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Vuelven los ‘halcones’ de la austeridad

Digan mejor que se aplicarán paliativos o rescates, según la secuencia de la crisis energética se alivie o agrave, que es lo que se acabará haciendo

El comisario europeo de Economía, Valdis Dombrovskis, el 27 de marzo en Bruselas. OLIVIER HOSLET (EFE)

La guerra de Irán daña a la economía. Ignoramos su impacto final, depende de su alcance y duración. Pero proliferan duras estimaciones. Como la de que, de prolongarse, esta crisis energética superaría al conjunto de las de 1973 (Yom Kipur), 1979 (ayatolás) y 2022 (invasión de Ucrania): ...

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La guerra de Irán daña a la economía. Ignoramos su impacto final, depende de su alcance y duración. Pero proliferan duras estimaciones. Como la de que, de prolongarse, esta crisis energética superaría al conjunto de las de 1973 (Yom Kipur), 1979 (ayatolás) y 2022 (invasión de Ucrania): lo advierte la AIE. Y la eurozona bordea la estanflación —estancamiento con inflación—, lo peor de cada casa.

Los gobiernos europeos reaccionaron con tino: subvenciones y deducciones fiscales moduladas y temporales. Pero las instituciones resucitan la música de la austeridad que mata. Desde la Comisión, el halcón Valdis Dombrovskis exige lo que ya hacen los Estados, pero con tono rigorista. Desde el BCE, Christine Largarde, la copiloto de Nicolas Sarkozy, la que en marzo de 2020, al inicio de la covid, tuvo que ser salvada por los draghistas, que la empujaron a un programa de expansión monetaria (llegó a los 1,85 billones en diciembre), amenaza ahora con subir tipos. Y en el FMI, Kristalina Georgieva, entona salmos parecidos.

Material de derribo. Digan mejor que se aplicarán paliativos o rescates, según la secuencia se alivie o agrave, que es lo que se acabará haciendo. Miren cómo en Bruselas ya resucitan el Pacto Verde: porque las renovables son baratas y seguras e imprescindibles, como certifica España. Un dueto de políticas restrictivas, fiscal y monetaria, conllevaría otra Gran Recesión.

La amenaza es menor para España. Luce finanzas públicas saneadas. La deuda llegó en 2017 —último año entero de Mariano Rajoy—, al 101,2% del PIB (recibió un 69,5% de Rodríguez Zapatero en 2011). Luego escaló al pico pandémico (marzo de 2021) hasta el 124,2%, y se ha rebajado al 100,7% en 2025. Una notable corrección de 24 puntos.

También se ha cumplido con holgura el objetivo del déficit fijado para 2025 (el 2,5%). El desbalance fue del 2,18%, siete décimas menos que en 2024 (2,9%). Una reducción de 8.811 millones sobre 2024. Supera las previsiones de los grandes organismos por sexto año consecutivo. Y es el mejor resultado alcanzado desde 2008.

Y sin recortes sociales ni aumentos explícitos de impuestos. Aunque sí implícitos, como la no deflactación del IRPF. Es un efecto clave del aumento ininterrumpido del PIB. En el último trienio (2023-2025) ha multiplicado por 3,25 veces el de la eurozona. Ha dado para políticas y para sanear las cuentas. Pues la prima de riesgo se redujo aquí a 44 puntos básicos, por los 50 a 60 en Francia, y entre 90 y 100 en Italia.

Que eso ocurra con un gobierno de izquierdas, dice cosas. El recelo ante un desbalance por inercia y cierto rigor presupuestario componen síndrome compartido. Es el “santo temor al déficit” estructural, aquel sueño de José de Echegaray, ministro de Hacienda en el sexenio liberal del XIX, y primer premio Nóbel español… de literatura.

Los logros no deben diluir la atención. El margen español supera al de los vecinos, pero no es infinito. Y es sensible al contagio de una eurozona casi varada; donde radican nuestros principales clientes.

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