como ocurrió cuando Ucrania. Dos: el precio sube; el del petróleo brent casi se duplica desde enero hasta final de marzo, y luego oscila en torno a los 100 dólares el barril, con un récord momentáneo en 126 (el jueves 30 de abril), y un cierre ese mismo día a 114 (ver gráfico). Tres, las recetas de austeridad extrema suelen dañar el crecimiento, a veces brutalmente.
Y cuatro, la respuesta madrugadora y potente, como en la pandemia, da frutos: España aplicó su programa integral de 5.000 millones (por sólo 1.500 millones de Alemania) desde el 22 de marzo, y ese día ya notó la caída del precio de los carburantes (ver gráfico), mientras el petróleo seguía subiendo.
Veremos ahora qué pasa con el plan de la Comisión Europea propuesto un mes después, el 22 de abril—que replicaba el paquete español en renovables y electrificación—, y al que los 27 líderes exigieron más concreciones y ambición: roles invertidos respecto a lo ocurrido en la primavera de 2020.